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sábado, 21 de mayo de 2016

Mary Anning (Lyme Regis, 21 de mayo de 1799 – 9 de marzo de 1847)



Fue una paleontóloga, coleccionista y comerciante de fósiles inglesa, conocida en todo el mundo por los numerosos hallazgos de importancia que realizó en los lechos marinos del período Jurásico en Lyme Regis, donde vivía.1 Su trabajo contribuyó a que se dieran cambios fundamentales a principios del siglo XIX en la manera de entender la vida prehistórica y la historia de la Tierra.

Sus hallazgos más destacados son el primer esqueleto de ictiosauro en ser identificado correctamente, los primeros dos esqueletos de plesiosauros en ser encontrados, el primer esqueleto de pterosaurio encontrado fuera de Alemania y algunos fósiles de peces importantes. Sus observaciones tuvieron un papel importante en el descubrimiento de que los fósiles de belemnites contienen sacos de tinta fosilizada y de que los coprolitos, conocidos como piedras bezoar en esa época, son heces fosilizadas. Cuando el geólogo Henry De la Beche pintó Duria Antiquior, la primera escena sobre el tiempo profundo que tuvo una difusión elevada, se basó en su mayoría en los fósiles que Anning había encontrado y vendió copias en su beneficio. Su obra fue fundamental en los cambios que ocurrieron a principios del siglo XIX en las ideas científicas sobre la vida prehistórica y la historia de la Tierra.



El sexo y la clase social de Anning (sus padres eran disidentes [protestantes no anglicanos] de clase baja) fueron razones por las que no pudo participar completamente en la comunidad científica británica de principios de siglo XIX, dominada por caballeros ricos anglicanos, y de que no fuera citada en absoluto en sus contribuciones. Aunque llegó a ser conocida en los círculos de geólogos de Gran Bretaña, Europa y América, tuvo dificultades financieras durante la mayor parte de su vida.

Vale la pena leer el libro “Las huellas de la vida”, para conocer mas de la vida de esta maravillosa mujer.



martes, 24 de noviembre de 2015

El Cuento del Antepasado

Este gif, parece estar inspirado en el libro de Richard Dawkins, “El cuento del antepasado”



Wallace y Darwin: un pacto por la Evolución

El aniversario de la teoría de la evolución suele celebrarse el 24 de noviembre, día en el que Darwin publicó su libro “El origen de las especies” (1859). Sin embargo, esta visión de la historia obvia una fecha aún más importante para entender cómo se gestó la teoría de la evolución. El 1 de julio de 1858, en la Sociedad Linneana de Londres se presentó un resumen de una teoría de la selección natural; sus autores eran Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, y con ella explicaban la evolución de las especies. Ese día nacieron la biología y el evolucionismo modernos.

La evolución no fue una ocurrencia genial y solitaria de Darwin. La idea llevaba casi un siglo flotando en el ambiente científico. Linneo, Lamark, Erasmus Darwin (abuelo de Charles) y otros grandes científicos habían teorizado acerca de lo que por entonces se llamaba transmutación de las especies. Pero la sociedad victoriana rechazaba esa y otras ideas revolucionarias, que sugerían explicaciones no teológicas para la disposición de los continentes, la naturaleza del intelecto humano o los orígenes mismos de la vida.

Retrato de Charles Darwin (alrededor de 1859). Crédito: Maull and Fox

A la conclusión de su célebre viaje en el Beagle, en octubre de 1836, el joven Charles Darwin (1809-1882) fue acogido por esa élite científica victoriana. Por aquel entonces ya tenía bastante clara su teoría de la evolución, y sabía las ampollas que levantaría. Ese temor fue una de las claves que retrasó la publicación de la teoría. Tuvieron que pasar más de 20 años hasta que en junio de 1858, un Darwin ya en la madurez recibió una carta de Alfred Russel Wallace (1823-1913). Aquel joven, que estaba en medio de una expedición naturalista en el archipiélago malayo, había llegado de manera independiente a la misma conclusión: la selección natural como mecanismo que determina la adaptación y especiación de los seres vivos, al margen de la influencia divina. Un Wallace, humilde y casi ingenuo escribió a Darwin entonces para que le diera su opinión y, si lo veía pertinente, enviara el resumen de sus ideas al eminente geólogo Charles Lyell.

Darwin, hasta entonces reticente a publicar su teoría, se decidió a hacerlo. Así, él y su círculo de científicos allegados organizaron un documento conjunto para ser leído en la siguiente reunión de la Sociedad Linneana, aunque ninguno de los dos pudo asistir. Wallace estaba todavía en Malasia y Darwin estaba de luto, por la muerte de su hijo de 19 meses de edad tan solo tres días antes.}

Retrato de Alfred Russel Wallace (alrededor de 1863). Crédito: National Portrait Gallery

Aquél día marca un antes y un después en la historia de la biología. Pero el artículo conjunto de Darwin y Wallace no causó una sensación inmediata. El propio Wallace se enteró de ello mucho después, cuando “El origen de las especies” ya había sido publicado y se había desatado el esperado escándalo. Pero lejos de considerar que el más famoso y veterano naturalista se había apropiado de su idea, Wallace fue uno de los grandes defensores de las ideas de Darwin. Tanto es así que en los años 1930, cuando resurgieron las ideas de la evolución con la fuerza que hoy poseen, “Darwinismo” (1889) escrito por el propio Wallace era la versión más reciente y completa escrita sobre el evolucionismo y el título de referencia.

Las circunstancias de la época y la idiosincrasia personal de cada uno hicieron que Darwin pasara a la historia por la puerta grande y que, en cambio, el nombre de Alfred Russel Wallace no figure en los libros de primaria, ni en placas en calles, parques y plazas. No, por lo menos, hasta el día de hoy.

Es archiconocido cómo Charles Darwin intuyó la idea de la selección natural tras examinar las diferentes especies de pinzones de las islas Galápagos, recogidos en una escala del viaje del Beagle. Reivindicamos aquí a Wallace, contando cómo llegó por su cuenta a la misma idea:

Con la excusa de la recolección de especímenes para los coleccionistas de Inglaterra, Wallace pasó 8 años en lo que sería uno de los mayores viajes de descubrimiento del siglo XIX. Primero dio cuenta de las extrañas subespecies de origen asiático de las islas más occidentales del archipiélago malayo; luego, de su ausencia en las islas orientales, donde sin embargo aparecen extrañas especies de origen australiano. Intuyó así dos familias de animales pertenecientes a dos continentes bien diferenciados separados por fosas marinas (la llamada línea de Wallace) que, de hecho estuvieron en su día unidos a lo que ahora son cientos de islas aisladas. Intuyó también que este aislamiento había diferenciado a las especies. Y además, ante la inmensa cantidad de estas catalogadas, observó una continuidad entre todas ellas, un parentesco. Dedujo así no solo una teoría de la evolución, sino los mecanismos y efectos que la rigen y, lo que es más, la enmarcó dentro de una nueva manera de entender la geografía: Wallace es el padre de la biogeografía. Y eso nadie se lo disputa.

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Las curiosas ilustraciones que decoran el manuscrito de El Origen de las Especies

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Un pez con paraguas haciendo un “photobom” - Foto: Cortesía del Museo de Historia Natural de Nueva York y la Universidad de Cambridge

Un pez con paraguas y soldados montados sobre zanahorias y berenjenas son algunos de los dibujos que los hijos de Darwin pintaron en las páginas de “El origen de las especies”. El Museo de Historia Natural de Nueva York ha digitalizado estos curiosos garabatos incluidos entre las 45 hojas que se conservan del manuscrito original de la obra.

“Las hadas de la montaña” cuenta la historia de Polytax y Short Shanks, dos criaturas fantásticas que responden a la denominación del título. Ambas han perdido sus alas porque otra de su misma clase, pero de carácter malvado, se las ha cortado, y viajan de la luna al sol a través de un rayo de luz.

En la estrella, los dos personajes se encuentran con diferentes animales y plantas que se han adaptado a su entorno con peculiares características: “Los árboles no tienen hojas porque hace demasiado calor. Los pájaros tienen pelo en vez de plumas. Las flores tienen plumas en vez de pétalos y dentro de sus flores había pequeñas caras sonrientes”. Así describe uno de los hijos de Charles Darwin el escenario salido de su imaginación.

La historia no forma parte de un libro de relatos infantiles, sino que se incluye entre las hojas del manuscrito original de “El origen de las especies” (1859), la obra más conocida del científico inglés.

Cortesía del Museo de Historia Natural de Nueva York y la Universidad de Cambridge

Gran parte de este y otros trabajos que Darwin elaboró entre 1835 y 1882 (el tiempo que tardó en dilucidar su teoría de la evolución) están disponibles en formato digital en la web del Proyecto de los Manuscritos de Darwin.

La iniciativa, lanzada a finales del año pasado, es un esfuerzo conjunto del Museo de Historia Natural de Nueva York y la Universidad de Cambridge, en cuya biblioteca se encuentran los documentos en papel. Actualmente, la colección digital cuenta con 96.000 páginas, de las 600 que engloban “Sobre el origen de las especies” en su versión original, solo se conservan 45.

Además del primer garabato darwiniano del árbol de la vida, el manuscrito alberga en el reverso de algunas de sus hojas otros bocetos únicos: los de sus hijos. Junto con ellos, en esta especie de “cara B” infantil se encuentran también historias fantásticas como la que da comienzo al artículo y que suman un total de 111 imágenes y notas diseminadas entre los apuntes.

Cortesía del Museo de Historia Natural de Nueva York y la Universidad de Cambridge

Las pinturas y cuentos corresponden a principios de la década de 1840. En 1842, seis años después de volver de su viaje a bordo del HMS Beagle, Darwin se mudaba con su esposa Emma y sus dos retoños a una casa (conocida como Down House) en la campiña inglesa.

