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viernes, 7 de agosto de 2015

¿Son inteligentes los delfines?

por Jhoann Canto, Curador del Área de Zoología del Museo Nacional de Historia Natural
Nota publicada originalmente en la FanPage del MNHN

Algunos datos previos: las investigaciones de Marino y colaboradores (2007) señalan que el cerebro del Cachalote (Physeter catodon), que llega a unos ocho kilogramos, es aproximadamente un 60% más grande en masa absoluta que la de un elefante. Tanto, el cerebro de las ballenas y los delfines son significativamente más grandes que los primates no humanos (gorilas, chimpancés y orangutanes) y están en segundo lugar en comparación con nuestra especie.

La “inteligencia” siempre nos ha parecido atractiva aunque no tengamos muy claro qué es. Naturalmente la medida de la misma es una acción propia de los humanos, lo que resulta evidente cuando comparamos, con nuestros criterios, la nuestra con otras formas de vida que consideramos “inteligentes”, tales como los chimpancés, los perros o los delfines.

Normalmente asociamos el tamaño del cerebro con inteligencia. Cerebros grandes, animales inteligentes. Además si la forma del cerebro es parecida a la nuestra, mucho mejor.

Pero veamos esto en mayor detalle. Definamos lo que entendemos por inteligencia. Seguramente usted sabrá que hay muchas definiciones. Por ejemplo si hablamos de nuestra especie podemos encontrar a muchas acepciones: inteligencia musical, lingüística, espacial, lógico-matemática, por citar algunas. Sin embargo, cuando ampliamos el espectro e incluimos a las otras formas de vida el concepto cambia. En términos simples definiremos inteligencia como la "plasticidad conductual que permite a los organismos dar respuestas adecuadas a las situaciones que se presentan, permitiéndoles de esta forma mantener una relación con el medio y su contexto". A partir de esta definición, ¿podemos considerara los delfines inteligentes?

La respuesta tentativa a esta pregunta es antigua (Aristóteles, 384 al 322 A.C., ya se planteo el tema), pero su abordaje desde el campo de las ciencias surgió en los años 60’ con John Lilly (1915-2015) quien trabajó en neurología, entre otros temas.  Él postuló la idea de la posibilidad de comunicación con los delfines por lo que desarrolló una serie de experimentos orientados a crear modalidades de comunicación entre humanos y delfines, permitiendo de esta forma, entender la "inteligencia" de estos. Su trabajo abrió un tema que tuvo grandes implicancias en la imagen que existía de los delfines. Si bien es cierto que sus teorías no tuvieron los resultados que él esperaba, sirvieron de inspiración a otras generaciones de investigadores (Schusterman, Herman, Thomas y Marino entre otros) para replantarse las preguntas y los métodos de investigación. Básicamente estos científicos descubrieron que el cerebro de los delfines es muy complejo. Normalmente, en mamíferos grandes, la superficie del cerebro puede llegar a ser muy intrincada caracteriza por un plegamiento cortical (gyrification en ingles) que es muy marcado en los delfines (figura 1).


Hay varias proposiciones que buscan explicar este incremento en la superficie del neorcórtex en los delfines. Entre las ideas al respecto que podrían explicar este proceso,  figuran la evolución de un sistema auditivo que permitió el desarrollo de una ecolocalización altamente eficiente (un delfín nariz botella puede discriminar en el fondo de una piscina una moneda de diez pesos); un aumento en los años de vida y el desarrollo de conductas sociales complejas. Estos aspectos aún son discutidos por los especialistas, sin embargo lo que es claro es que los delfines presentan un despliegue de conductas que claramente nos permite decir que son “inteligentes” más aún si consideramos otros parámetros. Por ejemplo presentan autoconocimiento y automonitoreo de ellos mismos, es decir, si les presentan un espejo saben que son ellos y reconocen su cuerpo; comprenden de las instrucciones del lenguaje; exhiben conductas con una alta diferenciación social así establecen fuertes relaciones sociales. También evidencian una comprensión de simbólico, es decir representaciones de las cosas y eventos (denominado conocimiento declarativo); muestran una comprensión de cómo funcionan las cosas o cómo manipularlas (conocimiento procesal); exhiben una comprensión de las actividades, identidades y comportamientos de los demás sujetos (conocimiento social).

