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jueves, 26 de noviembre de 2015

Orquídeas chilenas, nuevo registro aumenta su número a 72 especies


Se las puede encontrar desde el altiplano hasta Magallanes, e incluso una crece en el archipiélago Juan Fernández. Solo viven en estado silvestre, ya que los esfuerzos por domesticarlas han sido muy limitados.

Cuando se menciona la palabra orquídea se suele pensar en una densa y húmeda selva tropical. Pero la verdad es que las orquídeas también crecen en regiones de clima templado.

Es así como en nuestro territorio viven al menos 72 especies, según lo consigna la segunda edición ampliada de la Guía de Campo de las Orquídeas de Chile, que acaba de ser editada por la Corporación Chilena de la Madera (Corma). “Lo más relevante es que en la versión anterior de 2006 se presentaban 50 especies y ahora aumentamos a 72”, destaca el botánico Diego Alarcón, quien junte a sus colegas Patricio Novoa, Mauricio Cisternas, Erwin Domínguez y Jaime Espejo aportaron sus investigaciones para la publicación.

“Muchas especies todavía no han sido clasificadas en categorías de riesgo, pero lo más probable es que deban consignarse como vulnerables o en peligro de extinción”, dice Alarcón. Son poco conocidas y además su hábitat coincide con zonas sujetas a cambios muy rápidos, especialmente de uso de suelo, en la zona entre Valparaíso y Biobío.

A ello se suma que ha sido muy difícil domesticarlas y que si bien ha habido algunos intentos con la Chloraea crispa, los resultados han sido limitados. Por ello, para verlas hay que salir de las ciudades aunque no muy lejos, en algunos casos. Es así como en Santiago se las puede ver en la parte alta del cerro Manquehue o en los cerros de Caleu, mientras que en la V Región es posible observarlas en la parte alta de Valparaíso y Viña del Mar.

Justamente en esta zona es donde más se ha producido reducción de su hábitat, reconoce Patricio Novoa otro de los autores, quien es investigador del Jardín Botánico Nacional.

De hecho, cuenta, hay descripciones antiguas de que la Chloraea gavilu era abundante entre los cerros Los Placeres y Barón, pero esa zona hoy está completamente urbanizada.

Tampoco crecen en todas partes.

Normalmente prefieren las laderas expuestas al sol que miran hacia la costa o hacia el sur. “Sospechamos que muchas dependen de la presencia de un hongo con el que entran en una estrecha relación”, dice Novoa.

Con coloridos que van desde el blanco al rojo, pasando por el amarillo y el verde, se las puede encontrar desde el altiplano hasta Magallanes salvo en la Región de Atacama. Es así como a orillas del lago Cotacotani, en la Región de Arica y Parinacota, vive la Myrosmod. Es nervosa, que está entre las únicas orquídeas que crecen a más de 4 mil metros de altura.

Otra exclusividad es la Gavilea insularis, que solo crece en la isla Alejandro Selkirk, en el archipiélago Juan Fernández.


Pero la que se lleva todos los títulos de rareza es la Bipinnula taltalensis, que florece gracias a la camanchaca de Paposo, cerca de Taltal. Solo ha sido vista en dos ocasiones, en 1951 y 1990. Novoa es optimista: “La próxima semana voy a Antofagasta a hacer unas charlas y aprovecharé para hacer una pequeña expedición a ver si la encontramos”.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Los perros (y gatos) asilvestrados siguen amenazando la fauna nativa

Un pudú fue rescatado ayer en el sector de Los Copihues, a orillas del río Itata en la comuna de Trehuaco, región del Biobio, Chile.

Se trata de un ejemplar hembra que fue visto por vecinos quienes alertaron a funcionarios municipales de la presencia del animal, que era perseguido por perros al momento de su hallazgo.

“Estaba agitado, tenía algunas lesiones en la nariz y su cuerpo, pero afortunadamente no lograron alcanzarlo los perros. Hicimos un examen clínico, estaba bajo mucho estrés, por lo que fue ingresado a un recinto cerrado”, comentó el médico veterinario del municipio, Armando Aranela.

El ejemplar luego fue trasladado hasta la Universidad de Concepción, donde será examinado y trasladado finalmente a su hábitat natural.

El Pudú (Pudu puda) es una especie nativa que se encuentra en peligro de extinción y protegida.

jueves, 29 de octubre de 2015

Análisis genético confirma que algunos nativos americanos descienden de personas que cruzaron por el estrecho de Bering

Restos de dos bebés enterrados hace 11.500 años en Alaska demuestran que al menos un grupo de los nativos americanos se formaron a partir de poblaciones provenientes de Asia.

Científicos de la Universidad de Utah, en Estados Unidos, lograron descifrar el material genético de los restos encontrados de una madre y dos bebes que estaban enterrados juntos en un sitio de Alaska desde hace 11.500 años (NdE: Esta hipótesis deja sin respuesta la datación del sitio de Monte Verde al sur de Chile, con entre 33 mil y 14 mil años).

Cada bebé tenía una madre distinta y pertenecen a linajes genéticos diferentes, lo que demuestra que los nativos americanos descienden de personas que cruzaron el puente de tierra de Bering y que después se establecieron en el norte y sur de América.

Según el estudio publicado en la revista de las Actas de la Academia Nacional de Ciencia, los bebés fueron encontrados en el centro de Alaska, en una zona conocida como Upward Sun River. Uno de los pequeños tenía entre 6 y 12 semanas de edad; mientras que el otro, era un bebé prematuro que no alcanzo a nacer.

Esta evidencia, desmiente la creencia que postula la existencia de habitantes americanos antes de la llegada poblaciones humanas desde Asia o que los americanos descienden de poblaciones llegadas desde Europa. Ted Goebel, arqueólogo de la Universidad Texas, que también participó en el estudio, dijo que "no importa lo fuerte que sea la evidencia, la gente continuará creyendo lo que quiera".

Lo cierto es que los bebés encontrados tienen genes que están relacionados con el nativo americano del norte y del sur del continente.

De acuerdo a los estudios genéticos y antropológicos realizados, la población asiática que llegaron por Bering permaneció un tiempo aislado viviendo en la zona de Alaska antes de comenzar a colonizar el resto del continente. Ese fue un tiempo suficientemente largo para desarrollar un linaje distinto, el linaje americano.

La teoría sugiere que quienes emigraron de Siberia, lo hicieron hace 20.000 o 30.000 años, durante la última Edad de Hielo. Se quedaron allí al menos unos 10.000 años y hace 15.000, comenzaron a desplazarse hacia el norte y el sur.

"Estos niños son los primeros restos humanos en el norte de América del Norte, y llevan linajes claramente nativos americanos", dice Dennis O'Rourke, autor principal del estudio e investigador de la U. de Utah.

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