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viernes, 10 de julio de 2015

Vegasaurus molyi, nueva especie de plesiosaurio descubierta en la Antártica

Vivió hace aprox. 70 millones de años y alcanzó los 6,7 metros de longitud. Sus restos se encontraron en la Isla Vega y tras arduas tareas de rescate, a cargo del Instituto Antártico Argentino y un equipo del Museo de La Plata, se obtuvo su esqueleto casi completo.

El paleontólogo José Patricio O'Gorman, autor principal del estudio publicado en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology, comentó a la Agencia CTyS que “si bien los plesiosaurios abundaban en los ambientes marinos en la época de los dinosaurios, el Vegasaurus molyi es la primera especie identificada en la Antártida cuyo esqueleto está casi completo y en muy buen estado de conservación”.


Prácticamente, lo único que faltó encontrar fue su cráneo. “Este ejemplar nos permitió establecer las relaciones de parentesco entre el Vegasaurus y otros plesiosaurios que habitaron en Antártida, Patagonia y Nueva Zelanda hacia fines del Cretácico”, destacó el investigador del Museo de La Plata (MLP) y el CONICET.

Se recuperaron costillas de este espécimen, más de 100 vertebras, la cintura escapular, la cintura pélvica, sus miembros y el cuello completo. “En total, estimamos que el ejemplar alcanzó los 6,7 metros, pero la vértebra cervical que estaba en contacto con la cabeza no era mucho más grandes que la de un humano, de apenas 2 o 3 centímetros de largo, por lo cual, su cráneo era de pequeño tamaño y no podía ingerir animales muy grandes, más allá de que posiblemente era un predador activo”, contó O´Gorman.

La extracción de este ejemplar representó una gran dificultad e implicó décadas de trabajo. De hecho, un equipo de geólogos encabezado por Eduardo Olivero avistó una de sus aletas anteriores en el año 1989 y, recién en el año 1993, se pudo realizar la primera campaña paleontológica de rescate. Luego, en 1999, se continuó con la expedición, que recién pudo ser finalizada en el 2005. Desde entonces, comenzó el estudio de los fósiles hasta la reciente publicación que demuestra que se trata de una nueva especie.

El doctor Marcelo Reguero, encargado de las colecciones del MLP, estuvo presente en las tres campañas y explicó que “para llegar a la Isla Vega se precisa de un helicóptero y una logística compleja, por lo que fuimos a rescatar este ejemplar las veces que nos fue posible y, cuando no, continuamos con las investigaciones en otros sitios de la Antártida”.

Las tareas de rescate y el tendón de Moly

Nunca antes se había realizado campañas paleontológicas en la Isla Vega y, en el año 1993, los paleontólogos Marcelo Reguero y Juan José Moly, junto a dos geólogas, fueron hasta allí para rescatar a este plesiosaurio.

“El principal obstáculo que teníamos para realizar la excavación es que este animal estaba ubicado el permafrost, que es un suelo congelado, y en un momento probamos de ayudarnos con un secador de pelo, pero no funcionó”, recordó Moly.

“Acampamos allí casi dos meses en 1993 y fue un trabajo con mucha dificultad, por el clima, porque tuvimos que excavar, a pico y pala nada más, y hacer un terraplén, porque los restos estaban incrustados en un cerro”, relató Reguero. Y agregó: “Además, por ahí excavábamos durante dos o tres días y una tormenta cubría y congelaba todo nuevamente”.

El nombre Vegasaurus molyi, alude a la isla en que fue hallado, pero también al hombre que puso más empeño para rescatarlo. Así lo cuenta Marcelo Reguero: “Juan José Moly puso muchísima dedicación para extraer este animal y, desde esa campaña de 1993, arrastra una tendinitis crónica, porque tenía el brazo lesionado y siguió trabajando; es como que llegó a tener una obsesión, que también se notó en la campaña de 2005, cuando estuvo todo el tiempo con el martillo picador”.