El córtex en los delfines presenta una baja densidad de neuronas, en cambio la densidad sináptica es alta (esto es el número de sinapsis por neurona). Los estudios más recientes muestran que la arquitectura cerebral de los delfines es distinta a los demás mamíferos, lo que resulta muy interesante, ya que el hecho de haber evolucionado en el medio acuático les permitió generar otras alternativas exitosas para desarrollar procesos cognitivos muy complejos, que en la práctica muchos especialistas sitúan bajo el concepto de la “cultura de los delfines”, condición que nos abre una serie de interrogantes acerca de la forma en que debemos relacionarnos con especies que poseen una inteligencia tan compleja como la nuestra.

Para saber más:
  • Huggenberger, S. 2008. The size andcomplexity of dolphin brains –a paradox. Journal of the Marine BiologicalAssociation of the United Kingdom 88(6): 1103-1108.
  • Marino, L. y colaboradores. 2007. CetaceansHave Complex Brains for Complex Cognition. PlosBiology 5(5): 966-971.
  • Schusterman, R., J. Thomas y F. Wood. 1986.Dolphin Cognition and Behavior: a comparative approach. Serie Comparative Cognition and Neurosciencie. Lawrence Erlbaum Associates Publishers. 393 pag.

miércoles, 15 de julio de 2015

Registro de proteroterios para Argentina.


Se trata de un mamífero de pequeño tamaño y muy parecido a los caballos actuales, pero sin parentesco alguno. Vivió en Termas de Río Hondo, Argentina, hace unos 5 millones de años atrás. 

Un interesante hallazgo paleontológico realizado en el centro termal más importante de Argentina, fue presentado recientemente, y es el primero de su tipo para el Museo local.


El material fue recuperado por Sebastián Sabater, del Museo Municipal Rincón de Atacama de la ciudad termense y estudiado en conjunto con Mariano Magnussen y Daniel Boh, del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar (Bs As) y Carlos Estarli de la Fundación Argentavis de la localidad de Berazategui (Bs As).

Los fósiles hallados, corresponde a uno pequeño mamífero de la familia de los proteroterios, los cuales no tienen parentesco directo alguno con especies actuales, perteneciente a una estirpe muy primitiva de América del Sur. El espécimen esta constituido por numerosos huesos del esqueleto, aunque falta el cráneo, sostuvieron los autores.

Durante aproximadamente 50 millones de años de casi total aislamiento, los mamíferos de Sudamérica-Antártida evolucionaron en un continente isla. Estos animales en la Antártida se extinguieron antes, debido al enfriamiento climático y glaciación que afectaría este continente durante los últimos 37 millones de años.

Los proteroterios es uno de los ejemplos más conocidos en convergencia adaptativa o evolución paralela, es decir, la semejanza entre los caballos que se desarrollaron en otros continentes, y el grupo sudamericano conocido como los proteroterios (Proterotheriidae) desarrollados en total aislamiento bio-geográfico.


Estos pequeños “falsos caballos” fueron animales gráciles de lomo relativamente corto y extremidades alargadas con pezuñas. En la cabeza, el rostro no es particularmente largo y los ojos eran grandes. Estos animales recuerdan vagamente, más que a los caballos, a las gacelas u otros animales herbívoros pequeños o medianos.

Las proporciones de sus miembros indican también que eran habitantes de espacios más boscosos que los caballos modernos, lo que permite hacer inferencias en aspectos paleoambientales y paleoclimaticos, para entender como fue la provincia de Santiago del Estero varios millones de años atrás. Algo que si asemeja a los proteroterios con los caballos es la presencia de un mecanismo de “trabado” en la rodilla, que les permitiría permanecer de pie con menos esfuerzo, y que ha sido propuesto para varias formas de mamíferos sudamericanos fósiles ya totalmente extintas.