Allí, el naturalista terminó el libro que ha marcado un antes y un después en la biología: “El origen de las especies mediante la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha de la vida”, como reza el título original. En su nuevo hogar tuvieron también al resto de su descendencia: Emma dio a luz a diez hijos en total, aunque solo siete llegaron a la edad adulta.

Por aquel entonces, el papel no era un bien tan accesible como ahora, así que una vez enviada una copia del manuscrito a su editor, Darwin convirtió las páginas originales en hojas “en sucio” donde los pequeños podían pintar a sus anchas.

Cortesía del Museo de Historia Natural de Nueva York y la Universidad de Cambridge

En la sección dedicada a “La batalla entre frutas y verduras” se incluyen representaciones de soldados a pie o cabalgando sobre zanahorias y berenjenas. También trazaban y coloreaban la silueta de pájaros y mariposas y simpáticos peces con paraguas.

Los dibujos están hechos con lápices, tinta y acuarelas y representan mundos reales y ficticios, muchas veces relacionados con el trabajo de su padre. No en vano Darwin les permitía participar en sus investigaciones, recolectando para él insectos y plantas.

No se sabe con certeza cuáles de sus hijos fueron los artistas, pero al menos tres de ellos firman algunas de las obras: Francis, que se convirtió posteriormente en botánico, George, futuro matemático y astrónomo, y Horacio, que llegó a ser ingeniero. Un legado pictórico, reflejo de la cara más humana y familiar de Darwin, que también merece la pena conservar.

martes, 3 de noviembre de 2015

Evolución -Estudio concluye que la “'selección de fecundidad”, debe ser reformulada

Un concepto clave en la teoría de la evolución de Darwin, que sugiere que la naturaleza favorece hembras más grandes que pueden producir un mayor número de crías, debe ser redefinido.

Un estudio publicado en la revista científica Biological Reviews concluye que la teoría de la 'selección de fecundidad' -uno de los tres principales principios evolucionistas de Charles Darwin, también conocido como 'selección de la fertilidad'- debe ser redefinido de manera que ya no se apoya en la idea de que las hembras más fértiles tienen más éxito en términos evolutivos.

La investigación pone de relieve que demasiadas crías pueden tener consecuencias graves para la madre y el éxito de sus descendientes, y que los machos también pueden afectar al éxito evolutivo de una cría.

La teoría de la selección de fecundidad de Darwin se postuló en 1874 y, junto con los principios de la selección natural y la selección sexual, sigue siendo un componente fundamental de la teoría evolutiva moderna. En ella se describe el proceso de éxito reproductivo entre los organismos, que se define por el número de crías que alcanzan la edad de reproducción con éxtio.

Después de años de investigación, un biólogo evolutivo de la Universidad de Lincoln, Reino Unido, ha propuesto una versión revisada de la teoría de la selección de fecundidad, que recomienda una definición actualizada, ajustando sus predicciones tradicionales e incorporando importantes novedades en términos biológicos.

La investigación indica que en lugar de ayudar a la supervivencia, demasiada descendencia puede ser extremadamente costosa, y de hecho puede reducir la vida útil de éxito reproductivo de las hembras. Se destaca que en muchas especies, las madres que producen menos crías tienden procrearlas de manera más eficiente, y que en algunos casos los padres pueden tomar la iniciativa en la consolidación de jóvenes por la evolución del 'embarazo masculino ".

El estudio también concluye que la naturaleza favorecerá todos los rasgos físicos que influyen en la fertilidad "óptima" en uno u otro sexo, y que el clima y la disponibilidad de alimentos también influye en la evolución de los procesos reproductivos - factores que Darwin pasó por alto en un principio.

La investigación, dirigida por Daniel Pincheira-Donoso, revela que fenómenos como el cambio climático, por tanto, podrían desempeñar un papel importante en la fertilidad de las especies de todo el mundo.

Fuente



jueves, 23 de julio de 2015

Primer análisis detallado y exhaustivo sobre el hueso del oído de los cinodontes del Triásico

Durante mucho tiempo se ha creído que el hueso del oído llamado estribo, uno de los huesos más pequeños en los ancestros de los mamíferos, no muestra diferencias entre las especies.

Ahora, el doctor Leandro Gaetano y el profesor Fernando Abdala, del Instituto de Estudios Evolutivos de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, han completado el primer análisis detallado y exhaustivo sobre el hueso del oído de los cinodontes del Triásico, y han encontrado algunas variaciones notables en la morfología de este hueso, incluso entre animales de la misma especie.

"Nadie ha prestado realmente atención a este pequeño hueso antes. Al estudiar este hueso del oído de cinodontes del Triásico (los precursores de los mamíferos, incluidos los humanos), empezamos a ver esas diferencias en los dos últimos años", dice Gaetano. Los resultados de este estudio, que es sólo la primera parte de un proyecto de investigación mayor, se publican este miércoles en la revista Plos One.


