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jueves, 23 de julio de 2015

Primer análisis detallado y exhaustivo sobre el hueso del oído de los cinodontes del Triásico

Durante mucho tiempo se ha creído que el hueso del oído llamado estribo, uno de los huesos más pequeños en los ancestros de los mamíferos, no muestra diferencias entre las especies.

Ahora, el doctor Leandro Gaetano y el profesor Fernando Abdala, del Instituto de Estudios Evolutivos de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, han completado el primer análisis detallado y exhaustivo sobre el hueso del oído de los cinodontes del Triásico, y han encontrado algunas variaciones notables en la morfología de este hueso, incluso entre animales de la misma especie.

"Nadie ha prestado realmente atención a este pequeño hueso antes. Al estudiar este hueso del oído de cinodontes del Triásico (los precursores de los mamíferos, incluidos los humanos), empezamos a ver esas diferencias en los dos últimos años", dice Gaetano. Los resultados de este estudio, que es sólo la primera parte de un proyecto de investigación mayor, se publican este miércoles en la revista Plos One.


El único hueso del oído en los antepasados de los mamíferos, el estribo, se ha registrado en muchos cinodontes del Triásico (entre hace 220-250 millones de años). El estribo es un hueso rectangular con un agujero en el centro rodeado de columnas anteriores y posteriores de hueso. Es el único hueso del oído medio y permite la transmisión de las ondas de sonido desde el tímpano al oído interno.

"Pocas contribuciones estudiaron el estribo en cinodontes y se ha considerado históricamente como un elemento conservador que no muestra diferencias entre las especies. Sorprendentemente, hemos descubierto que hay variaciones notables en la morfología de este hueso, incluso dentro de los representantes de la misma especie", afirma Gaetano.

Uno de los principales problemas sin resolver en cuanto al oído del cinodonte tiene que ver con la posición y características del tímpano, para lo cual se han propuesto tres teorías principales que compiten. "El estribo del cinodonte sugiere que las ondas de sonido en estos animales se transmiten al oído interno desde un tímpano en la parte posterior de la mandíbula inferior a través del estribo y los huesos quadrate", dice Abdala.

Este experto añade que sus investigaciones están en curso, por lo que no se sabe todavía si las diferencias también implican distintas capacidades auditivas, por lo que su investigación más profunda se centrará en cómo estos huesos cambian desde el animal más joven hasta el más antiguo de una especie.



La contribución de Gaetano y Abdala proporciona una mejor comprensión del sistema auditivo en los cinodontes y su evolución, destacando la variabilidad de la anatomía ósea del oído medio. Esos científicos están estudiando actualmente el cambio en este hueso durante el crecimiento de un cinodonte sudafricano del Triásico.

Referencia



lunes, 20 de julio de 2015

¿Cuánta información almacena la vida en la Tierra?


El virus de la gripe A H1N1 tiene 0,013 Mb de información [genética] almacenado en su genoma. Una típica bacteria intestinal como la E. coli, un poco más de 4,5 Mb. La papa, unos 850 Mb. Y, el ser humano, alrededor de 3.200 Mb. No necesariamente los organismos más complejos almacenan mayor información. Por ejemplo, la ameba (A. dubia) (un organismo bastante simple) tiene un genoma de 670.000 Mb, suficiente como para caber dentro de unas 10 memorias USB de 16 Gb (4 pares de base de ADN [información genética] = 1 byte [información digital]).

Son números realmente grandes y solo hemos tomado algunas especies como ejemplos. Ahora imaginen la cantidad de información almacenada en cada una de las células de todos los organismos que conforman las 8,7 millones de especies que se estima hay en nuestro planeta. Es decir, la cantidad de información que almacena la vida (incluyendo a los virus). ¿Te atreves a dar un número?

Tres investigadores del Centro para la Astrobiología del Reino Unido hicieron este cálculo, cuyo resultado aparece publicado en el último número de la revista PLOS Biology.

El primer paso fue estimar la cantidad de ADN que hay en cada uno de los cinco principales grupos de seres vivos: los procariotas (arqueas y bacterias), las plantas, los animales, los eucariotas unicelulares (protistas) y los hongos; incluyendo también a los virus. La tarea fue titánica porque se debía determinar (de manera aproximada) cuántas células había en cada uno de estos grupos, cuyo valor se obtuvo en función a la biomasa (cantidad total de materia que hay en todos los organismos que viven en un lugar determinado), y el tamaño promedio de sus genomas. Se incorporó además un factor de corrección de acuerdo al número de copias del genoma que hay en cada célula (ploidía) de cada organismo.

Método para calcular la cantidad de ADN por cada subgrupo de seres vivos.
Fuente: Landenmark, et al. 2015.

Como ejemplo calcularemos la cantidad de información almacenada en los procariotas.

Se estima que en nuestro planeta hay cinco quintillones (5×1030) de células procariotas. El tamaño promedio del genoma de las especies [conocidas] que conforman este grupo es 3,2 Mb. Si multiplicamos estos dos valores obtenemos 16 quintillones (1,6×1031) de Mb de información. ¡Aritmética simple!

El trío de investigadores repitió este procedimiento para cada grupo de organismos. Los resultados se resumen en la siguiente tabla:

Cantidad de ADN por cada grupo de organismos. Fuente: Landenmark, et al. 2015.

¡La vida en la Tierra almacena 53 quintillones de Mb de información genética! Esto equivale a 50 mil millones de toneladas de ADN, que si quisiéramos transportarlo de un lugar a otro deberíamos contratar a una empresa logística que tenga unos mil millones de contenedores marítimos. No obstante, lo más sorprendente es que para almacenar toda esta información genética de forma digital se requiere de mil trillones (1021) de Tianhe-2 (la más grande supercomputadora del mundo) cada una valorizada en 390 millones de dólares y que ocupa un área de 720 m2. Esto quiere decir que requeriríamos de 1.400 millones de Tierras o una superficie equivalente al área barrida por la órbita de Marte alrededor del Sol para colocar todas estas computadoras.

Cabe indicar que para este cálculo no se consideró al ADN mitocondrial, ni al ADN plastídico, ni al ADN de la hojarrasca, puesto que su aporte a la sumatoria total de ADN no es significativo.

Referencia:


Estudio de la USACH, refuta la hipótesis sobre la colonización de especies invasoras, planteada por Charles Darwin

Fuente: Fuente: USACH/DICYT

En 1859 Charles Darwin publicó El origen de las especies, donde señaló que una especie invasora que exhibe un alto grado de parentesco evolutivo (relación filogenética) con la comunidad que invade, tendría escasas posibilidades de establecerse, pues la “lucha por la existencia” sería más intensa entre especies emparentadas. No obstante, experimentos actuales del investigador de la Facultad de Química y Biología y del Cedenna, el doctor Sergio A. Castro, en Chile, concluyeron algo diferente.

“Mucha gente ha aceptado, por la posición que alcanzó Darwin en la ciencia, sus hipótesis como hechos incontrovertibles. Sin embargo, muchas de ellas descansan sobre mecanismos no evaluados. Esto es una situación que se da en el desarrollo de las ciencias, ya que usualmente aparecen las observaciones, las que son puestas a prueba posteriormente”, señala el investigador del Laboratorio de Ecología y Biodiversidad de la Universidad de Santiago (USACH), Sergio A. Castro.

Doctor Sergio A. Castro, responsable de la investigación. (Foto: USACH)

Para poner a prueba la hipótesis de Darwin, junto al equipo de investigación que dirige, desarrolló un proyecto Fondecyt que dio origen a la publicación Evaluación de Hipótesis de Naturalización de Darwin en experimento de un conjunto de plantas: Las relaciones filogenéticas no determinan colonización éxito. Este artículo apareció en la prestigiosa revista Plos One, actualmente la revista científica más grande del mundo y con un alto factor de impacto (Q1) en relación a sus citaciones.

“A un territorio se pueden introducir diversas especies y varias pueden terminar por establecerse poblacionalmente como si fueran nativas; es decir, con independencia de la acción humana. Esto es lo que se considera una especie naturalizada. En nuestro experimento observamos la colonización de una planta sobre distintas comunidades vegetales, estas últimas con diferentes niveles de parentesco en relación a la invasora. Si Darwin tenía razón, se hubiese registrado una tendencia de establecimiento de la invasora dependiendo del parentesco evolutivo. Sin embargo, luego de tres años, evaluamos los resultados y no apoyaron la hipótesis de Darwin”, relata el académico.

El experimento se desarrolló en la localidad de Batuco y se seleccionaron 15 especies. Una de estas fue la lechuga silvestre (Lactuca), la que fue escogida como especie colonizadora o invasora y entre las 14 restantes, entre las cuales se encontraban la manzanilla, haba, rúcula, etc. se conformaron comunidades experimentales. Con estas plantas se desarrollaron cinco tratamientos, diferenciados por distancias filogenéticas con Lactuca, los cuales no mostraron dependencia de su colonización en relación al parentesco filogenético.

Lactuca perennis 

“En nuestro estudio todas las plantas pudieron convivir, independiente de sus parentescos. Por esto, los resultados manifiestan que la hipótesis de Darwin no tiene un respaldo tan sólido o por lo menos no es tan general como él lo planteaba”, indica Castro.

El investigador también ha evaluado la hipótesis de naturalización de Darwin analizando la composición de la flora chilena y las plantas exóticas que han sido introducidas. En esta publicación no solo logró concluir que la hipótesis no se cumplía, sino que emergían resultados en el sentido opuesto.

“Detectamos que una especie de otro ambiente puede llegar a Chile central y encontrar parientes que sobreviven muy bien en este clima. Estos mismos parientes le pueden entregar polinizadores y dispersores de semillas, haciendo de su naturalización algo más probable, contrario a lo esperado por la hipótesis de Darwin”, expresa.

A lo largo de las últimas décadas se ha observado un mayor interés de la ciudadanía en saber cómo las diversas actividades de la humanidad afectan al medio ambiente. El foco se ha centrado en el cambio climático, obviando otros aspectos como la introducción de las especies, sea flora o fauna, en territorios donde no son nativos. Estos aspectos son observados como parte del cambio global.

“Chile es una isla biogeográfica. Tiene una cordillera, un desierto y un océano que lo aíslan, por lo que su flora ha evolucionado desde hace más de 180 millones de años aislada del mundo. Sin embargo, en los últimos siglos se han introducido especies que son un riesgo para las especies nativas”, explica Castro.

Tal es la particularidad biogeográfica de Chile central que es considerado uno de los 35 “Hot Spot” (puntos calientes) de biodiversidad del planeta. Estos sitios representan lugares que concentran un alto porcentaje de especies endémicas, pero que al mismo tiempo su conservación se encuentra amenazada producto del impacto humano.


“Una especie introducida puede generar la extinción de otra nativa, erosionando nuestra biodiversidad. En la actualidad, nuestra diversidad de especies de plantas exóticas es alta en comparación a la flora nativa. La pregunta es qué podemos hacer para prevenir esto. Es muy poco lo que podemos hacer en un escenario de globalización, pero sí podemos generar diagnósticos para evitar que algunas especies entren y que además se naturalicen”, sentencia el investigador del Laboratorio de Ecología y Biodiversidad de la Facultad de Química y Biología, y del Centro para el Desarrollo de la Nanociencia y la Nanotecnología (Cedenna).


viernes, 17 de julio de 2015

Propuesta nueva clasificación para las avispas de las agallas

Las avispas de las agallas representan una de las interacciones planta-insecto más interesante de las que se producen en la naturaleza, ya que estos insectos son capaces de manipular la genética y la fisiología de la planta en su propio beneficio. Un equipo de científicos ha descubierto nuevos datos de la historia evolutiva de esta especie.

Agalla de Andricus kollari mostrando en su interior larvas inquilinas de una especie de Synergus, perteneciente al principal  linajes de inquilinos en agallas de cinípidos de los robles.
José Luis Nieves-Aldrey

Un equipo internacional, con participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), ha presentado el primer estudio integral de las relaciones filogenéticas o de parentesco de las avispas de las agallas, es decir, de los insectos himenópteros de la familia Cynipidae. Esta clasificación revisada divide la familia en 12 tribus de las cuales cuatro se proponen como nuevas: Aulacideini, Phanacidini, Diastrophini y Ceroptresini.

Los datos se han obtenido mediante el estudio morfológico y molecular de más de 100 especies de cinípidos de todo el mundo que representan todos los linajes conocidos y la mayoría de los géneros de la familia.

Una avispa de las agallas de los robles en el momento de
depositar sus huevos en una yema de roble. /MNCN

Las avispas de las agallas representan una de las interacciones planta-insecto más interesantes de las que se producen en la naturaleza, ya que estos insectos son capaces de manipular la genética y la fisiología de la planta en su propio beneficio.

Dentro de las agallas viven asociadas microcomunidades de insectos integradas por especies inquilinas parasitoides y sucesores formando redes tróficas complejas. Estas avispas y sus comunidades asociadas pertenecen al orden de los himenópteros, uno de los cuatro grandes grupos hiperdiversos de insectos, que agrupa más de 200.000 especies entre las que se encuentran hormigas, abejorros o abejas entre otros.

Agallas de cinípidos en quejigo (Quercus faginea). Obsérvense las bellotas al lado de las agallas que muchas veces son confundidas con frutos. / MNCN

“Gracias a esta investigación hemos podido confirmar que los cinípidos, o avispas de las agallas, son muy conservadores en la elección de sus plantas hospedadoras y que la expansión de sus linajes asociada a plantas herbáceas   se ha producido de manera repetida sobre diferentes grupos de plantas no relacionadas entre sí”, explica José Luis Nieves-Aldrey, investigador del MNCN.

Algunas especies de avispas de las agallas tienen mucha relevancia agroforestal ya que pueden atacar distintos árboles de la familia de las fagáceas, como las  encinas, los alcornoques y los robles. De hecho, la avispita del castaño, Dryocosmus kuriphilus, una especie invasora de reciente introducción en España, se ha convertido en una importante plaga para la producción del fruto de este árbol.

“Conocer mejor las interacciones de estos insectos con las plantas puede ayudar a mejorar el tratamiento de este tipo de plagas”, comenta Nieves-Aldrey.

Una sorprendente teoría evolutiva

Los resultados del estudio refutan algunas de las hipótesis evolutivas previas, basadas solo en datos morfológicos, que se manejaban respecto a la evolución de este grupo de insectos.

Hasta ahora se asumía que el origen de las avispas de las agallas estaba en el hemisferio norte y que, partiendo de la inducción de agallas en plantas herbáceas, se extendieron rápidamente a plantas leñosas y árboles, fundamentalmente fagáceas del género Quercus.

Agalla de Diastrophus rubi en los tallos de la zarzamora (Rubus spp.). / MNCN

“Nuestros resultados sugieren un escenario diferente, más complejo, en el que las primeras avispas de las agallas estuvieron asociadas con plantas leñosas del hemisferio sur a la vez que se encuentran evidencias de un posible origen múltiple de los cinípidos inductores de agallas”, aclara el investigador.

En cuanto a los grupos de cinípidos inquilinos que viven en las agallas, las teorías previas apuntaban a que se trataba de un grupo monofilético (especies cuyos miembros descienden de una misma especie troncal compartida exclusivamente por ellos) que habrían surgido a partir de los verdaderos inductores de agallas tras perder la facultad de inducirlas por sí mismos. Los resultados del estudio apuntan, por el contrario,  a un origen múltiple, polifilético, de los inquilinos.

“Una interesante hipótesis que se deriva del estudio es que la facultad de inducción de las agallas pudo surgir en los cinípidos a partir de distintos linajes de inquilinos en agallas de otros himenópteros, de lo que encontramos ejemplos actuales en los bosques de Nothofagus del sur de Chile”, apunta José Luis Nieves-Aldrey.

“Las relaciones de las diferentes tribus de cinípidos no han quedado completamente resueltas en el análisis, por lo que la cuestión del origen y evolución ancestral de este grupo de insectos inductores de agallas tiene aún muchos puntos oscuros que se irán dilucidando a medida que hagamos análisis más profundos, algunos de los cuales están ya en marcha”, concluye Nieves Aldrey.

Referencia






jueves, 9 de julio de 2015

Wendiceratops pinhornensis, nuevo dinosaurio con cuernos


Científicos del Museo Real de Ontario (Canadá) y el Museo de Historia Natural de Cleveland (EE UU) han descubierto una nueva especie de dinosaurio con cuernos, Wendiceratops pinhornensis, en un yacimiento del sur de Alberta en Canadá. El hallazgo podría representar la primera aparición documentada de un cuerno en la nariz como ya se ha encontrado en otros ceratópsidos como los Triceratops y arroja luz sobre la evolución de las protuberancias en esta familia de dinosaurios.


Reconstrucción de Wendiceratops pinhornensis por Danielle Dufault

Un equipo científico describe en el último número de la de la revista PLoS ONE un nuevo dinosaurio, denominado Wendiceratops pinhornensis, a partir de más de 200 huesos que representan los restos de, al menos, cuatro individuos (tres adultos y un juvenil) hallados en el sur de Alberta, Canadá.

Según los autores, pertenecientes a grupos de investigación del Museo Real de Ontario (Canadá) y el Museo de Historia Natural de Cleveland (EE UU), Wendiceratops tenía aproximadamente 6 metros de largo y pesaba más de una tonelada. Vivió hace aproximadamente 79 millones de años, por lo que es uno de los miembros más antiguos de la familia de grandes dinosaurios con cuernos, que incluye al famoso ceratópsido Triceratops.

"Wendiceratops nos ayuda a comprender la evolución temprana de la ornamentación de los cráneos en un grupo icónico de dinosaurios que se caracterizan por sus rostros con cuernos", declara David Evans, coautor del estudio e investigador en el Museo Real de Ontario (Canadá).

Una serie de cuernos en forma de gancho curvados hacia delante adornaban su gola craneal, como una especie de armadura que se proyectaba desde la parte posterior del cráneo de Wendiceratop. Asimismo, el hueso nasal, aunque aparece en piezas fragmentadas, probablemente apoyaba un prominente cuerno en posición vertical.

El dinosaurio con los cuernos más llamativos

Para los científicos, esto podría representar la primera aparición documentada de un cuerno en la nariz como la de los demás ceratópsidos y arrojar luz sobre la evolución de estas protuberancias en la familia de los dinosaurios con cuernos.

"La gran gola ósea de Wendiceratops estaba rodeada por numerosos cuernos rizados, la nariz tenía un cuerno grande y recto, y probablemente también tenía cuernos sobre los ojos. El número de cuernos retorcidos en la gola craneal lo convierte en uno de los dinosaurios con cuernos más llamativos que se ha encontrado”, asegura Evans.

El nombre de esta nueva especie significa "cuernos cara de Wendy", en honor a Alberta Wendy Sloboda, una joven aficionada a los fósiles y quien  descubrió el yacimiento en 2010.

Este descubrimiento se suma a un creciente cuerpo de investigación que sugiere la alta diversidad que tenían los ceratópsidos, probablemente asociada con una radiación evolutiva rápida del grupo.

Referencia
  • Evans DC, Ryan MJ (2015) “Cranial Anatomy of Wendiceratops pinhornensis gen. et sp. nov., a Centrosaurine Ceratopsid (Dinosauria: Ornithischia) from the Oldman Formation (Campanian), Alberta, Canada, and the Evolution of Ceratopsid Nasal Ornamentation”. PLoS ONE 10(7): e0130007. doi:10.1371/journal.pone.0130007.

martes, 7 de julio de 2015

Babibasiliscus alxi, podría representar el primer miembro del grupo denominado “Lagartos Jesucristo"

Apodados así por su habilidad para correr sobre el agua. Hace unos 48 millones de años, una especie “hermana” de esta familia de reptiles que vivía en EE UU también parece haber tenido esta habilidad. El hallazgo arroja luz sobre el clima tropical de EE UU durante la época del Eoceno.

Imagen del cráneo escaneado de Babibasiliscus alxi. / Jack L. Conrad

Los parientes modernos de los lagartos “Jesucristo”, de la familia de los coritofánidos (Corytophanidae), viven en el área que va desde el centro de México hasta el norte de Colombia, y gozan de temperaturas tropicales. El nuevo fósil hallado en Wyoming, al norte de EE UU, y denominado Babibasiliscus alxi, podría representar el primer miembro de este grupo de reptiles, que incluye a las iguanas y los camaleones.

Jack Conrad, investigador en el departamento de Paleontología de Vertebrados del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, destaca en PLoS ONE que la principal característica de la nueva especie de lagarto era caminar sobre el agua. “Aunque no tenemos evidencias directas de que este animal fuera en realidad capaz de correr por la superficie del agua, al pertenecer a la familia de los coritofánidos pudo tener esa habilidad”, dice a Conrad.

El grupo de los lagartos “Jesucristo” incluye los géneros Basiliscus (que son los que mejor caminan sobre el agua) y Laemantus, que también lo hacen, “pero no tan bien”, confiesa el experto, quien añade que el nuevo fósil es un taxón “hermano” de estos últimos.

"Si tu hermano puede correr sobre el agua y tu primo también, hay muchas probabilidades de que tú también puedas hacerlo. Es el llamado horquillado filogenético”, explica Conrad.

Un resistente lagarto de ambientes tropicales

Babibasiliscus alxi fue el miembro más antiguo de la familia de estos lagartos y demuestra que este grupo de reptiles "apareció antes de lo que se pensaba”, asegura el investigador. “Es como encontrar una foto de tu hermano gemelo y tú mismo de 1995. Eso quiere decir que tu gemelo estaba vivo en esa fecha”, ilustra el paleontólogo.

En cuanto a sus características físicas, Conrad subraya que se trataba de un reptil muy resistente. Prueba de ello es la fractura de mandíbula que sufrió el individuo hallado y que se curó a lo largo de su vida.

Además, el cráneo encontrado estaba fuertemente construido, “lo que sugiere que pudo haber sido capaz de aprovecharse de una amplia variedad de alimentos”, apunta el científico. El fósil muestra pequeños dientes que le permitieron comer serpientes, otros lagartos, peces, insectos y plantas, como hacen en la actualidad sus parientes modernos.

Sin embargo, el fósil fue hallado muy lejos de donde suelen vivir ahora estos reptiles: en la América tropical. “Durante mucho tiempo se pensó que estos lagartos se originaron en ese lugar y que pasaron toda su historia evolutiva allí, pero esta nueva especie y otra encontrada en Europa demuestran que la familia estuvo una vez mucho más extendida”, indica Conrad.

El estudio revela que la zona donde se halló el fósil tuvo el mismo ambiente tropical que donde viven los lagartos actuales. “La formas modernas de estos animales están restringidas a los trópicos, por lo que en el centro de EE UU las condiciones climáticas hace 48 millones de años pudieron permitir que estos animales sobrevivieran”, concluye el investigador.

Referencia
  • Jack L. Conrad. “A New Eocene Casquehead Lizard (Reptilia, Corytophanidae) from North America” PLoS ONE DOI:10.1371/journal.pone.012790 1 de julio de 2015

Fuente



lunes, 6 de julio de 2015

Desarrollo de los colmillos del Smilodon fatalis

Un grupo de científicos se dio a la tarea de obtener mayor información sobre los temidos dientes utilizando una nueva técnica que combina el análisis isotópico con imágenes de rayos X, con la que escanearon cráneos de "dientes de sable" de una gran colección de fósiles.

Los resultados, publicados este miércoles en la revista científica PLoS ONE, muestran que los colmillos del Smilodon fatalis, crecían a un ritmo de seis milímetros por mes, casi el doble de rápido que los caninos de un león africano y de las uñas humanas.

Fuente PlosOne

Revelaron además que los caninos de estos felinos habían crecido totalmente cuando llegaban a los tres años de edad, lo que significa que estaban listos para cazar con la manada desde temprana edad.

Los investigadores también llevaron a cabo el escaneo de otros restos que formaban parte de la estructura ósea de los Smilodon y encontraron que para poder inmovilizar a sus presas, tenían un humero mucho más largo y rígido que otras especies de dientes de sable.

Los fósiles estudiados pertenecen al museo de La Brea Tar Pits, en Los Ángeles, California, que resultó ser unos de los más prolíficos depósitos de restos de especies que vivieron durante la Edad de Hielo en el mundo.


Los dientes caninos de los temibles felinos conocidos como "dientes de sable", del género Smilodon fatalis, que vivieron en América hace entre 700 mil años y 11 mil años, crecían al doble del ritmo en que lo hacen las uñas humanas.

Esas piezas dentales sobresalían hasta 18 centímetros de la mandíbula superior y con ellas los félidos podían destrozar cualquier animal que se cruzara en su camino, incluso mamuts, lo que le hacía un gran y temido depredador.

Al mismo tiempo, los alargados colmillos eran más vulnerables a fracturas por lo que les era imprescindible que inmovilizaran a sus presas con las patas delanteras.

Ilustración de Mauricio Antón del libro Sabertooth (2013)

Referencia



Fuente



lunes, 22 de junio de 2015

Mystacina miocenalis, nuevo fósil de murciélago

Se trata de un murciélago que habito Nueva Zelanda, hace 16 millones de años y tenía un tamaño aproximadamente tres veces a los actuales representantes.


Los fósiles se encontraron cerca de Central Otago, en la Isla del Sur, en el sedimento remanente de un vasto conjunto prehistórico de agua conocido como Lago Manuherikia, que formaba parte de una selva subtropical más cálida durante la era del Mioceno temprano, entre hace 16 y 19 millones de años.

La nueva especie, Mystacina miocenalis, que se describe en un artículo publicado en la edición de este miércoles de Plos One, se relaciona con otro murciélago, Mystacina tuberculata, que aún vive en antiguos bosques de Nueva Zelanda.

“Nuestro descubrimiento muestra por primera vez que los murciélagos Mystacina han estado presentes en Nueva Zelanda durante más de 16 millones de años, viviendo en hábitats con vida vegetal y fuentes de alimentos muy similares”, dice la autora principal y paleontóloga de vertebrados Suzanne Hand, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) en Australia.

Los únicos mamíferos terrestres nativos de Nueva Zelanda son tres especies de murciélagos, dos de ellas pertenecientes al género Mystacina, una de las cuales fue vista por última vez en la década de 1960. Se les conoce como murciélagos de madriguera, ya que se alimentan en el suelo bajo la hojarasca y la nieve, así como en el aire, hundiendo las muñecas y con los pies hacia atrás, manteniendo sus alas fuertemente plegadas.



Se cree que estos murciélagos tienen una historia antigua en Nueva Zelanda, pero hasta ahora, el fósil más antiguo de un murciélago Mystacina en Nueva Zelanda era de una cueva en la Isla Sur, que data de hace 17.500 años. Este último descubrimiento obliga a un replanteamiento de cuándo llegaron por primera vez estos peculiares murciélagos andantes a lo que hoy en día es Australia.

“Esto nos ayuda a entender la capacidad de los murciélagos para establecer poblaciones en las islas y las condiciones climáticas necesarias para que esto suceda –señala Hand–. Los murciélagos son importantes polinizadores y dispersores de semillas que mantienen los bosques sanos. Entender la conectividad entre las faunas de murciélagos de las diferentes masas de tierra es importante para evaluar las amenazas de bioseguridad y las prioridades de conservación de los ecosistemas insulares frágiles”.

La nueva especie tiene dientes similares a  su pariente contemporáneo, lo que sugiere una dieta amplia que incluye néctar, polen y fruta, así como insectos y arañas. Los huesos de las extremidades que se encontraron en el depósito también mostraron estructuras similares especializadas para caminar. En lo que difieren es en el tamaño del cuerpo: con un estimado de 40 gramos, el murciélago fósil es aproximadamente tres veces más pesado que su primo y el peso promedio superior al de 900 especies de murciélagos vivos.

Mystacina miocenalis

“El tamaño del murciélagos está limitado físicamente por las exigencias de vuelo y de la ecolocalización, ya que tiene que ser pequeño, rápido y preciso para perseguir insectos en la oscuridad”, explica Hand. “El inusualmente gran tamaño de este murciélago sugiere que realizaba menos vuelos de caza y atrapaba presas más pesadas de la tierra y frutos más grades que su primo”, detalla.

El equipo también encontró una gran variedad de plantas, animales y fósiles de insectos en el lugar, lo que muestra que el ecosistema subtropical de 16 millones de años de edad parecía tener más temperaturas que hoy en día.

El sitio de Lago Manuherikia ha sido un tesoro para los paleontólogos en los últimos años, proporcionando las ranas más antiguas de Nueva Zelanda, lagartos y aves terrestres, así como cocodrilos únicos y tortugas terrestres.

“Sorprendentemente, los ecosistemas del Mioceno asociados con el murciélago fósil contienen los tipos de árboles utilizados hoy por "Mystacina" para dormir –dice Hand–. La mayoría de sus plantas de alimentos también están presentes, así como los artrópodos terrestres, incluyendo una variedad de escarabajos, hormigas y arañas, que estos murciélagos atrapaban en el suelo”.

Referencia
Suzanne J. Hand, Daphne E. Lee, Trevor H. Worthy, Michael Archer, Jennifer P. Worthy, Alan J. D. Tennyson, Steven W. Salisbury, R. Paul Scofield, Dallas C. Mildenhall, Elizabeth M. Kennedy, Jon K. Lindqvist. Miocene Fossils Reveal Ancient Roots for New Zealand’s Endemic Mystacina (Chiroptera) and Its Rainforest Habitat. PLOS ONE, 17 Jun 2015 DOI: 10.1371/journal.pone.0128871

Fuente



jueves, 12 de diciembre de 2013

Djebelemur martinezi, ¿se debe ajustar el reloj molecular?

Los fósiles descubiertos en Túnez desafían varias hipótesis sobre el origen de los primates de dientes de peine (Lemures, Loris y Galagos). Los fósiles son de un pequeño primate llamado Djebelemur martinezi, que vivió hace unos 50 millones de años. Fueron descubiertas por un equipo franco-tunecino del Institut des Sciences de l'Evolution en Montpellier (CNRS / Université Montpellier 2/IRD) y la Oficina Nacional de Minas (ONM) en Túnez.



Según los paleontólogos, Djebelemur fue probablemente una forma de transición que conduce a la aparición de los primates de dientes de peine. Sin embargo, de acuerdo a los datos genéticos, estos primates aparecieron por lo menos 15 millones de años antes. Por lo tanto, Djebelemur desafía las hipótesis formuladas por la biología molecular. El trabajo, que acaba de ser publicado en PLoS One (ver Referencias), hace que sea posible la reconstrucción de un capítulo en la historia evolutiva de este linaje. Además, puede ayudar a refinar los modelos genéticos.

Los primates de Diente de peine, también llamados estrepsirrinos, comprenden los lémures, los loris y los galagos). En estos primates, los dientes anteriores de la mandíbula inferior tienen la forma de un peine. Esto se utiliza principalmente para el aseo, pero también, en algunas especies, para la adquisición de las gomas naturales que forman parte de su dieta.

Una pregunta clave que debaten los primatólogos se refiere a la época en que los primates estrepsirrinos aparecieron por primera vez. Datos genéticos reciente data el origen de los lémures y loris al inicio del período Terciario, justo después de la desaparición de los dinosaurios (hace aproximadamente 65 millones de años). Algunos biólogos moleculares aun creen que la divergencia de los dos grupos se produjo hace 80 millones de años. Sin embargo, los datos paleontológicos no corrobora estas hipótesis: el fósil más antiguo conocido hasta ahora, data de hace apenas 37 millones de años. ¿Podría deberse esto simplemente a una brecha en el registro fósil?

El fósil.

