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jueves, 18 de junio de 2015

¡Ha llegado carta! - Down House. Viernes 18 de junio de 1858


Lo mismo que las obras de Shakespeare, el descubrimiento de la estructura en doble hélice del ADN y la proposición de la teoría de la evolución, no se han librado de protagonizar largos debates sobre su autoría. De Shakespeare algunos debaten si no sirvió de pantalla de otro contemporáneo, como Francis Bacon, a quien suponen más ilustrado. De James Watson y Francis Crick, que recibieron el Nobel por descubrir la estructura del ADN, se sabe que utilizaron sin permiso los datos obtenidos por Rosalind Franklin. A Charles Darwin se le acusa de retrasar deliberadamente la publicación de un escrito de Alfred Russel Wallace proponiendo exactamente lo que Darwin tenía esbozado sobre el origen de las especies y el papel que en ella tiene la selección natural, lo que en términos populares conocemos como “la evolución”. Se discutía si Darwin había ocultado durante un par de semanas el escrito que Wallace le envió desde las Molucas en la primavera boreal de 1858.

Expulsando una pitón del techo de la cabaña. Wallace, un científico que si viviera hoy estaría posiblemente entre el grupo de los indignados, redactó en la jungla de las islas de las especias un texto, de una extensión menos de diez veces la de este artículo, describiendo todo lo que se necesitaba para exponer lo que ahora llamamos teoría de la evolución.

Los acusadores de Darwin imaginaban que durante esos días habría perfilado su propio manuscrito usando las ideas remitidas por Wallace. De lo que no cabe duda es de que el 1 de julio de 1858 se presentó un resumen, tanto del manuscrito de Darwin como de la carta de Wallace en la reunión de la Sociedad Linneana de Londres. La polémica se centra en determinar si el correo de Wallace le llegó a Darwin el 3 o el 18 de junio. Lo difícil del caso es que no se conserva el original del correo de Wallace por lo que no parece que se pueda decidir la controversia de una manera sencilla.

Correspondencia del siglo XIX. Un sobre que viajó de Galle (Sri Lanka) a Suez (Egipto) en el vapor Némesis cinco meses antes que la carta de Wallace.

Quienes han propuesto que la carta llegó el 3 de junio se apoyan en que Wallace dijo haber enviado la carta a Darwin junto con otra que se ha conservado dirigida a su amigo, Frederick Bates hermano del naturalista Henry Walter Bates, quien la recibió en la ciudad de Leicester, como atestiguan los matasellos, el 3 de junio tras haber pasado ese mismo día por Londres. Esta carta a Bates tuvo que partir de las Molucas en el vapor del 9 de marzo. En aquellos tiempos los periódicos de las ciudades portuarias registraban las llegadas y partidas de los vapores por lo que al menos es posible precisar las fechas en las que partía el correo.

El vapor Pekín capeando un tifón. En este navío de la compañía P&O pudo viajar la carta de Wallace en el tramo desde Singapur hasta Galle (Sri Lanka) del 1 al 14 de mayo.

Se publicó en 2011 ahora otra interpretación, que vindicaría la integridad de Darwin, al menos en cuanto a la comunicación de la recepción de la carta, y que se basa en la hipótesis de que Wallace no pudo remitir las dos cartas a la vez, sino que la dirigida a Darwin se habría enviado el 5 de abril, casi un mes más tarde que la de Bates. En tal caso los autores de esta nueva interpretación nos aseguran que se podría trazar todo el recorrido de la carta desde su salida del puerto de Ternate ese 5 de abril hasta su llegada a Londres el 18 de junio.

El largo viaje del correo en el siglo XIX. El trayecto del correo entre Indonesia e Inglaterra seguía las rutas establecidas por el comercio con Europa. Las fechas indican en qué momento pasaba la carta de Wallace desde Ternate a Down House según la interpretación que exculpa a Darwin.

En su viaje habría navegado pasando Yakarta, Singapur, Galle (en Sri Lanka), y Suez. Desde Suez sería transportada por vía terrestre y fluvial a Alejandría - el Canal de Suez  no se abrió a la navegación hasta el 17 de noviembre de 1869. Pasando por Malta y Gibraltar llegaría a Southampton el 15 de junio y de allí tardaría otros dos días para recorren en ferrocarril el camino hasta Londres, llegando a Down House, el hogar de Darwin en el condado de Kent, el viernes 18.

De Suez al Nilo. Para atravesar el desierto se transportaba el correo en camellos, desde allí se proseguía el viaje en bote por el Nilo hasta Alejandría.

Asegurar, como sostienen los autores de la reivindicación de Darwin, que Wallace no pudo enviar las dos cartas al tiempo es algo más complejo. Según ellos Wallace mencionaba en su carta que a Charles Lyell le había gustado un artículo suyo de 1855. Y la opinión de Lyell, un influyente geólogo escocés amigo de Darwin, solo pudo leerla Wallace en la carta que Darwin le escribió el 22 de diciembre de 1857. Haciendo otra labor de rastreo de esta nueva carta se deduce que la fecha más probable en la que pudo recibirla Wallace hubiera sido a principios de marzo, exactamente el mismo día 9. Dejaría este calendario muy poco tiempo para que Wallace la hubiera contestado, exactamente una hora, el tiempo que estuvo atracado el barco que llevaba el correo. Todo queda pues sujeto a lo que pudo hacer Wallace en esos sesenta minutos, algo difícil de probar, sobre todo en ausencia del original de su carta.

Llegada a Down House. El destino de la carta, una residencia de la clase acomodada inglesa, fue el hogar de Darwin desde 1842 hasta su muerte en 1882. En ella escribió su obra “El origen de las especies” que en la edición conmemorativa del 150 centenario ocupa 576 páginas.



REFERENCIA:


sábado, 19 de abril de 2014

19 de Abril de 1882, Down House, Kent, Inglaterra.

Hasta ahora, no se conoce con exactitud la enfermedad que padeció Darwin durante gran parte de su vida y que lo llevaría a la muerte, un día como hoy. Es hasta tal punto misteriosa ésta enfermedad que se conoce como “Enfermedad de Darwin” y que es una combinación de síntomas, entre los destaca la fatiga extrema, las palpitaciones, el dolor de pecho y los problemas estomacales.



Esta extraña enfermedad, que ha sido causa de estudio y controversia durante décadas por parte de médicos y biógrafos, dejaba a Darwin seriamente debilitado durante largos períodos, incapacitándole para una vida normal y para la producción intelectual, llegando al extremo de postrarle en la cama frecuentemente. El mismo Darwin afirmó:

“Constant attacks....makes life an intolerable bother and stops all work”

“Los constantes ataques... hacen de la vida una molestia constante y paralizan todo el trabajo”

Darwin consultó a más de 20 médicos, pero la medicina de su tiempo no logró diagnosticar claramente la causa de su enfermedad. Parece que probó todos los tratamientos disponibles, pero con escaso éxito.

La ciencia médica ha tratado varias veces para determinar la etiología, y se hicieron muchas hipótesis, tales como:

Envenenamiento por arsénico, El síndrome de Asperger, Síndrome de Fatiga Crónica, La enfermedad de Crohn, síndrome del vómito cíclico, Hipocondría, Intolerancia a la lactosa, El lupus eritematoso, La enfermedad de Ménière, La migraña .

Y en menor probabilidad: hemorragia cerebral espontánea con insomnio, Múltiples alergias, Trastorno de pánico, Trastorno obsesivo-compulsivo, Psicosomática la enfermedad.

Últimamente se ha manejado la teoría de que la enfermedad que aquejaba a Darwin era el “Mal de Chagas” (http://www.larepublica.pe/16-11-2009/el-mal-de-chagas-seria-la-causa-de-la-muerte-de-darwin).

La descripción más dolorosamente detallada y quizá más exacta de los últimos días de Darwin está en la biografía de Desmond y Moore:

El dolor comenzó de antes de la medianoche. Fue brutal, agarrándole viciosamente, apretando cada minuto. Se despertó Emma y le rogó que buscar el amyl del estudio. Ella se lanzó a buscar la medicina desde el dormitorio y hubo mucha confusión, por último llamó a Bessy. Se tomó unos minutos para encontrar las cápsulas. Charles, en la agonía, sintió que se estaba muriendo, pero fue incapaz de gritar. Como se desplomó inconsciente sobre la cama, Emma y Bessy regresaron. Llamaron a un criado y lo levantaron. Le dieron brandy. Se corría a través de su barba y por la camisa de dormir hasta la colcha. En la lucha, lo obligaron a inclinar su cabeza hacia atrás y le hicieron beber. Emma estaba angustiada, pensando que era el final.