Es la primera vez que el Museo Municipal Rincón de Atacama halla representantes fósiles de esta  familia de mamíferos autóctonos. El material fue recuperado tiempo atrás en unos pequeños acantilados sobre el Rió Dulce, próximo a la ciudad, en sedimentos que corresponden al Mio-Plioceno (unos 5 millones de años atrás), y presentado recientemente en las XXIX Jornadas Argentinas de Paleontología de Vertebrados, cuyo resumen del trabajo se halla en el libro del encuentro de investigadores y técnicos.

Pero Termas de Rió Hondo tuvo un pasado biológico muy interesante. Justamente allí, en pleno centro de la ciudad, se encuentra el Museo Municipal Rincón de Atacama con interesantes muestras de fósiles de criaturas prehistóricas que alguna vez vivieron en la provincia de Santiago del Estero, como Elefantes (stegomastodon), varias especies de perezosos y armadillos gigantes, guanacos de gran tamaño, bestias parecidas a hipopótamos, quirquinchos primitivos entre otras, como así también, restos culturales de los grupos aborígenes que habitaron esta parte del país. (Fuente: Museo Municipal Rincón de Atacama de Termas de Río Hondo).


jueves, 9 de julio de 2015

Megaloceros novocarhaginiensis, nuevo ciervo gigante del Pleistoceno

Fuente SINC

Megaloceros novocarhaginiensis, se trata de un cérvido que vivió durante el Pleistoceno temprano, hace 780.000 años. Asimismo, el científico ha descrito fósiles de la especie Dama cf. vallonnetensis, un gamo del que ya se tenían registros anteriores. 

El asta holotipo, la que define la especie, de 
Megaloceros novocarhaginiensis vista por ambos lados. / MNCN-CSIC

Megaloceros novocarhaginiensis, que tenía un aspecto similar al de los ciervos, medía casi dos metros de altura, es decir, era más pequeño que la especie M. giganeus y mayor que M. savini. El material paleontológico ha sido encontrado en Cueva Victoria, un yacimiento situado en Cartagena (Murcia-España).

En cuanto a Dama vallonnetensis es un gamo cuya talla era algo menor que el ciervo común. “Sus astas eran proporcionalmente más grandes que en los especímenes actuales de gamo persa, Dama mesopotámica, y el pelaje, aunque no lo podemos saberlo por los fósiles, debía ser parecido al de los gamos que conocemos hoy en día, Dama dama”, explica Jan van der Made, investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

En el estudio, publicado en la revista Mastia, el científico examinó 153 fósiles del ciervo gigante y 34 de la especie más pequeña. “Tras comparar los fósiles, que incluyen astas, dientes y huesos de las extremidades, comprobé que, en el caso del ciervo, no coincidían con ninguna de las especies conocidas hasta ahora”, comenta el investigador. “Estos descubrimientos nos ayudan a completar la historia evolutiva de la familia de los cérvidos”, continúa.

Gracias a las dataciones, basadas en los cambios de polaridad del campo magnético de la Tierra, el equipo ha determinado que ambas especies habitaron la Península hace más de 780.000 años.

El magnetismo de la Tierra ha cambiado varias veces a lo largo de su historia, estos cambios quedan reflejados en las rocas sedimentarias y, gracias a estas huellas geológicas que dejan los cambios de polaridad y a los datos sobre el estado evolutivo de las especies animales, podemos saber la edad aproximada en la que vivieron ambas especies”, concluye Van der Made.

Referencia
  • Made, J. van der (2014). "The latest Early Pleistocene giant deer Megaloceros novocartaginiensis n.sp. and the fallow deer Dama cf. vallonnetensis from Cueva Victoria (Murcia, Spain)". Mastia 11-12-13, 2012-14, PP. 269-323

miércoles, 8 de julio de 2015

La adaptación de los Mamut lanudos a la vida en el ártico, está escrita en sus genes.

El primer análisis completo del genoma del mamut lanudo revela los cambios genéticos que permitieron a estos grandes mamíferos adaptarse a la vida en el ártico.


Los genes del mamut que diferían de sus contrapartes en los elefantes jugaron un papel en el desarrollo de la piel y el pelo, el metabolismo de la grasa, la señalización de la insulina y muchos otros rasgos. Los genes ligados a rasgos físicos como la forma del cráneo también se identificaron con pequeñas orejas y cola corta. Como una prueba de la función, un gen de mamut involucrado en la sensación de temperatura fue resucitado en el laboratorio y su producto proteico caracterizado. El estudio, publicado en Cell Reports el 2 de julio, arroja luz sobre la biología evolutiva de estos gigantes extintos.

"Este es, de lejos, el estudio más completo de los cambios genéticos que hacen que un mamut lanudo sea un mamut lanudo", dijo el autor del estudio Vincent Lynch, profesor asistente de genética humana en la Universidad de Chicago. "Son un excelente modelo para entender cómo funciona la evolución morfológica, porque los mamuts están tan estrechamente relacionados con los elefantes modernos, que no tienen ninguno de los rasgos que tenían."

Los últimos mamuts lanudos vagaron por las estepas y tundras heladas del norte de Asia, Europa y América del Norte hace unos 10.000 años. Bien estudiados debido a la abundancia de esqueletos, cadáveres y representaciones en el arte prehistórico, los mamuts lanudos poseían una piel gruesa con una gruesa capa de grasa subcutánea, orejas y colas pequeñas y un depósito marrón grasa detrás del cuello, que pudo haber funcionado de forma similar a una joroba de camello.

Para caracterizar a fondo los genes de mamut específicos y sus funciones, Lynch y sus colegas secuenciaron los genomas de profundidad de dos mamuts lanudos y tres elefantes asiáticos - el pariente vivo más cercano del mamut. Luego compararon estos genomas de unos contra otros y contra el genoma de los elefantes africanos, un primo evolutivo un poco más lejano para mamuts y elefantes asiáticos.



El equipo identificó aproximadamente 1,4 millones de variantes genéticas únicas de los mamuts lanudos. Estas causaron cambios en las proteínas producidas por alrededor de 1.600 genes. Para inferir los efectos funcionales de estas diferencias, realizaron múltiples análisis por ordenador.

Fuente:


martes, 30 de junio de 2015

Eomellivora piveteaui, un mustelido de 9 millones de años.

Un equipo internacional de científicos, que cuenta con participación española, ha descrito el cráneo y la mandíbula más completos del mustélido gigante Eomellivora piveteaui encontrados en el Cerro de los Batallones (Madrid).

Reconstrucción del mustélido gigante, Eomellivora piveteaui, a partir del fósil de cráneo.
La imagen será portada del próximo número de la revista Journal of Vertebrate Paleontology.
Adam Hartstone Rose

El buen estado de los fósiles ha permitido hacer un estudio de las relaciones de parentesco que demuestra, por un lado, la existencia de cuatro especies dentro del género Eomellivora y, por otro, que el pariente vivo más cercano de Eomellivora es el actual tejón de la miel, Mellivora capensis.

Eomellivora piveteaui, una especie que se describió por primera vez en 1965 a partir de restos muy fragmentados, era un animal carnívoro y voraz. Su capacidad de romper huesos lo convertía en un depredador muy versátil y activo de la fauna del Mioceno Superior.

“Los fósiles estudiados indican que tenía aproximadamente el tamaño de un pastor alemán, lo que nos hace pensar que, igual que el tejón de la miel es capaz de repeler el ataque de hienas o leones, podría haber plantado cara a los grandes tigres dientes de sable que convivieron con él”, explica el paleontólogo del Instituto de Geociencias y la Universidad Complutense, Alberto Valenciano Vaquero.

En la actualidad, la familia de los mustélidos, que pertenece al orden de los carnívoros, está formada por comadrejas, hurones, martas, tejones o nutrias. Son animales, tanto terrestres como acuáticos, de pequeño tamaño, cuerpo alargado y patas cortas, que se encuentran distribuidos por todo el planeta.

La aplicación de nuevas tecnologías

Situado en Torrejón de Velasco (Madrid), el Cerro de los Batallones, que este año celebra su 25 aniversario, es uno de los yacimientos de mamíferos carnívoros más importantes de todo el registro fósil del planeta para el Mioceno Superior (época que va desde hace 11 a cinco millones y medio de años).

