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viernes, 24 de julio de 2015

¿Que acabó con la Megafauna?


Durante años, la actividad humana ha sido la principal sospechosa de la desaparición de cientos de especies a finales del Pleistoceno. Un nuevo trabajo apunta al verdadero culpable.


En los años 60, mientras estudiaba el registro fósil del continente americano, el paleontólogo Paul S. Martin se dio cuenta de que todos los animales de gran tamaño (a partir de 45 kg) desaparecían súbitamente al llegar una fecha. Hace aproximadamente 50.000 años osos gigantes, mamuts y otros grandes mamíferos fueron borrados paulatinamente de la faz de la Tierra por algún acontecimiento novedoso. Cuando otros científicos estudiaron la fauna de otros lugares, como Australia, el registro decía lo mismo. Canguros gigantes, leones marsupiales y pájaros de un tamaño descomunal, desaparecieron a partir de la misma fecha sin dejar rastro. Y en todos los casos la extinción coincidía con un hecho: la llegada de los primeros humanos a la zona.

Con todas estas pistas Martin y otros lanzaron la llamada hipótesis “Overkill” (algo así como “matanza excesiva”)  que atribuye la extinción de los animales más grandes al acoso de los primeros humanos con sus cacerías y la expansión de su territorio.  Pero el asunto no estaba ni mucho menos claros y otros científicos aportaron pruebas de variaciones climáticas y posibles causas de la extinción al final de la última glaciación. Ahora, un equipo de investigadores liderados por Alan Cooper presenta en la revista Science un estudio completo con datos genéticos y paleoclimáticos que intenta poner claridad al asunto y en el que el veredicto exculpa a los humanos.

El trabajo, que se basa en el análisis de restos genéticos de más de 50.000 años y los datos climáticos de los núcleos de hielo extraídos de Groenlandia, entre otras fuentes, y muestra una relación cercana entre la desaparición de los grandes animales del Pleistoceno y rápidos episodios de calentamiento en los periodos llamados "intersticiales" (fases regulares de ascenso de la temperatura). Aún así, reconocen que este cambio climático pudo hacer más vulnerables a las grandes especies y que el "acoso" de los humanos tuviera cierto papel en su desaparición, pero desde luego no fue el factor determinante.

Alan Cooper, autor del estudio

El estudio se enmarca dentro de un especial de la revista Science sobre los avances en el estudio de ADN antiguo gracias a la simplificación de las técnicas. La capacidad para estudiar  el material genético de forma generalizada está sirviendo para repensar muchas de las ideas que teníamos sobre los humanos del pasado, incluida su hibridación con los neandertales, para conocer mejor su dieta, forma de vida y las enfermedades que los acosaban. Catapultando a la paleogenética, dicen en Science, a una edad de oro.

Referencia




miércoles, 8 de julio de 2015

La adaptación de los Mamut lanudos a la vida en el ártico, está escrita en sus genes.

El primer análisis completo del genoma del mamut lanudo revela los cambios genéticos que permitieron a estos grandes mamíferos adaptarse a la vida en el ártico.


Los genes del mamut que diferían de sus contrapartes en los elefantes jugaron un papel en el desarrollo de la piel y el pelo, el metabolismo de la grasa, la señalización de la insulina y muchos otros rasgos. Los genes ligados a rasgos físicos como la forma del cráneo también se identificaron con pequeñas orejas y cola corta. Como una prueba de la función, un gen de mamut involucrado en la sensación de temperatura fue resucitado en el laboratorio y su producto proteico caracterizado. El estudio, publicado en Cell Reports el 2 de julio, arroja luz sobre la biología evolutiva de estos gigantes extintos.

"Este es, de lejos, el estudio más completo de los cambios genéticos que hacen que un mamut lanudo sea un mamut lanudo", dijo el autor del estudio Vincent Lynch, profesor asistente de genética humana en la Universidad de Chicago. "Son un excelente modelo para entender cómo funciona la evolución morfológica, porque los mamuts están tan estrechamente relacionados con los elefantes modernos, que no tienen ninguno de los rasgos que tenían."

Los últimos mamuts lanudos vagaron por las estepas y tundras heladas del norte de Asia, Europa y América del Norte hace unos 10.000 años. Bien estudiados debido a la abundancia de esqueletos, cadáveres y representaciones en el arte prehistórico, los mamuts lanudos poseían una piel gruesa con una gruesa capa de grasa subcutánea, orejas y colas pequeñas y un depósito marrón grasa detrás del cuello, que pudo haber funcionado de forma similar a una joroba de camello.

Para caracterizar a fondo los genes de mamut específicos y sus funciones, Lynch y sus colegas secuenciaron los genomas de profundidad de dos mamuts lanudos y tres elefantes asiáticos - el pariente vivo más cercano del mamut. Luego compararon estos genomas de unos contra otros y contra el genoma de los elefantes africanos, un primo evolutivo un poco más lejano para mamuts y elefantes asiáticos.



El equipo identificó aproximadamente 1,4 millones de variantes genéticas únicas de los mamuts lanudos. Estas causaron cambios en las proteínas producidas por alrededor de 1.600 genes. Para inferir los efectos funcionales de estas diferencias, realizaron múltiples análisis por ordenador.

Fuente: