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viernes, 8 de noviembre de 2013

Evolución predecible.

Distintas poblaciones de bacterias pueden responder de forma idéntica a las variaciones ambientales.


Aunque las mutaciones, las impulsoras de la evolución, se producen al azar, un estudio sobre la bacteria Escherichia coli revela que la naturaleza halla la misma solución ante el mismo problema una y otra vez.

A lo largo del tiempo, las mutaciones aleatorias permiten a los organismos adaptarse a los cambios y diversificarse. Ello se observa sobre todo cuando varios grupos de la misma especie separados geográficamente se especializan en su propio entorno.

Pero ese no es el único modo en que puede surgir la diversidad genética. Se han descrito casos de peces cíclidos, palmeras y pinzones que se adaptan a diferentes nichos ecológicos y se diversifican en distintas especies a pesar de vivir en el mismo lugar. En 2008, un estudio liderado por Michael Doebeli, de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, reveló que E. coli también puede diversificarse en el interior de un tubo de ensayo.

En ese estudio, añadió glucosa y acetato al cultivo bacteriano. Si bien la especie puede consumir ambas sustancias, Doebeli descubrió que en todos tubos examinados aparecían dos grupos, uno especializado en el consumo de glucosa y otro en el de acetato. Sin embargo, se desconocía la vía genética que utilizaba cada grupo para especializarse.

En un estudio recién publicado, Doebeli se propuso averiguarlo. Para ello recurrió a muestras congeladas de tres tubos de ensayo del experimento de 2008 y secuenció el ADN de las bacterias. Los datos han demostrado que en los tres tubos aparecían mutaciones idénticas de forma independiente. A pesar del carácter aleatorio de las mutaciones, los mismos cambios en el entorno daban lugar a las mismas soluciones genéticas.

El estudio también ha revelado que algunas mutaciones se producían solo en un orden concreto: después de que un grupo se especializara en la glucosa y el otro en el acetato, ambos evolucionaban para adaptarse mejor a un cambio del recurso alimentario en el medio. Esa última mutación no habría resultado útil hasta después de la aparición de la primera, que ayudó a agotar antes el suministro nutritivo. Aunque los biólogos ya habían observado la aparición de caracteres en un determinado orden, hasta ahora no se había descrito la base genética de esos cambios.

[Fuente]
http://www.investigacionyciencia.es/noticias/evolucin-predecible-10859

Formación del caparazón de las tortugas.

Un estudio reciente apunta que el desarrollo de esta estructura se deriva del esqueleto interno, no de células cutáneas, como otras hipótesis apuntan.


La tortuga es un animal envuelto en el misterio. Cocodrilos y armadillos se blindan con un exoesqueleto de placas óseas, pero la tortuga va un paso más allá y desarrolla un caparazón que se ancla a la caja torácica y la columna vertebral. El caparazón forma, por tanto, parte de su esqueleto interno. No se conoce con claridad el modo en que el embrión de tortuga construye su fortaleza, una rasgo único entre los vertebrados. Sin embargo, dos ideas enfrentadas están intentando explicar este gran rompecabezas evolutivo.

Hasta hace poco, muchos biólogos pensaban que el caparazón de la tortuga se formaba a partir de células cutáneas adyacentes a las costillas, que se transformarían en hueso en el curso del desarrollo. Pero un estudio reciente liderado por investigadores del Centro Riken de Biología del Desarrollo, en Japón, ofrece una nueva visión, según la cual el caparazón tendría su origen en el esqueleto interno del animal. El trabajo se basa en un análisis comparativo de embriones de pollo, cocodrilo y tortugas de caparazón blando (en estas el caparazón se forma como una prolongación de los propios huesos).

Los investigadores siguieron con detalle el desarrollo de las membranas, los tejidos conjuntivos, las capas cutáneas y el tejido óseo en cada etapa del desarrollo embrionario de tortugas de caparazón blando. Estas especies poseen la mayoría de la subestructura ósea del caparazón, pero este se halla cubierto de tejido blando, no de escudos óseos.