“Este yacimiento es casi un catálogo de la fauna que habitaba esta región hace nueve millones de años. En 25 años hemos encontrado esqueletos completos de tigres dientes de sable, osos emparentados con el panda gigante actual, rinocerontes, jirafas, parientes del actual panda rojo, mustélidos, mastodontes, aves rapaces, tortugas gigantes o lagartos, entre otros”, comenta Jorge Morales, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y responsable del yacimiento.

Con ayuda de un escáner láser superficial portátil, los investigadores han creado modelos virtuales tridimensionales que, además de imprimirse, pueden visualizarse desde un archivo pdf.

“Los modelos en pdf que hemos creado complementan la información de la fotografía clásica y pueden suponer una herramienta con mucho potencial en el futuro de la paleontología de vertebrados”, concluye Valenciano.

Referencia



Fuente



lunes, 22 de junio de 2015

Mystacina miocenalis, nuevo fósil de murciélago

Se trata de un murciélago que habito Nueva Zelanda, hace 16 millones de años y tenía un tamaño aproximadamente tres veces a los actuales representantes.


Los fósiles se encontraron cerca de Central Otago, en la Isla del Sur, en el sedimento remanente de un vasto conjunto prehistórico de agua conocido como Lago Manuherikia, que formaba parte de una selva subtropical más cálida durante la era del Mioceno temprano, entre hace 16 y 19 millones de años.

La nueva especie, Mystacina miocenalis, que se describe en un artículo publicado en la edición de este miércoles de Plos One, se relaciona con otro murciélago, Mystacina tuberculata, que aún vive en antiguos bosques de Nueva Zelanda.

“Nuestro descubrimiento muestra por primera vez que los murciélagos Mystacina han estado presentes en Nueva Zelanda durante más de 16 millones de años, viviendo en hábitats con vida vegetal y fuentes de alimentos muy similares”, dice la autora principal y paleontóloga de vertebrados Suzanne Hand, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) en Australia.

Los únicos mamíferos terrestres nativos de Nueva Zelanda son tres especies de murciélagos, dos de ellas pertenecientes al género Mystacina, una de las cuales fue vista por última vez en la década de 1960. Se les conoce como murciélagos de madriguera, ya que se alimentan en el suelo bajo la hojarasca y la nieve, así como en el aire, hundiendo las muñecas y con los pies hacia atrás, manteniendo sus alas fuertemente plegadas.



Se cree que estos murciélagos tienen una historia antigua en Nueva Zelanda, pero hasta ahora, el fósil más antiguo de un murciélago Mystacina en Nueva Zelanda era de una cueva en la Isla Sur, que data de hace 17.500 años. Este último descubrimiento obliga a un replanteamiento de cuándo llegaron por primera vez estos peculiares murciélagos andantes a lo que hoy en día es Australia.

“Esto nos ayuda a entender la capacidad de los murciélagos para establecer poblaciones en las islas y las condiciones climáticas necesarias para que esto suceda –señala Hand–. Los murciélagos son importantes polinizadores y dispersores de semillas que mantienen los bosques sanos. Entender la conectividad entre las faunas de murciélagos de las diferentes masas de tierra es importante para evaluar las amenazas de bioseguridad y las prioridades de conservación de los ecosistemas insulares frágiles”.

La nueva especie tiene dientes similares a  su pariente contemporáneo, lo que sugiere una dieta amplia que incluye néctar, polen y fruta, así como insectos y arañas. Los huesos de las extremidades que se encontraron en el depósito también mostraron estructuras similares especializadas para caminar. En lo que difieren es en el tamaño del cuerpo: con un estimado de 40 gramos, el murciélago fósil es aproximadamente tres veces más pesado que su primo y el peso promedio superior al de 900 especies de murciélagos vivos.

Mystacina miocenalis

“El tamaño del murciélagos está limitado físicamente por las exigencias de vuelo y de la ecolocalización, ya que tiene que ser pequeño, rápido y preciso para perseguir insectos en la oscuridad”, explica Hand. “El inusualmente gran tamaño de este murciélago sugiere que realizaba menos vuelos de caza y atrapaba presas más pesadas de la tierra y frutos más grades que su primo”, detalla.

