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sábado, 21 de mayo de 2016

Mary Anning (Lyme Regis, 21 de mayo de 1799 – 9 de marzo de 1847)



Fue una paleontóloga, coleccionista y comerciante de fósiles inglesa, conocida en todo el mundo por los numerosos hallazgos de importancia que realizó en los lechos marinos del período Jurásico en Lyme Regis, donde vivía.1 Su trabajo contribuyó a que se dieran cambios fundamentales a principios del siglo XIX en la manera de entender la vida prehistórica y la historia de la Tierra.

Sus hallazgos más destacados son el primer esqueleto de ictiosauro en ser identificado correctamente, los primeros dos esqueletos de plesiosauros en ser encontrados, el primer esqueleto de pterosaurio encontrado fuera de Alemania y algunos fósiles de peces importantes. Sus observaciones tuvieron un papel importante en el descubrimiento de que los fósiles de belemnites contienen sacos de tinta fosilizada y de que los coprolitos, conocidos como piedras bezoar en esa época, son heces fosilizadas. Cuando el geólogo Henry De la Beche pintó Duria Antiquior, la primera escena sobre el tiempo profundo que tuvo una difusión elevada, se basó en su mayoría en los fósiles que Anning había encontrado y vendió copias en su beneficio. Su obra fue fundamental en los cambios que ocurrieron a principios del siglo XIX en las ideas científicas sobre la vida prehistórica y la historia de la Tierra.



El sexo y la clase social de Anning (sus padres eran disidentes [protestantes no anglicanos] de clase baja) fueron razones por las que no pudo participar completamente en la comunidad científica británica de principios de siglo XIX, dominada por caballeros ricos anglicanos, y de que no fuera citada en absoluto en sus contribuciones. Aunque llegó a ser conocida en los círculos de geólogos de Gran Bretaña, Europa y América, tuvo dificultades financieras durante la mayor parte de su vida.

Vale la pena leer el libro “Las huellas de la vida”, para conocer mas de la vida de esta maravillosa mujer.



viernes, 21 de agosto de 2015

La nueva Formación Baños Morales y la redefinición de la Formación Lo Valdés. por Christian Salazar

Fuente: FanPage del Museo Nacional deHistoria Natural (Chile)
Nota preparada por Christian Salazar, que aparecerá en el Boletín n°64 del Museo de Historia Natural.

La Formación Lo Valdés es clásicamente conocida, ya que se encuentra en la parte alta del Cajón del Maipo cercano al poblado de Baños Morales. Científicamente esta formación es conocida por su importante contenido fosilífero que nos ha entregado y sigue entregando conocimientos y respuestas a enigmáticas interrogantes paleontológicas y geológicas.

En este reciente artículo titulado  “Redefinition, Stratigraphy and Facies of the Lo Valdés Formation (Upper Jurassic - Lower Cretaceous) in central Chile” (Salazar & Stinnesbeck, 2015), formalmente es redefinida la Formación Lo Valdés y definida una la nueva Formación Baños Morales. Dentro de la geología existe laInternationalCommission on Stratigraphy en donde están los conceptos, definiciones y convenciones que norman y orientan los temas relacionados a la estratigrafía. Entre sus artículos está la definición de Formación y sus características. 


Producto de las investigaciones que el Dr. Salazar viene realizando en la zona del Cajón del Maipo desde el 2006, hoy ha concluido un nuevo artículo, en donde redefine la Formación Lo Valdés de acuerdo a los estándares dados por la comisión internacional de estratigrafía,dividiéndola en dos nuevas formaciones.

La nueva Formación Baños Morales tiene 760 metros de potencia y consiste de andesitas porfiricas y brechas volcánicas, con sólo cuatro unidades sedimentarias de algunos metros intercaladas en estas litologías volcánicas, por lo cual la divide formalmente en dos miembros (de base a techo): La Cuesta y Placa Verde. Ammonites y otros moluscos provenientes de los niveles sedimentarios intercalados en las secuencias de rocas andesíticas indican una edad titoniana temprana a media para la Formación Baños Morales.

La redefinida Formación Lo Valdés, tiene 539 metros de potencia, y consiste de rocas siliciclásticas y carbonáticas y aquí es separada en tres miembros (de base a techo) como los Miembros Escalador, Placa Roja y Cantera. La Formación Valdés abarca del Titoniano tardío al Hauteriviano, basado en la abundancia y riqueza relativa de ammonites.

La composición litológica y el contenido biótico de la Formación Lo Valdés permiten interpretar ambientes de costero, de transición a costa afuera y de costa afuera. El contenido carbonático aumenta hacia la parte superior de la sección.

El Miembro Escalador representa un ambiente costero con intervalos de transgresión de aguas someras y una facies de tormenta en plataforma.

