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miércoles, 22 de julio de 2015

Combates de herbívoros en el Pérmico

Los combates entre machos de especies herbívoras a base de cabezazos y colmillos, como las representadas hoy por los ciervos, aparecieron por primera vez hace unos 270 millones de años.

Esto es lo que investigadores del Instituto de Estudios Evolutivos de la Universidad Witts han concluido, tras actualizar y profundizar un estudio de un ancestro de los mamíferos herbívoros, el Tiarajudens eccentricus, descubierto hace cuatro años.



A través de este estudio, investigadores de Brasil y Sudáfrica pueden ahora presentar una descripción minuciosa del cráneo, esqueleto y sustitución dental de esta especie en Brasil. Y saben ahora que hace 270 millones de años, los combates interespecíficos que hoy vemos entre ciervos machos ya tuvieron su precedente entre estos precursores de los mamíferos. El estudio se publica en Open Science.

Cuando se descubrió Tiarajudens eccentricus produjo algunas sorpresas: a pesar de tener dientes caninos sobresaliente y postcaninos ocluidos era un herbívoro.

El descubrimiento de esta especie brasileña permitió un nuevo análisis de la especie sudafricana Anomocephalus africanus descubierta 10 años antes. Las dos especies tienen varias características similares que indican claramente que estaban relacionadas, pero las especies africanas carecían de los colmillos con dientes de sable de su primo brasileño

En el Pérmico Medio, la época en que estas especies vivieron, hace unos 270 millones de años, las primeras comunidades con abundantes terápodos herbívoros fueron evolucionando.

En la actualidad, los caninos de los ciervos se utilizan en los combates entre machos. Los grandes caninos en el T. eccentricus se interpretan como una indicación de su uso de manera similar, y es la evidencia más antigua de machos herbívoros que usaron sus caninos durante peleas con sus rivales.


En otro grupo de parientes mamíferos fósiles, los dinocefalianos, que vivieron al mismo tiempo que los anomodontes, algunos de los huesos estaban en sus frentes engrosados masivamente.



Esto se puede interpretar como que estaba siendo usado en combates a cabezazos, un comportamiento moderno mostrado por varias especies de ciervos en la actualidad.

lunes, 6 de julio de 2015

Desarrollo de los colmillos del Smilodon fatalis

Un grupo de científicos se dio a la tarea de obtener mayor información sobre los temidos dientes utilizando una nueva técnica que combina el análisis isotópico con imágenes de rayos X, con la que escanearon cráneos de "dientes de sable" de una gran colección de fósiles.

Los resultados, publicados este miércoles en la revista científica PLoS ONE, muestran que los colmillos del Smilodon fatalis, crecían a un ritmo de seis milímetros por mes, casi el doble de rápido que los caninos de un león africano y de las uñas humanas.

Fuente PlosOne

Revelaron además que los caninos de estos felinos habían crecido totalmente cuando llegaban a los tres años de edad, lo que significa que estaban listos para cazar con la manada desde temprana edad.

Los investigadores también llevaron a cabo el escaneo de otros restos que formaban parte de la estructura ósea de los Smilodon y encontraron que para poder inmovilizar a sus presas, tenían un humero mucho más largo y rígido que otras especies de dientes de sable.

Los fósiles estudiados pertenecen al museo de La Brea Tar Pits, en Los Ángeles, California, que resultó ser unos de los más prolíficos depósitos de restos de especies que vivieron durante la Edad de Hielo en el mundo.


Los dientes caninos de los temibles felinos conocidos como "dientes de sable", del género Smilodon fatalis, que vivieron en América hace entre 700 mil años y 11 mil años, crecían al doble del ritmo en que lo hacen las uñas humanas.

Esas piezas dentales sobresalían hasta 18 centímetros de la mandíbula superior y con ellas los félidos podían destrozar cualquier animal que se cruzara en su camino, incluso mamuts, lo que le hacía un gran y temido depredador.

Al mismo tiempo, los alargados colmillos eran más vulnerables a fracturas por lo que les era imprescindible que inmovilizaran a sus presas con las patas delanteras.

Ilustración de Mauricio Antón del libro Sabertooth (2013)

Referencia



Fuente