Los autores informaron que las costillas de las tortugas se alargan y luego se ensanchan en sus extremos, en forma de cuchara. Sin embargo, el crecimiento de la costilla no alcanza la dermis. En ese momento, una capa externa de hueso llamada periostio envía células óseas para construir las capas externas de la parte dorsal. El trabajo sugiere, por tanto, que el caparazón procede del esqueleto interno, sin contribución de la piel o del exoesqueleto.

Investigadores de otros centros opinan que ambas teorías podrían estar en lo cierto. Mientras en algunas especies de tortuga las células dérmicas que rodean las costillas se osificarían mediante la acción de ciertas proteínas, en otras la formación del caparazón dependería del crecimiento de los huesos. Varios expertos coinciden en que los estudios de otras especies pueden ayudar a aclarar en que difieren las tortugas de caparazón blando de las de caparazón duro y qué aspectos del desarrollo de esa estructura son comunes a todas las tortugas.

[Fuente]

Planeta protegido

¿Es razonable preocuparse tanto por que los microorganismos terrestres pisen suelo marciano?


¿Necesita Marte protección contra nuestros microbios? Hasta ahora siempre se había pensado que sí. No en vano, los tratados de las Naciones Unidas sobre el uso del espacio exterior instan a los Estados a evitar «la contaminación dañina del espacio y los cuerpos celestes».

Algunos investigadores, sin embargo, discrepan de lo que consideran un celo excesivo. Argumentan que el planeta rojo bien podría arreglárselas solo sin necesidad de una normativa demasiado estricta que, en su opinión, obstaculiza numerosas investigaciones. Según Alberto G. Fairén, astrobiólogo de la Universidad Cornell, el coste de algunas misiones dedicadas a buscar vida «podría fácilmente llegar a doblarse como consecuencia de las prácticas de protección planetaria».

En un artículo publicado este verano en la revista Nature Geoscience, Fairén y Dirk Schulze-Makuch, de la Universidad de Washington, sostenían que las precauciones actuales no compensan el esfuerzo ni el gasto que suponen. A fin de cuentas, es probable que a Marte ya hayan llegado bacterias terrestres, bien a bordo de antiguos meteoritos o, más recientemente, en las sondas Viking, de la NASA. Además, si en Marte existiese cualquier forma de vida autóctona, esta se impondría con facilidad a los microbios invasores, no adaptados al entorno marciano.

Con todo, parece poco probable que la NASA cambie su forma de actuar. Catharine Conley, la responsable de protección planetaria de la agencia, lo explica así: «Para estudiar la vida en otros planetas debemos asegurarnos de que no estamos llevando material terrestre con nosotros». De otro modo, señala, se corre el riesgo de confundir los «polizones» con la vida alienígena.

El predecesor de Conley en la NASA, John Rummel, apunta que tanto las simulaciones como los experimentos sugieren que las bacterias procedentes de la Tierra sí podrían sobrevivir en Marte. «No conocemos todo lo que pueden llegar a hacer los organismos terrestres», concluye.

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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Lythronax argestes, nuevo dinosaurio del arbol familiar del T-Rex.



Científicos han descubierto nueva especie de tiranosaurio en el Monumento Nacional de Grand Staircase-Escalante (GSENM), que abarca 1,9 millones de hectáreas de terreno alto desierto en el centro-sur de Utah, en Estados Unidos. El enorme carnívoro habitó Laramidia, una masa de tierra formada en la costa occidental en un mar poco profundo que inundó la región central de América del Norte, aislando las porciones oriental y occidental del continente durante millones de años durante el Cretácico Tardío, entre hace 95 y 70 millones de años.


El dinosaurio recién descubierto, que pertenece a la misma rama evolutiva que el famoso 'Tyrannosaurus rex', se anunció este miércoles en la revista de acceso abierto 'Plos One' y dio a conocer en una exhibición en la 'Worlds Gallery' del Museo de Historia Natural de Utah, en el centro de Rio Tinto, en Salt Lake City, Utah.

Entre los tiranosauros, un grupo con cuerpos desde pequeños a grandes, bípedos carnívoros como el 'T. Rex' que vivieron durante los períodos Jurásico y Cretácico, están la especie recién descubierta, 'Lythronax Argestes', que posee varias características únicas, como un corto y estrecho hocico, con una amplia parte de atrás del cráneo con los ojos orientados hacia adelante. Lythronax se traduce como "el rey de la sangre" y 'Argestes' se refiere a su ubicación geográfica en el suroeste de Estados Unidos.