Segundos más tarde, farfulló algo y vomitó, y sus ojos parpadearon. Ella se apretó contra él, buscando en su rostro alguna señal de reconocimiento. "Mi amor, mi amor precioso", le susurró, apenas audible. "Dile a todos mis hijos que recuerdo lo buenos que han sido siempre para mí"; Se atragantó e hizo una mueca. Emma le cogió la mano con fuerza, era tan horrible, las palabras le fallaban. Empezó de nuevo, plenamente consciente ahora, mirándola a los ojos, "No tengo en lo más mínimo miedo a morir." Se calmó.

Ella llamó al Dr. Allfrey, que llegó a las dos. Le aplicó cataplasmas de mostaza en el pecho de Charles, que le dio un poco de alivio. Justo después de las siete, los sirvientes trajeron el desayuno y se las arregló para tomar unos bocados antes de dormirse. Allfrey, encontró su pulso más fuerte, se pensó que estaba recuperando la conciencia. El médico salió a las ocho.

Inmediatamente Charles empezó a vomitar. Era un vomito violento y prolongado. Cuando ya no quedaba nada, seguían las ondas de la náusea, dominándolo. Su cuerpo se estremeció y se agitó como si estuviera poseído por una fuerza externa. Pasó una hora, luego dos. No obstante que le amordazaron continuó vomitando. "Si pudiera, pero me muero", exclamó en repetidas ocasiones, “si pudiera, pero muero”. Emma se aferró a él, temblando por otro espasmo que comenzaba. Estaba frío y húmedo; su piel gris y fantasmal. La sangre vomitada, corría por su barba. Ella nunca lo había visto sufrir tanto.

Frank volvió de Londres antes de las diez. Bessy envió a Jackson por Henrietta, que llegaron juntos. Corrió escaleras arriba para encontrar a su padre durmiendo y Emma a punto de quebrarse, tratando de consolar a Frank. Henrietta insistió en que ella tomase una píldora de opio para descansar, cosa que hizo sin rechistar. Había dormido menos de dos horas en las ultimas veinticuatro.

Carlos se despertó en un sueño, y pidió que lo levantasen. Reconoció a sus niños y los abrazó con lágrimas. Frank le dio una cucharada de sopa y brandy, mientras que Henrietta frotarba ligeramente su pecho. A continuación, le regresaron las náuseas una vez más convulsionando. “Oh, Dios mío” exclamó sin poder hacer nada, "¡Oh Señor Dios!" y se desmayó. Henrietta le dio sales de olor, que olfateó con avidez, pero volvió a caer exhausto. "¿Dónde está mami?" llamó él con una voz delgada y hueca. Ellos dijeron que ella estaba descansando. "Me alegro de ello", suspiró. 'Ustedes dos queridos son las mejores enfermeras. Le Dio sueño. Eso los confundió, y pensaron que se estaba agonizando, y con un movimiento débil y tembloroso extendió sus manos para ser levantado. Frank le levantó, pero tuvo mucho dolor. Pidió un poco de whisky, recordando que el Dr. Allfrey se lo había sugerido.

El tiempo se detuvo para Henrietta. Frank, tomaba el pulso de su padre a intervalos, y sabía que la hora estaba cerca. A los veinte y cinco minutos después de las tres, mientras estaba sentado, se Charles se quejó con frases ininteligibles “Me siento como si me sh.. d débil”. Llamó a Emma, quien llegó de inmediato. Su rostro estaba decaído, pero después de unas cuantas cucharaditas de whisky revivió un poco, y ella lo ayudó a acostarse. Pero el dolor era insoportable en cualquier posición. El dolor aumentó, y se desmayó otra vez. Sonó el timbre, eran los médicos. Henrietta corrió escaleras abajo a su encuentro mientras Charles abrazaba a Emma. Frank gritó para que viniesen al instante.

Perdió el conocimiento. Ellos vieron que no había esperanzas ya. Solo tenía una respiración profunda estentórea que precede a la muerte. Emma acunó su cabeza sobre su pecho, balanceándose con suavidad, con los ojos cerrados.

Su vida terminó a las cuatro de la tarde del miércoles 19 de abril de 1882.


Sus últimas frases fueron para su familia, diciéndole a su mujer Emma:

"No tengo miedo de la muerte. Recuerda qué buena esposa has sido para mí. Dile a mis hijos que recuerden lo buenos que han sido todos conmigo."
"Casi ha merecido la pena estar enfermo para recibir vuestros cuidados"