El espécimen fue descubierto en los sedimentos de un antiguo lago en el Parque Nacional Chambi Djebel , Túnez. Djebelemur martinezi, fue un animal muy pequeño que pesaba apenas 70 gramos. Fue sin duda de vida nocturna, un depredador de insectos y arborícola. Algunas de sus características morfológicas sugieren que era un pariente lejano de lemures, loris y galagos . Sin embargo, a pesar de que todavía no tenía un peine dental tan especializado, presentaba una estructura dental que ya se había transformado, una etapa temprana de la dentición anterior de los estrepsirrinos modernos.


Así Djebelemur martinezi parece ser una forma de transición, que datan de antes de la divergencia entre  loris y lémures. Por lo tanto, los primates de dientes de peine, probablemente no se originaron cuando los biólogos moleculares han afirmado, si no hace menos de 50 millones de años, la edad de los fósiles de Djebelemur martinezi.

Esta no es la primera vez que los datos genéticos no está de acuerdo con los datos paleontológicos. Para muchos grupos de mamíferos, los genetistas tienden a proponer fechas anteriores de origen que las prescritas en la observación directa de los registros fósiles. La biología molecular intenta cada vez más refinar sus modelos limitando con los datos fósiles. En el caso del origen de los primates de dientes de peine, Djebelemur podría llegar a ser un hito importante por lo que es posible para restablecer el reloj molecular y mejorar las estimaciones de divergencia fechas derivadas de filogenias moleculares.

Referencia
  • Laurent Marivaux, Anusha Ramdarshan, El Mabrouk Essid, Wissem Marzougui, Hayet Khayati Ammar, Renaud Lebrun, Bernard Marandat, Gilles Merzeraud, Rodolphe Tabuce, Monique Vianey-Liaud. Djebelemur, a Tiny Pre-Tooth-Combed Primate from the Eocene of Tunisia: A Glimpse into the Origin of Crown Strepsirhines. PLoS ONE, 2013; 8 (12): e80778 DOI: 10.1371/journal.pone.0080778 [http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0080778]


[Fuente]
http://www.sciencedaily.com/releases/2013/12/131211070215.htm

lunes, 9 de diciembre de 2013

Niassodon mfumukasi, NUEVA ESPECIE DE SINÁPSIDO DESCUBIERTO MOZAMBIQUE.

Un equipo internacional de científicos ha encontrado en la provincia de Niassa (Mozambique), una nueva especie y género de vertebrados fósiles, un pariente lejano de los mamíferos de hace 256 millones de años. Esta nueva especie pertenece a un grupo de animales llamados sinápsidos (“Synapsida”), que incluye una serie de linajes extintos que dominaron las comunidades de la tierra en el Pérmico Tardío (hace entre 260 y 252 millones de años).


Paleontólogos de nueve instituciones, entre ellos Kenneth Angielczyk, conservador asociado en el Museo Field de Chicago, en Estados Unidos, describen la anatomía de esta nueva especie en la revista científica “Plos One”. El fósil fue denominado Niassodon mfumukasi, que en el idioma local (chiyao) significa: la reina del Lago Niassa, en homenaje a la sociedad matriarcal Yao, a las mujeres de Mozambique y la belleza del Lago Niassa.

La investigación se llevó a cabo bajo los auspicios del Projecto PalNiassa, una colaboración científica internacional y multidisciplinaria que incluye más de dos docenas de científicos de tres continentes diferentes. El objetivo del proyecto es encontrar, estudiar y preservar el patrimonio paleontológico de Mozambique.

Niassodon mfumukasi, es el primer nuevo género (y especie) de un vertebrado fósil de Mozambique y su holotipo, es un raro ejemplo de un sinápsido que conserva el cráneo y gran parte del esqueleto juntos. Gracias a la tomografía microcomputarizada fue posible reconstruir digitalmente los huesos de Niassodon y construir un modelo virtual de su cerebro, revelando información sobre la anatomía cerebral de los primeros sinápsidos, que es importante para la comprensión de la evolución de muchas funciones del cerebro de los mamíferos.

La reconstrucción del cerebro y de la anatomía del oído interno de Niassodon es el más detallado presentado hasta la fecha para un sinápsido temprano, según los investigadores. Utilizando los datos digitales adquiridos en las tomografías, se pudo aislar todos los huesos individuales preservados para crear un nuevo código de color topológico, codificado matemáticamente, por los huesos del cráneo, lo que posibilitará estandarizar los colores utilizados en un modelo digital similar para otros animales.


El fósil se puede visitar en el Museo de Lourinh (Portugal) , pero pronto volverá a Mozambique, donde se convertirá en parte de las colecciones del Museo Nacional de Geología en Maputo. La muestra se recogió durante el trabajo de campo en el año 2009 con el apoyo del Museo Nacional de Geología (Maputo) y fue preparado en el Museo de Lourinh (Portugal), Instituto Gulbenkian de Ciência (Oeiras, Portugal) y la Universidad Metodista del Sur (Dallas), mientras la tomografía 3D se realizó en DESY-HZG (Hamburgo, Alemania).

[Referencia]
Rui Castanhinha, Ricardo Araújo, Luís C. Júnior, Kenneth D. Angielczyk, Gabriel G. Martins, Rui M. S. Martins, Claudine Chaouiya, Felix Beckmann, Fabian Wilde. Bringing Dicynodonts Back to Life: Paleobiology and Anatomy of a New Emydopoid Genus from the Upper Permian of Mozambique. PLoS ONE, 2013; 8 (12): http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0080974

[Fuente]

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Lythronax argestes, nuevo dinosaurio del arbol familiar del T-Rex.