El único hueso del oído en los antepasados de los mamíferos, el estribo, se ha registrado en muchos cinodontes del Triásico (entre hace 220-250 millones de años). El estribo es un hueso rectangular con un agujero en el centro rodeado de columnas anteriores y posteriores de hueso. Es el único hueso del oído medio y permite la transmisión de las ondas de sonido desde el tímpano al oído interno.

"Pocas contribuciones estudiaron el estribo en cinodontes y se ha considerado históricamente como un elemento conservador que no muestra diferencias entre las especies. Sorprendentemente, hemos descubierto que hay variaciones notables en la morfología de este hueso, incluso dentro de los representantes de la misma especie", afirma Gaetano.

Uno de los principales problemas sin resolver en cuanto al oído del cinodonte tiene que ver con la posición y características del tímpano, para lo cual se han propuesto tres teorías principales que compiten. "El estribo del cinodonte sugiere que las ondas de sonido en estos animales se transmiten al oído interno desde un tímpano en la parte posterior de la mandíbula inferior a través del estribo y los huesos quadrate", dice Abdala.

Este experto añade que sus investigaciones están en curso, por lo que no se sabe todavía si las diferencias también implican distintas capacidades auditivas, por lo que su investigación más profunda se centrará en cómo estos huesos cambian desde el animal más joven hasta el más antiguo de una especie.



La contribución de Gaetano y Abdala proporciona una mejor comprensión del sistema auditivo en los cinodontes y su evolución, destacando la variabilidad de la anatomía ósea del oído medio. Esos científicos están estudiando actualmente el cambio en este hueso durante el crecimiento de un cinodonte sudafricano del Triásico.

Referencia



lunes, 20 de julio de 2015

Estudio de la USACH, refuta la hipótesis sobre la colonización de especies invasoras, planteada por Charles Darwin

Fuente: Fuente: USACH/DICYT

En 1859 Charles Darwin publicó El origen de las especies, donde señaló que una especie invasora que exhibe un alto grado de parentesco evolutivo (relación filogenética) con la comunidad que invade, tendría escasas posibilidades de establecerse, pues la “lucha por la existencia” sería más intensa entre especies emparentadas. No obstante, experimentos actuales del investigador de la Facultad de Química y Biología y del Cedenna, el doctor Sergio A. Castro, en Chile, concluyeron algo diferente.

“Mucha gente ha aceptado, por la posición que alcanzó Darwin en la ciencia, sus hipótesis como hechos incontrovertibles. Sin embargo, muchas de ellas descansan sobre mecanismos no evaluados. Esto es una situación que se da en el desarrollo de las ciencias, ya que usualmente aparecen las observaciones, las que son puestas a prueba posteriormente”, señala el investigador del Laboratorio de Ecología y Biodiversidad de la Universidad de Santiago (USACH), Sergio A. Castro.

Doctor Sergio A. Castro, responsable de la investigación. (Foto: USACH)

Para poner a prueba la hipótesis de Darwin, junto al equipo de investigación que dirige, desarrolló un proyecto Fondecyt que dio origen a la publicación Evaluación de Hipótesis de Naturalización de Darwin en experimento de un conjunto de plantas: Las relaciones filogenéticas no determinan colonización éxito. Este artículo apareció en la prestigiosa revista Plos One, actualmente la revista científica más grande del mundo y con un alto factor de impacto (Q1) en relación a sus citaciones.

“A un territorio se pueden introducir diversas especies y varias pueden terminar por establecerse poblacionalmente como si fueran nativas; es decir, con independencia de la acción humana. Esto es lo que se considera una especie naturalizada. En nuestro experimento observamos la colonización de una planta sobre distintas comunidades vegetales, estas últimas con diferentes niveles de parentesco en relación a la invasora. Si Darwin tenía razón, se hubiese registrado una tendencia de establecimiento de la invasora dependiendo del parentesco evolutivo. Sin embargo, luego de tres años, evaluamos los resultados y no apoyaron la hipótesis de Darwin”, relata el académico.

El experimento se desarrolló en la localidad de Batuco y se seleccionaron 15 especies. Una de estas fue la lechuga silvestre (Lactuca), la que fue escogida como especie colonizadora o invasora y entre las 14 restantes, entre las cuales se encontraban la manzanilla, haba, rúcula, etc. se conformaron comunidades experimentales. Con estas plantas se desarrollaron cinco tratamientos, diferenciados por distancias filogenéticas con Lactuca, los cuales no mostraron dependencia de su colonización en relación al parentesco filogenético.

Lactuca perennis 

“En nuestro estudio todas las plantas pudieron convivir, independiente de sus parentescos. Por esto, los resultados manifiestan que la hipótesis de Darwin no tiene un respaldo tan sólido o por lo menos no es tan general como él lo planteaba”, indica Castro.

El investigador también ha evaluado la hipótesis de naturalización de Darwin analizando la composición de la flora chilena y las plantas exóticas que han sido introducidas. En esta publicación no solo logró concluir que la hipótesis no se cumplía, sino que emergían resultados en el sentido opuesto.