Aun con todas las adversidades que debieron afrontar, en esa primera campaña se desenterró casi el 65 por ciento del total del animal. Recién en 2005 se extrajo el último fósil preservado. “Excavamos hasta que llegamos a la pieza sobre la cual debería estar apoyada la cabeza, que lamentablemente no estaba”, contó Moly. Y detalló: “El cuerpo estaba como de costado y en una posición de U, con la cola y el cuello incrustados hacia el interior del cerro”.

Posibles causas de su extraordinaria conservación

Hoy, la Antártida alcanza temperaturas muy bajas, de -15 C° en las noches de verano, pero, a fines del Cretácico, poco antes de la extinción de los dinosaurios, el clima era muy diferente: en la península antártica había bosques, un clima templado y se estima que este plesiosaurio quedó cubierto rápidamente en un ambiente marino, lo cual ayudó a su preservación y a que los animales carroñeros no llegaran a desmembrar su cuerpo.

No obstante, antes de que el cadáver fuera sepultado por sedimentos, hubo animales que comenzaron a depredarlo y, quizás, alguno de ellos arrastró su cabeza. “Entre sus vértebras, se encontró una docena de nautiloides, que son moluscos carnívoros, y también una vértebra de tiburón clavada en una de sus vértebras”, precisó Reguero.

También es posible imaginar que la mordida de tiburón haya sido mientras este Vegasaurus vivía. “Una de las hipótesis es que los plesiosaurios acostumbraban a flotar, cerca de la superficie y, desde abajo, un tiburón lo podría haber atacado”, sopesó Moly. Y bromeó: “No sé si fue el causante de su muerte, pero que lo quiso comer, seguro”.


Referencia


lunes, 6 de julio de 2015

Desarrollo de los colmillos del Smilodon fatalis

Un grupo de científicos se dio a la tarea de obtener mayor información sobre los temidos dientes utilizando una nueva técnica que combina el análisis isotópico con imágenes de rayos X, con la que escanearon cráneos de "dientes de sable" de una gran colección de fósiles.

Los resultados, publicados este miércoles en la revista científica PLoS ONE, muestran que los colmillos del Smilodon fatalis, crecían a un ritmo de seis milímetros por mes, casi el doble de rápido que los caninos de un león africano y de las uñas humanas.

Fuente PlosOne

Revelaron además que los caninos de estos felinos habían crecido totalmente cuando llegaban a los tres años de edad, lo que significa que estaban listos para cazar con la manada desde temprana edad.

Los investigadores también llevaron a cabo el escaneo de otros restos que formaban parte de la estructura ósea de los Smilodon y encontraron que para poder inmovilizar a sus presas, tenían un humero mucho más largo y rígido que otras especies de dientes de sable.

Los fósiles estudiados pertenecen al museo de La Brea Tar Pits, en Los Ángeles, California, que resultó ser unos de los más prolíficos depósitos de restos de especies que vivieron durante la Edad de Hielo en el mundo.


Los dientes caninos de los temibles felinos conocidos como "dientes de sable", del género Smilodon fatalis, que vivieron en América hace entre 700 mil años y 11 mil años, crecían al doble del ritmo en que lo hacen las uñas humanas.

Esas piezas dentales sobresalían hasta 18 centímetros de la mandíbula superior y con ellas los félidos podían destrozar cualquier animal que se cruzara en su camino, incluso mamuts, lo que le hacía un gran y temido depredador.

Al mismo tiempo, los alargados colmillos eran más vulnerables a fracturas por lo que les era imprescindible que inmovilizaran a sus presas con las patas delanteras.

Ilustración de Mauricio Antón del libro Sabertooth (2013)

Referencia



Fuente



martes, 19 de noviembre de 2013

Appalachiosaurus montgomeriensis

Fue una especie de dinosaurio terópodo tiranosauroide, que vivió a finales del período Cretácico, hace aproximadamente 77 millones de años (Campaniano), en lo que es hoy Norteamérica. Es el terópodo mejor conservado del este de Estados Unidos.


Como casi todos los terópodos, era un depredador bípedo. Solamente se ha encontrado un esqueleto juvenil, representando un animal de alrededor de 7 metros de largo y aproximadamente 600 kilogramos, lo que indica que un adulto habría sido incluso más grande. Se encontraron varios elementos aplastados, pero el espécimen es todavía informativo y muestra muchas características únicas. Varios de estas se han identificado en el cráneo, y las garras de los pies que muestran una protrusión inusual en el extremo más cercano al cuerpo. Una fila de seis crestas bajas alineadas en la parte superior del hocico, similar al Alioramus asiático, aunque la mayoría de las especies del tiranosáuridos exhibían una ornamentación en diversos grados encima del hocico. Esta cresta es un arco bajo y redondeado.

La forma general del cráneo es semejante a la de otros tiranosauroides primitivos, mientras que las proporciones de los miembros son similares a las de los tiranosáuridos más avanzados, patas largas y brazos cortos.

El Appalachiosaurus es un descubrimiento importante siendo dado por los autores de su descripción como el primer tiranosauroide reconocido a nivel de género en el este de América del Norte en mucho tiempo. De acuerdo con Carr et al., las características de este animal ayudan a posicionar filogenéticamente al problemático Dryptosaurus en el clado Tyrannosauroidea. Appalachiosaurus es perceptiblemente diferente y más derivado que el otro tiranosauroideo temprano de Norteamérica del este, Dryptosaurus.

Appalachiosaurus es lo bastante completo ser incluido en análisis filogenéticos usando la cladística. El primero fue realizado antes de que el animal hubiera sido incluso nombrado, y a Appalachiosaurus se lo ubicó como un miembro de la subfamilia Albertosaurinae en Tyrannosauridae, que también incluye Albertosaurus y Gorgosaurus.2 La descripción original también incluyó un análisis cladístico, para A. montgomeriensis, que lo considero un tiranosauroide basal por fuera de Tyrannosauridae.1 Sin embargo, los tiranosáuridos asiáticos similares Alioramus, y Alectrosaurus fueron excluidos, al igual que Eotyrannus de Inglaterra. Tiranosauroides anteriores tales como Dilong y Guanlong no habían sido descritos cuando este análisis fue realizado. Estas exclusiones pueden tener un efecto significativo sobre la filogenia. Hasta la fecha, no se ha publicado ningún análisis que incluya todos los taxones conocidos de tiranosauroides.

Referencias:
  • Carr, T.D., Williamson, T.E., & Schwimmer, D.R. 2005. A new genus and species of tyrannosauroid from the Late Cretaceous (middle Campanian) Demopolis Formation of Alabama. Journal of Vertebrate Paleontology 25(1): 119–143.
  • Holtz, T.R. 2004. Tyrannosauroidea. In: Weishampel, D.A., Dodson, P., & Osmolska, H. (Eds.). The Dinosauria (2nd Edition). Berkeley: University of California Press. Pp. 111-136.



jueves, 17 de octubre de 2013

Aves australianas (Sericornis frontalis) "regañan" a sus polluelos para que no hagan ruido.

Una especie de ave que habita en Australia muestra un comportamiento singular hacia sus crías: los padres emiten una señal de alarma cuando notan que los polluelos están haciendo demasiado ruido.

La conducta fue detectada en los sericornis de cejas blancas, y tiene como objetivo evitar el ataque de los depredadores que serían atraídos por los sonidos, revela un estudio científico divulgado este miércoles.

Una sensibilidad similar al comportamiento de una audiencia -en este caso, las crías- que tiene como respuesta la emisión de una señal para interactuar sólo se había detectado hasta ahora en primates, explica la bióloga Tonya Haff, de la Universidad Nacional Australiana.

La especialista es responsable de la investigación junto a su colega Robert Magrath.

Sólo cuando alborotan

El estudio muestra que los polluelos de los sericornis (Sericornis frontalis) se caracterizan por ser bastante ruidosos. Pían con frecuencia, especialmente cuando tienen hambre, lo que los expone a la voracidad de otros animales.

Sus padres suelen emitir una señal de alerta cuando perciben la presencia de un depredador. Al oirlo, los polluelos "guardan silencio, lo que les hace menos visibles a sus enemigos", explicó Haff a la cadena de TV local ABC.

El dilema para los científicos radicaba en determinar en qué momento estas aves emitían la alerta. Con ese fin, grabaron los sonidos de las crías de 21 nidos y analizaron las reacciones de sus padres.

Las grabaciones fueron reproducidas después, variando los niveles del volumen, ante la presencia de aves currawongs, que suelen alimentarse de las crías de los sericornis, y de rosellas, que no suponen amenaza.

"Cuando los polluelos eran ruidosos y se detectaba la presencia de un depredador cerca del nido, los padres daban más señales de alarma que cuando las crías estaban quietas", explicó la bióloga.

Ello implica un nivel de interacción con el comportamiento de la "audiencia" formada por los polluelos que no se había observado en aves similares, lo que abre nuevas vías de investigación en torno a la capacidad de estos seres vivos para exhibir comportamientos complejos.

[Fuente]
http://www.emol.com/noticias/tecnologia/2013/10/16/624818/aves-australianas-retan-a-sus-polluelos-para-que-no-hagan-ruido.html

martes, 11 de diciembre de 2012

EL TAMAÑO DEL MEGALODON





Para los escritores de películas de horror, el Megalodon ha sido una fuente de inspiración, pero ¿qué tan grande fue realmente?

Vivió entre hace uno 28 y 1,5 millones de años y está considerado como uno de los depredadores más poderosos en la historia de los vertebrados, el gráfico que acompaña esta entrada, nos da una idea de los tamaños estimados (conservadoras y máximas) de Megalodon comparado a un ser humano y otras especies de tiburones modernos, como pueden ver, incluso si aceptamos la estimación conservadora, sigue siendo impresionante.

jueves, 18 de octubre de 2012

RAYOS X, REVELAN EL ORIGEN DE LOS DIENTES.


(Traducción libre)

(Foto: cortesía de Phil Anderson de la University of Massachusetts Amherst, Michael Ryan y Eric Snively, Cleveland Museum of Natural History, modelo y las imágenes Martin Rücklin, de la University of Bristol)

El debate sobre el origen de los dientes y las mandíbulas parece haber acabado por fin, gracias a los fósiles de este pez prehistórico (sí, eso es un pez).

La belleza de arriba es Compagopiscis croucheri, un placodermo, especie de pez que vivió entre el período Silúrico (hace aproximadamente 444 millones de años) hasta el final del período Devónico (hace unos 360 millones de años). Un equipo internacional de paleontólogos trabajó con los físicos desde Suiza a bombardear los restos fósiles de alta energía de rayos X, por lo que revela la estructura y el desarrollo de los dientes del Compagopiscis.

Anteriormente, los tiburones eran considerados como los primeros vertebrados en desarrollar los dientes y las mandíbulas con los dientes (se creía que placodermos no tenía dientes. Se pensaba  que los primeros vertebrados con mandíbulas, la utilizaban a modo de tijera), pero esta nueva investigación demuestra que el origen de los dientes se remonta mucho antes de lo que se creía y que de hecho evolucionaron junto con las mandíbulas.

"Esta es una evidencia sólida de la presencia de dientes en estos primeros vertebrados con mandíbulas y resuelve el debate sobre el origen de los dientes", dijo la co-autora Zerina Johanson del Museo de Historia Natural de Londres.

"Ahora podemos probar todas las hipótesis acerca de la evolución sobre las mandíbulas y los dientes", dijo Martin Rücklin de la Universidad de Bristol, Reino Unido, autor principal del estudio. "Se piensa que las mandíbulas y los dientes son una parte clave de la evolución de los vertebrados".

Fuente original:
http://www.newscientist.com/blogs/shortsharpscience/2012/10/fish-fossil-teeth.html#more