Anteriormente, los paleontólogos pensaban que este tipo de tiranosaurio de gran cráneo sólo aparecieron hace 70 millones de años, pero el Lythronax muestra que había evolucionado al menos 10 millones de años antes, como muestra el estudio, financiado en gran parte por la Oficina de Administración de Tierras y la Fundación Nacional de Ciencias y dirigido por el doctor Mark Loewen, investigador asociado en el Museo de Historia Natural de Utah, y profesor adjunto en el Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Utah.

El Lythronax vivió en Laramidia, a lo largo de la costa occidental de la gran ruta marítima que separa América del Norte, una masa de tierra que fue anfitriona de una gran variedad de especies de dinosaurios únicos y sirvió como crisol de la evolución de los grupos de dinosaurios emblemáticos como los dinosaurios cornudos. Este estudio también indica que los dinosaurios tiranosáuridos (el grupo de tiranosaurios que incluye al 'T. Rex') probablemente evolucionaron en aislamiento en la isla continente.

Lythronax destaca entre sus contemporáneos por tener un cráneo mucho más amplio en la parte de los ojos y un hocico corto y estrecho, similar a su pariente el 'T. Rex', que vivió entre 10 y 12 millones de años más tarde. El doctor Mark Loewen, autor principal del estudio, explica: "La anchura de la parte posterior del cráneo de Lythronax le permitió ver con un campo de superposición de vista, lo que le proporciona una visión binocular, muy útil para un depredador y una condición que asociamos con el 'T. rex".


Los paleontólogos han determinado recientemente que los dinosaurios del sur de Laramidia (Utah, Nuevo México, Texas y México), a pesar de que pertenecen a los mismos grupos importante, difieren a nivel de especie de las del norte de Laramidia (Montana, Wyoming, las Dakotas y Canadá). Lythronax y sus familiares tiranosáuridos en el sur de Laramidia están más estrechamente relacionados entre sí que los de hocico largo del norte de Laramidia.

Lythronax puede demostrar que los tiranosaurios siguieron un patrón similar a lo que vemos en otros dinosaurios a partir de esta edad, con diferentes especies viviendo en el norte y el sur al mismo tiempo", argumentó otro de los autores del estudio, el doctor Joseph Sertich, del Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, Estados Unidos. Estos patrones de distribución de los dinosaurios a través de Laramidia llevan a preguntarse qué pudo haber causado la división entre el norte y el sur, dado que un dinosaurio emprendedor podría haber caminado desde Alaska hasta México con tiempo suficiente.

El paleontólogo Randall Irmis, del Museo de Historia Natural de Utah y el Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Utah, y autor del estudio explicó que mediante el análisis de las relaciones evolutivas, la edad geológica y la distribución geográfica de los tiranosáuridos, el equipo determinó que Lythronax y otros tiranosaurios se diversificaron entre 95 y 80 millones de años atrás, en una época en la que el mar interior de América del Norte se encontraba en su punto más ancho.

UNA EVOLUCIÓN EN AISLAMIENTO

La incursión de la vía marítima en grandes partes de baja altitud de Laramidia habría separado en pequeñas áreas de tierra a unos de otros, lo que permite que diferentes especies de dinosaurios evolucionaran en aislamiento en diferentes partes de la masa de tierra.

"Cuando la vía marítima se retiró gradualmente hace 80 millones años, estas diferencias en las especies de dinosaurios pueden haber sido reforzadas por las variaciones climáticas, las diferencias en las fuentes de alimentos (distintas presas y plantas) , y otros factores, una hipótesis que explica por qué los icónicos dinosaurios del Cretácico Superior de Norteamérica occidental son tan diferentes de los de la misma edad en otros continentes.



Según otro de los autores de esta investigación, el doctor Philip Currie, de la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canadá, el Lythronax es un "maravilloso ejemplo" de cuánto más hay que aprender sobre el mundo de los dinosaurios. A su juicio, hay muchos fósiles "más emocionantes" esperando a ser descubiertos en el Monumento Nacional Grand Staircase-Escalante.

[Fuente]
http://www.europapress.es

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