“Detectamos que una especie de otro ambiente puede llegar a Chile central y encontrar parientes que sobreviven muy bien en este clima. Estos mismos parientes le pueden entregar polinizadores y dispersores de semillas, haciendo de su naturalización algo más probable, contrario a lo esperado por la hipótesis de Darwin”, expresa.

A lo largo de las últimas décadas se ha observado un mayor interés de la ciudadanía en saber cómo las diversas actividades de la humanidad afectan al medio ambiente. El foco se ha centrado en el cambio climático, obviando otros aspectos como la introducción de las especies, sea flora o fauna, en territorios donde no son nativos. Estos aspectos son observados como parte del cambio global.

“Chile es una isla biogeográfica. Tiene una cordillera, un desierto y un océano que lo aíslan, por lo que su flora ha evolucionado desde hace más de 180 millones de años aislada del mundo. Sin embargo, en los últimos siglos se han introducido especies que son un riesgo para las especies nativas”, explica Castro.

Tal es la particularidad biogeográfica de Chile central que es considerado uno de los 35 “Hot Spot” (puntos calientes) de biodiversidad del planeta. Estos sitios representan lugares que concentran un alto porcentaje de especies endémicas, pero que al mismo tiempo su conservación se encuentra amenazada producto del impacto humano.


“Una especie introducida puede generar la extinción de otra nativa, erosionando nuestra biodiversidad. En la actualidad, nuestra diversidad de especies de plantas exóticas es alta en comparación a la flora nativa. La pregunta es qué podemos hacer para prevenir esto. Es muy poco lo que podemos hacer en un escenario de globalización, pero sí podemos generar diagnósticos para evitar que algunas especies entren y que además se naturalicen”, sentencia el investigador del Laboratorio de Ecología y Biodiversidad de la Facultad de Química y Biología, y del Centro para el Desarrollo de la Nanociencia y la Nanotecnología (Cedenna).


viernes, 26 de junio de 2015

El origen de la dentadura de los vertebrados

Científicos del Reino Unido proponen hipótesis del origen de los dientes en los vertebrados. Es bien sabido que los dientes no son crecimientos originales de las mandíbulas y que su origen morfológico y evolutivo está en la armadura dérmica de los primeros gnatostomados ("peces" con mandíbulas). El asunto es que siempre se ha usado el modelo de los dentículos dérmicos de los tiburones sin mucho éxito. En este estudio se analiza la formación de dentículos en las placas dentales de Romundina stellina, un placodermo del Devónico temprano. El modelo propuesto sitúa el origen de los dientes como acreciones de dentículos en las placas dentales de los placodermos (como se ve en la imagen). Estos dentículos incrementarían de tamaño al añadirse nuevos elementos y capas de esmalte, formando los dientes.


UK scientists proposed a new hypothesis of the origin of the teeth in vertebrates. It is well known that the teeth are not original growth of the jaws and their morphological and evolutionary origin is in the dermal armor of the first gnathostomes ("fish" with jaws). The issue is that it has always used the model of dermal denticles of sharks without much success. In this study the formation of denticles in dental plates of Romundina stellina an early Devonian placoderm is analyzed. The proposed model places the origin of the teeth as accretions of denticles in the dental plates of placoderms (as seen in the image). These denticles would increase in size adding new elements and layers of enamel, making teeth.



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jueves, 18 de junio de 2015

¡Ha llegado carta! - Down House. Viernes 18 de junio de 1858


Lo mismo que las obras de Shakespeare, el descubrimiento de la estructura en doble hélice del ADN y la proposición de la teoría de la evolución, no se han librado de protagonizar largos debates sobre su autoría. De Shakespeare algunos debaten si no sirvió de pantalla de otro contemporáneo, como Francis Bacon, a quien suponen más ilustrado. De James Watson y Francis Crick, que recibieron el Nobel por descubrir la estructura del ADN, se sabe que utilizaron sin permiso los datos obtenidos por Rosalind Franklin. A Charles Darwin se le acusa de retrasar deliberadamente la publicación de un escrito de Alfred Russel Wallace proponiendo exactamente lo que Darwin tenía esbozado sobre el origen de las especies y el papel que en ella tiene la selección natural, lo que en términos populares conocemos como “la evolución”. Se discutía si Darwin había ocultado durante un par de semanas el escrito que Wallace le envió desde las Molucas en la primavera boreal de 1858.

Expulsando una pitón del techo de la cabaña. Wallace, un científico que si viviera hoy estaría posiblemente entre el grupo de los indignados, redactó en la jungla de las islas de las especias un texto, de una extensión menos de diez veces la de este artículo, describiendo todo lo que se necesitaba para exponer lo que ahora llamamos teoría de la evolución.

Los acusadores de Darwin imaginaban que durante esos días habría perfilado su propio manuscrito usando las ideas remitidas por Wallace. De lo que no cabe duda es de que el 1 de julio de 1858 se presentó un resumen, tanto del manuscrito de Darwin como de la carta de Wallace en la reunión de la Sociedad Linneana de Londres. La polémica se centra en determinar si el correo de Wallace le llegó a Darwin el 3 o el 18 de junio. Lo difícil del caso es que no se conserva el original del correo de Wallace por lo que no parece que se pueda decidir la controversia de una manera sencilla.