El equipo también encontró una gran variedad de plantas, animales y fósiles de insectos en el lugar, lo que muestra que el ecosistema subtropical de 16 millones de años de edad parecía tener más temperaturas que hoy en día.

El sitio de Lago Manuherikia ha sido un tesoro para los paleontólogos en los últimos años, proporcionando las ranas más antiguas de Nueva Zelanda, lagartos y aves terrestres, así como cocodrilos únicos y tortugas terrestres.

“Sorprendentemente, los ecosistemas del Mioceno asociados con el murciélago fósil contienen los tipos de árboles utilizados hoy por "Mystacina" para dormir –dice Hand–. La mayoría de sus plantas de alimentos también están presentes, así como los artrópodos terrestres, incluyendo una variedad de escarabajos, hormigas y arañas, que estos murciélagos atrapaban en el suelo”.

Referencia
Suzanne J. Hand, Daphne E. Lee, Trevor H. Worthy, Michael Archer, Jennifer P. Worthy, Alan J. D. Tennyson, Steven W. Salisbury, R. Paul Scofield, Dallas C. Mildenhall, Elizabeth M. Kennedy, Jon K. Lindqvist. Miocene Fossils Reveal Ancient Roots for New Zealand’s Endemic Mystacina (Chiroptera) and Its Rainforest Habitat. PLOS ONE, 17 Jun 2015 DOI: 10.1371/journal.pone.0128871

Fuente



miércoles, 12 de marzo de 2014

PEREZOSOS ACUATICOS

Hace millones de años, perezosos acuáticos recorrían las aguas poco profundas frente a las costas de lo que hoy es  Chile y Perú. Estos nadadores ahora extintos tenían huesos de alta densidad que facilitaron la transición de la tierra al mar, ayudándoles a hundirse para pastar en la vegetación submarina.

Esqueleto y recreación de Thalassocnus

Los investigadores de la Universidad de la Sorbona en París estaban interesados en la confirmación de esta transición de la tierra al mar y el análisis de los tiempos de la transición mediante el estudio de los cambios en la densidad ósea en las especies progresivamente menores conservados en los yacimientos de fósiles peruanos.

Los restos fósiles sugieren que estos perezosos acuáticos se originaron en tierra y tuvieron una transición gradual a la vida submarina. Una serie de yacimientos de fósiles a lo largo de la costa de Perú contienen restos de cinco especies diferentes de perezosos extintos que los investigadores han interpretado como acuáticos, basados en la estructura de sus huesos. Por ejemplo, la densidad de sus huesos es mucho mayor que la densidad de los huesos de los mamíferos terrestres, pero similar a los huesos de mamíferos acuáticos que pastan en la vegetación del fondo marino, como los manatíes.

[Fuente]
http://www.huffingtonpost.com/2014/03/12/sea-sloth-land-ocean-fossils_n_4947982.html?&ncid=tweetlnkushpmg00000047

viernes, 20 de diciembre de 2013

Sorex (Drepanosorex) margaritodon, una musaraña propia del Pleistoceno Inferior en Atapuerca.

En los últimos años, los yacimientos de Gran Dolina y Sima del Elefante de la Sierra de Atapuerca (Burgos) han sido el origen de importantes hallazgos relacionados con la microfauna. El último, publicado en la revista Paläontologische Zeitschrift, es una musaraña propia del Pleistoceno Inferior, Sorex (Drepanosorex) margaritodon cuyos fósiles se han localizado en los niveles inferiores de la Sima del Elefante. Se trata de la primera vez que esta especie, perteneciente al grupo de los sorícidos o musarañas de dientes rojos, se encuentra en Europa occidental.