Científicos han descubierto nueva especie de tiranosaurio en el Monumento Nacional de Grand Staircase-Escalante (GSENM), que abarca 1,9 millones de hectáreas de terreno alto desierto en el centro-sur de Utah, en Estados Unidos. El enorme carnívoro habitó Laramidia, una masa de tierra formada en la costa occidental en un mar poco profundo que inundó la región central de América del Norte, aislando las porciones oriental y occidental del continente durante millones de años durante el Cretácico Tardío, entre hace 95 y 70 millones de años.


El dinosaurio recién descubierto, que pertenece a la misma rama evolutiva que el famoso 'Tyrannosaurus rex', se anunció este miércoles en la revista de acceso abierto 'Plos One' y dio a conocer en una exhibición en la 'Worlds Gallery' del Museo de Historia Natural de Utah, en el centro de Rio Tinto, en Salt Lake City, Utah.

Entre los tiranosauros, un grupo con cuerpos desde pequeños a grandes, bípedos carnívoros como el 'T. Rex' que vivieron durante los períodos Jurásico y Cretácico, están la especie recién descubierta, 'Lythronax Argestes', que posee varias características únicas, como un corto y estrecho hocico, con una amplia parte de atrás del cráneo con los ojos orientados hacia adelante. Lythronax se traduce como "el rey de la sangre" y 'Argestes' se refiere a su ubicación geográfica en el suroeste de Estados Unidos.

Anteriormente, los paleontólogos pensaban que este tipo de tiranosaurio de gran cráneo sólo aparecieron hace 70 millones de años, pero el Lythronax muestra que había evolucionado al menos 10 millones de años antes, como muestra el estudio, financiado en gran parte por la Oficina de Administración de Tierras y la Fundación Nacional de Ciencias y dirigido por el doctor Mark Loewen, investigador asociado en el Museo de Historia Natural de Utah, y profesor adjunto en el Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Utah.

El Lythronax vivió en Laramidia, a lo largo de la costa occidental de la gran ruta marítima que separa América del Norte, una masa de tierra que fue anfitriona de una gran variedad de especies de dinosaurios únicos y sirvió como crisol de la evolución de los grupos de dinosaurios emblemáticos como los dinosaurios cornudos. Este estudio también indica que los dinosaurios tiranosáuridos (el grupo de tiranosaurios que incluye al 'T. Rex') probablemente evolucionaron en aislamiento en la isla continente.

Lythronax destaca entre sus contemporáneos por tener un cráneo mucho más amplio en la parte de los ojos y un hocico corto y estrecho, similar a su pariente el 'T. Rex', que vivió entre 10 y 12 millones de años más tarde. El doctor Mark Loewen, autor principal del estudio, explica: "La anchura de la parte posterior del cráneo de Lythronax le permitió ver con un campo de superposición de vista, lo que le proporciona una visión binocular, muy útil para un depredador y una condición que asociamos con el 'T. rex".


Los paleontólogos han determinado recientemente que los dinosaurios del sur de Laramidia (Utah, Nuevo México, Texas y México), a pesar de que pertenecen a los mismos grupos importante, difieren a nivel de especie de las del norte de Laramidia (Montana, Wyoming, las Dakotas y Canadá). Lythronax y sus familiares tiranosáuridos en el sur de Laramidia están más estrechamente relacionados entre sí que los de hocico largo del norte de Laramidia.

Lythronax puede demostrar que los tiranosaurios siguieron un patrón similar a lo que vemos en otros dinosaurios a partir de esta edad, con diferentes especies viviendo en el norte y el sur al mismo tiempo", argumentó otro de los autores del estudio, el doctor Joseph Sertich, del Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, Estados Unidos. Estos patrones de distribución de los dinosaurios a través de Laramidia llevan a preguntarse qué pudo haber causado la división entre el norte y el sur, dado que un dinosaurio emprendedor podría haber caminado desde Alaska hasta México con tiempo suficiente.

El paleontólogo Randall Irmis, del Museo de Historia Natural de Utah y el Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Utah, y autor del estudio explicó que mediante el análisis de las relaciones evolutivas, la edad geológica y la distribución geográfica de los tiranosáuridos, el equipo determinó que Lythronax y otros tiranosaurios se diversificaron entre 95 y 80 millones de años atrás, en una época en la que el mar interior de América del Norte se encontraba en su punto más ancho.

UNA EVOLUCIÓN EN AISLAMIENTO

La incursión de la vía marítima en grandes partes de baja altitud de Laramidia habría separado en pequeñas áreas de tierra a unos de otros, lo que permite que diferentes especies de dinosaurios evolucionaran en aislamiento en diferentes partes de la masa de tierra.

"Cuando la vía marítima se retiró gradualmente hace 80 millones años, estas diferencias en las especies de dinosaurios pueden haber sido reforzadas por las variaciones climáticas, las diferencias en las fuentes de alimentos (distintas presas y plantas) , y otros factores, una hipótesis que explica por qué los icónicos dinosaurios del Cretácico Superior de Norteamérica occidental son tan diferentes de los de la misma edad en otros continentes.



Según otro de los autores de esta investigación, el doctor Philip Currie, de la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canadá, el Lythronax es un "maravilloso ejemplo" de cuánto más hay que aprender sobre el mundo de los dinosaurios. A su juicio, hay muchos fósiles "más emocionantes" esperando a ser descubiertos en el Monumento Nacional Grand Staircase-Escalante.

[Fuente]
http://www.europapress.es

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