Correspondencia del siglo XIX. Un sobre que viajó de Galle (Sri Lanka) a Suez (Egipto) en el vapor Némesis cinco meses antes que la carta de Wallace.

Quienes han propuesto que la carta llegó el 3 de junio se apoyan en que Wallace dijo haber enviado la carta a Darwin junto con otra que se ha conservado dirigida a su amigo, Frederick Bates hermano del naturalista Henry Walter Bates, quien la recibió en la ciudad de Leicester, como atestiguan los matasellos, el 3 de junio tras haber pasado ese mismo día por Londres. Esta carta a Bates tuvo que partir de las Molucas en el vapor del 9 de marzo. En aquellos tiempos los periódicos de las ciudades portuarias registraban las llegadas y partidas de los vapores por lo que al menos es posible precisar las fechas en las que partía el correo.

El vapor Pekín capeando un tifón. En este navío de la compañía P&O pudo viajar la carta de Wallace en el tramo desde Singapur hasta Galle (Sri Lanka) del 1 al 14 de mayo.

Se publicó en 2011 ahora otra interpretación, que vindicaría la integridad de Darwin, al menos en cuanto a la comunicación de la recepción de la carta, y que se basa en la hipótesis de que Wallace no pudo remitir las dos cartas a la vez, sino que la dirigida a Darwin se habría enviado el 5 de abril, casi un mes más tarde que la de Bates. En tal caso los autores de esta nueva interpretación nos aseguran que se podría trazar todo el recorrido de la carta desde su salida del puerto de Ternate ese 5 de abril hasta su llegada a Londres el 18 de junio.

El largo viaje del correo en el siglo XIX. El trayecto del correo entre Indonesia e Inglaterra seguía las rutas establecidas por el comercio con Europa. Las fechas indican en qué momento pasaba la carta de Wallace desde Ternate a Down House según la interpretación que exculpa a Darwin.

En su viaje habría navegado pasando Yakarta, Singapur, Galle (en Sri Lanka), y Suez. Desde Suez sería transportada por vía terrestre y fluvial a Alejandría - el Canal de Suez  no se abrió a la navegación hasta el 17 de noviembre de 1869. Pasando por Malta y Gibraltar llegaría a Southampton el 15 de junio y de allí tardaría otros dos días para recorren en ferrocarril el camino hasta Londres, llegando a Down House, el hogar de Darwin en el condado de Kent, el viernes 18.

De Suez al Nilo. Para atravesar el desierto se transportaba el correo en camellos, desde allí se proseguía el viaje en bote por el Nilo hasta Alejandría.

Asegurar, como sostienen los autores de la reivindicación de Darwin, que Wallace no pudo enviar las dos cartas al tiempo es algo más complejo. Según ellos Wallace mencionaba en su carta que a Charles Lyell le había gustado un artículo suyo de 1855. Y la opinión de Lyell, un influyente geólogo escocés amigo de Darwin, solo pudo leerla Wallace en la carta que Darwin le escribió el 22 de diciembre de 1857. Haciendo otra labor de rastreo de esta nueva carta se deduce que la fecha más probable en la que pudo recibirla Wallace hubiera sido a principios de marzo, exactamente el mismo día 9. Dejaría este calendario muy poco tiempo para que Wallace la hubiera contestado, exactamente una hora, el tiempo que estuvo atracado el barco que llevaba el correo. Todo queda pues sujeto a lo que pudo hacer Wallace en esos sesenta minutos, algo difícil de probar, sobre todo en ausencia del original de su carta.

Llegada a Down House. El destino de la carta, una residencia de la clase acomodada inglesa, fue el hogar de Darwin desde 1842 hasta su muerte en 1882. En ella escribió su obra “El origen de las especies” que en la edición conmemorativa del 150 centenario ocupa 576 páginas.



REFERENCIA:


martes, 9 de junio de 2015

“¿Piedra, Papel o Tijera?”, como estrategia para evolutiva

La tijera corta al papel, el papel cubre a la piedra y la piedra rompe la tijera. Las reglas las conoce casi todo el mundo y el juego se emplea –al menos en la infancia– para resolver innumerables disputas y dirimir competencias.

Y dos matemáticos de la Universidad de Cornell parecen haber confirmado que algunos importantes rompecabezas de la evolución también pueden explicarse a partir de las reglas y estrategias de "Piedra, papel o tijera", reportó recientemente la revista Science.

Un buen recordatorio de que variantes del popular juego también están presentes en la naturaleza.

Casi todo el mundo conoce las reglas del "Piedra, papel o tijera".
Y en la naturaleza también existen diferentes versiones del juego.

Bacterias y lagartijas

Efectivamente, desde hace ya algunos años los científicos han encontrado que diferentes cepas de bacterias, que en principio no podrían convivir entre sí, pueden hacerlo en la práctica gracias a esta competencia "de a tres".

En su versión de "Piedra, papel o tijera" cada cepa se encarga de eliminar al enemigo de la otra, garantizando un equilibro dinámico que permite su coexistencia.

Este es, por ejemplo, el caso de la Escherichia coli, bacteria que produce y es a la vez sensible a las colicinas, un tipo de antibiótico de reducido espectro.

Las cepas de la E.coli que producen colicinas ("piedra"), matan a las cepas sensibles a las mismas ("tijera"), que a su vez son más fuertes que las cepas resistentes ("papel"), que por su parte son capaces de derrotar a las productoras ("piedra").

Diferentes cepas del E.Coli pueden convivir gracias a su eterno juego de "Piedra, papel o tijera"

Y ahí está también el caso de algunas lagartijas, que compiten entre sí eligiendo entre tres estrategias diferentes –agresión, cooperación o engaño– para obtener pareja.

Como ocurre con el juego de "Piedra, papel o tijera", cada una de estas tácticas tiene garantizada la victoria frente a una de las alternativas y la derrota cuando se enfrenta a la otra.

Pero, en el caso de algunas lagartijas, los competidores no necesariamente mantienen una estrategia constante que en caso de éxito es perpetuada por las crías de los vencedores, como se asume en el modelo de las bacterias.

Y el trabajo matemático de Steven Strogatz y Danielle Toupo, del Centro para las Matemáticas Aplicadas de la Universidad de Cornell, ahora ofrece una explicación para ese comportamiento.

En el caso de las lagartijas de costados manchados el juego se podría llamar "Agresión, cooperación o engaño". Y científicos de California han visto como las estrategias más populares han fluctuado a lo largo de los años.

Buscando una ventaja

Strogatz y Toupo modificaron las ecuaciones que gobiernan las fluctuaciones de las estrategias en el tiempo para introducir la posibilidad de "mutantes".

Es decir, jugadores que cambian de estrategia en pleno juego o de crías que no repiten la estrategia vencedora de sus progenitores.

Y encontraron que, en el largo plazo, esto termina provocando un patrón estable en el que cada una de las tres "armas" gana y pierde popularidad de forma cíclica y progresiva; un patrón que se repite incuso en especies que tienen niveles de mutación muy cercanos a cero.

"Nuestra principal conclusión es que el estado de coexistencia, en el que las tres especies existen en equilibrio, puede verse desestabilizada por tasas de mutación arbitrariamente pequeñas", afirman los matemáticos en su estudio "Dinámica no lineal del juego piedra-papel-tijeras con mutaciones", publicado en la edición de mayo de la revista Physical Review E.

Y, como explica Science, esto significa que un poco de mutación evita que el juego derive a una situación en la que todas las estrategias aparezcan en iguales números –lo que no le daría la ventaja a ninguna– o que sus proporciones fluctúen locamente.

Un hallazgo, afirma la revista, que ayuda a entender mejor las estrategias de competencia de los seres vivos en su lucha por la existencia.

Fuente


miércoles, 27 de mayo de 2015

El "juego de cartas" de la Evolución

Las especies sufren un proceso mediante el cual mutaciones de largo alcance barajan el genoma que hace que estas evolucionen y no es una acumulación de pequeñas mutaciones en las que cada una tiene un efecto pequeño la que produce la evolución.

Es un misterio por qué la evolución por selección natural no fue descubierta hasta el siglo XIX por Darwin, pues podría haber sido propuesta mucho antes. Sólo era necesario observar el entorno sin necesitar tecnología sofisticada y hacer la propuesta de que las especies cambian cuando una presión de selección escoge los individuos de mayor éxito reproductor en una población en la que herencia varía.



La evolución de la especies fue propuesta antes que Darwin por Lamark, pero en esta teoría no se usaba la selección natural, sino que los individuos cambiaban su herencia en función de lo que hacían.

El caso es que desde el siglo XIX la teoría de la evolución por selección natural ha permanecido prácticamente sin cambiar en sus mecanismos básicos. El problema siempre está en los detalles: ¿la evolución se da muy poco a poco o presenta saltos bruscos?, ¿por qué las especies permanecen estables en el tiempo pese a ir acumulando mutaciones?…

Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Yale liderado por Jeffrey Townsend ha usado un nuevo modelo genético para dilucidar si las especies sufren un proceso de acumulación de pequeñas mutaciones en las que cada una tiene un efecto pequeño o si hay mutaciones de largo alcance que barajen el genoma.

El modelo lo han aplicado a distintas especies como levaduras, gusanos o moscas. Para el estudio se han centrado en la expresión de genes, que es considera como pieza clave en el cambio evolutivo. Según sus resultados el segundo caso de los expuestos antes explica mejor los procesos evolutivos que sufren las especies.

Cuando Darwin propuso su idea sobre la evolución no se sabía nada sobre los genes o el ADN, simplemente propuso la existencia de ciertos cambios que se producían en la herencia. Posteriormente se conjeturó que habría mutaciones en los genes que se conservaban en las poblaciones si de algún modo ayudaban al éxito reproductor. Pero, como el efecto de una mutación al azar puede tener consecuencias fatales para el organismo, había que proponer un mecanismo que permitiera la evolución sin eliminar la mayoría de los individuos.