Mandíbula izquierda incompleta de Sorex (Drepanosorex) margaritodon de la Unidad Roja Inferior de la Sima del Elefante, Sierra de Atapuerca (Burgos, España) en vista lateral. / J. Rofes y G. Cuenca

Una invetigación firmada por los miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) Juan Rofes, de la Universidad del País Vasco, y Gloria Cuenca-Bescós, de la Universidad de Zaragoza y responsable del Grupo de Microfauna, describe la especie hallada en Atapuerca. Este animal es una musaraña, una de las pocas especies de mamíferos venenosas conocidas, que vivió en el yacimiento burgalés hace aproximadamente entre 780.000 años y 900.000 años, y que no se ha descubierto en otro lugar.

El interés de esta especie de musaraña descrita, Sorex (Drepanosorex) margaritodon, radica en tres aspectos fundamentales, según detalla a DiCYT el investigador Juan Rofes. "El primero es que hasta ahora solo se había encontrado en yacimientos de Europa central, al este del Rin, de modo que el hallazgo en la Sima del Elefante representa no sólo el primero en la península Ibérica, sino de toda Europa occidental”.

Por otro lado, Sorex (Drepanosorex) margaritodon “se ha encontrado en uno de los nieves más profundos del Pleistoceno Inferior de la Sierra de Atapuerca, en concreto en el yacimiento de la Sima del Elefante, donde han aparecido los restos más antiguos de homínidos de Europa, los que tienen sobre 1’2 millones de años”.

Esto representa además un importante avance en el ámbito de la biocronología, para la datación de los yacimientos, en concreto para el periodo comprendido entre hace 1’1 y 1’5 millones de años.

“Por la cronología de los yacimientos sabemos que es un especie propia solamente del Pleistoceno Inferior, es decir, que no llega al Pleistoceno Medio y por tanto no traspasa la barrera de los 700.000 años. Esto supone para nosotros un buen indicador biocronológico ya que si aparecen restos humanos, líticos o de macromamíferos en estos mismos sedimentos, por asociación con este animal podemos estimar su edad”, explica Rofes.

Además de describir la especie, en el artículo publicado en Paläontologische Zeitschrift los investigadores van un paso más allá y señalan el posible origen de Sorex (Drepanosorex) margaritodon, su evolución y aportan un mapa de distribución geográfica de la especie, así como sus relaciones de parentesco y filogenia con otras musarañas del mismo género.

Por otra parte, la descripción de este tipo de especies contribuye al conocimiento de la Paleoecología. “Cada una de estas descripciones de microfauna va sumando para llegar a los artículos de recopilación general que nos permiten realizar una reconstrucción del ambiente de Atapuerca en el que se movieron los homínidos y todos los animales que convivieron con ellos. Estos animales nos dan información, por ejemplo, sobre si el ambiente era más seco o más húmedo, más cálido o más frío, o si era más boscoso o más abierto”, recuerda el miembro del EIA.

El hallazgo de Sorex (Drepanosorex) margaritodon se suma a las otras musarañas descritas anteriormente por el EIA en los yacimientos de Gran Dolina (Dolinasorex glyphodon) y Sima del Elefante (Beremendia fissidens, Crocidura kornfeldi y Asoriculus gibberodon).

¿A qué se debe la acumulación de restos de microfauna?

La acumulación de restos de microfauna en los yacimientos tiene su origen en la actividad de las rapaces nocturnas, como lechuzas o búhos. “Estas rapaces suelen cazar a varios kilómetros a la redonda de los yacimientos y tienen habitualmente sus reposaderos en las partes altas de las cuevas. Las rapaces ingieren la carne de sus presas pero la piel, el pelo y los huesos los regurgitan formando una especie de bola denominada egagrópila.

La acumulación durante cientos de miles de años de estas egagrópilas a la entrada de las cuevas, dan como resultados las grandes acumulaciones de microvertebrados como murciélagos, conejos, musarañas, anfibios o reptiles en los yacimientos”, precisa el investigador.

Referencia

  • Rofes, J., & Cuenca-Bescós, G. (2013). First record of Sorex (Drepanosorex) margaritodon (Mammalia, Soricidae) in Western Europe: biostratigraphy, biogeography and evolution of the species. Paläontologische Zeitschrift, 1-13.


[Fuente]
http://www.agenciasinc.es/Noticias/Hallan-en-Atapuerca-una-musarana-propia-del-Pleistoceno-Inferior