La primera solución fue proponer que las mutaciones no tenían ningún efecto sobre la adaptación. Propuesta que ha sido rechazada por los experimentos en muchas ocasiones.

La segunda solución consistió en proponer que la mayoría de las mutaciones tenían un efecto pequeño y sólo la acumulación de varias mutaciones a lo largo de las generaciones podía crear nuevos rasgos en los individuos de la especie.

La tercera hipótesis propuso lo contrario. Las mutaciones no producían efectos pequeños, sino que disparaban una reacción en cadena de cambios. Es lo que se llamó house of cards en inglés por su analogía con barajar un mazo de naipes.

Pero distinguir entre estas dos últimas propuestas no ha sido fácil. Aunque el modelo favorito de “house of cards” fue propuesto hace décadas, sólo ahora se cuenta con la tecnología para recopilar los datos necesarios que la pongan a prueba.

Fuente
“House of cards” evolutivo

viernes, 22 de mayo de 2015

Evolución y biodiversidad

“Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio.”
Charles Darwin, en El origen de las especies.


De una forma simple de vida hace 3.500 millones de años, a la gran diversidad de seres vivos hoy en día, la evolución ha tenido, y tiene, un papel importante en la expresión de la variabilidad de vida. Pero, ¿cuáles son los factores evolutivos que han favorecido su generación?

Este artículo recoge el testigo lanzado en ¿Qué es la biodiversidad?, en donde se introduce su concepto y cómo se estudia, y se adentra en la evolución como catalizador de esta.

Evolución y biodiversidad

Todo comenzó hace miles de millones de años con una forma de vida simple, un organismo procariota, unicelular y anuclear, que luchaba por su supervivencia en un mar incubante bajo una atmósfera primigenia reducida y casi carente de oxígeno.

En ese hervor primigenio, que probablemente comenzó en zonas costeras y en fosas abisales con fumarolas gigantescas plagadas de sulfuro de hidrógeno, la vida fue adaptándose a los cambios ambientales de su alrededor con pequeñas variaciones que culminarían decenas de miles de años después en la actual diversidad de seres vivos que conforman nuestro planeta.

Trasladémonos un momento a ese instante en el tiempo en que la chispa de la vida brota para poder tener una visión más global y adentrarnos en los procesos que han permitido, y siguen haciendo, la generación de biodiversidad.



Biodiversidad, microevolución y macroevolución

Como enzimas catalizando reacciones químicas, dos factores evolutivos clave fueron y son los responsables de actuar en la catalización de la biodiversidad: la microevolución y la macroevolución, sin olvidar que tanto el tiempo de evolución como la estabilidad climática son otros dos factores evolutivos influyentes en su generación, ya que inciden sobre los primeros.

Recordemos, por un momento, las diferentes clases de perros que existen: Mastín español, Terrier, Pekinés, San Bernardo, Husky siberiano, Pastor alemán, el Xoloitzcuintle… Ahora pensemos en las diferentes especies de cánidos que habitan y han habitado en el planeta, desde los lobos -y sus variedades el perro y el dingo-, pasando por los coyotes y los chacales, hasta los extintos Canis apolloniensis y Canis dirus. Lo primero se trata de un proceso de microevolución, mientras que lo segundo se trata de un proceso macroevolutivo.

Diferencias entre microevolución y macroevolución en su papel generador de biodiversidad

La microevolución es la que permite y fomenta la variabilidad genética de una especie para que pueda adaptarse mejor a los cambios ambientales y a la colonización de nuevas áreas, como pasa por ejemplo con las cepas de bacterias resistentes a los antibióticos o las diferentes clases de Canis lupus familiaris, pero es la macroevolución la que describe los sucesos de la evolución orgánica a gran escala.

Por tanto, aunque los modelos y procesos macroevolutivos surgen de los correspondientes de la microevolución, poseen cierto grado de autonomía: la aparición de nuevas adaptaciones y especies y las variables tasas de especiación (generación de nuevas especies) y extinción, que se aprecian en el registro fósil, van más allá de la fluctuación de las frecuencias alélicas de las poblaciones, logrando que las estirpes con mayores tasas de especiación y menores de extinción produzcan la mayor diversidad de formas. Los ecólogos utilizan el índice de diversidad gamma para medir los fenómenos que se dan a escalas espaciales muy amplias, que reflejan sobre todo procesos evolutivos.

En conclusión, la riqueza de formas de vida que han conformado y conforman nuestro planeta Tierra, desde las arqueobacterias y los dinosaurios hasta el ser humano, es debida a la microevolución y a la macroevolución, sin olvidarnos que el clima y el tiempo de evolución también juegan un papel importante en la generación y el grado de la diversidad de vida, o biodiversidad.



Fuente
Evolucióny biodiversidad, por Eva Bonastre