Facies de un ambiente de transición de costa afuera están reflejados en el Miembro Placa Roja por intercalaciones rítmicas de lutitas, lutitas calcáreas, wackestone y packstone. La presencia de pirita diseminada y altos contenidos de materia orgánica indican ambientes de reducción y baja energía.

Ambientes de costa afuera (rampa externa) están presentes en el Miembro Cantera hacia el techo de la sección y son representados por un incremento en wackestone lutítico y mudstone y un decrecimiento en la abundancia de fauna. La redefinición de la Formación Lo Valdés, y la asignación de la nueva Formación Baños Morales muestran que existen dos eventos principales en la Cuenca Andina durante la transición del Jurásico Tardío – Cretácico Temprano. La Formación Baños Morales contiene una dominancia de litologías andesíticas que indican eventos volcánicos con una pausa, que está evidenciado por capas sedimentarias decimétricas. Un cambio litológico fuerte, de la dominancia volcánica a la Formación Lo Valdés exclusiva sedimentaria marina, marca un segundo evento durante este tiempo en la Cuenca Andina.

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viernes, 24 de julio de 2015

Los errores del “Reloj Molecular” para fechar edad de fósiles

Tras examinar restos fosilizados de casi veinte especies de plantas de la Patagonia, constataron que los “relojes moleculares” o análisis de ADN subvaloran su antigüedad.

El llamado “reloj molecular”, método utilizado para determinar la antigüedad de animales y plantas que habitaron la Tierra, en realidad “adelanta” hasta decenas de millones de años y puede indicar una edad mucho más joven de la verdadera. Según informó la Agencia CyTA-Instituto Leloir.


Así lo revelaron paleontólogos de Argentina y de Estados Unidos, quienes señalaron que los resultados contribuyen a aclarar una controversia acalorada entre los especialistas de las ciencias naturales.

La técnica del “reloj molecular” estima la antigüedad de un grupo de seres vivos a partir de las modificaciones que sufrió el ADN de las especies que lo componen. Históricamente, el método había sido acusado de “atrasar”: indicar, por ejemplo, que una planta apareció hace 70 millones de años cuando el registro fósil señala que apenas tiene 10 millones de años.

Pero en los últimos años, con las mejoras del procedimiento, el desajuste cambió de sentido: los relojes moleculares comenzaron a obtener edades más jóvenes que las evidenciadas por los restos fosilizados.

Ahora, un equipo del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de Trelew, en Chubut, y del Departamento de Geociencias de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, aportó pruebas contundentes de que los relojes moleculares, en efecto, “adelantan”.

Para llegar a esa conclusión, los científicos estudiaron fósiles de 19 linajes de plantas cuya antigüedad estaba bien establecida. Y comprobaron que los estudios basados en análisis de ADN “rejuvenecían” las especies. Por ejemplo, araucarias de más de 150 millones de años tenían, según los cálculos de esa metodología, sólo 40 millones de años.

La edad de los fósiles era mucho más antigua para un grupo que lo sugerido por sus moléculas de ADN”, señaló el doctor Ignacio Escapa, especialista en paleobotánica del MEF y primer autor del trabajo publicado en la revista “New Phytologist”.

De todas maneras, Escapa destacó que los relojes moleculares han avanzado “y es posible que en el futuro puedan reducir estos sesgos”.


Asimismo el investigador del CONICET explicó que la vía convencional y más precisa que se emplea en la actualidad para determinar la edad de los fósiles se basa en las dataciones radiométricas. La más conocida es la del carbono 14. Esta técnica se usa para datar sucesos relativamente recientes (hasta 60 mil años, aproximadamente). Para la datación de fósiles, de mucha más antigüedad, se usa el mismo método, pero con pares radioactivos como el Potasio-Argon o Plomo-Uranio, que permiten dataciones de sucesos de millones de años, publicó la Agencia CyTA-Instituto Leloir.

miércoles, 15 de julio de 2015

Registro de proteroterios para Argentina.


Se trata de un mamífero de pequeño tamaño y muy parecido a los caballos actuales, pero sin parentesco alguno. Vivió en Termas de Río Hondo, Argentina, hace unos 5 millones de años atrás. 

Un interesante hallazgo paleontológico realizado en el centro termal más importante de Argentina, fue presentado recientemente, y es el primero de su tipo para el Museo local.


El material fue recuperado por Sebastián Sabater, del Museo Municipal Rincón de Atacama de la ciudad termense y estudiado en conjunto con Mariano Magnussen y Daniel Boh, del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar (Bs As) y Carlos Estarli de la Fundación Argentavis de la localidad de Berazategui (Bs As).

Los fósiles hallados, corresponde a uno pequeño mamífero de la familia de los proteroterios, los cuales no tienen parentesco directo alguno con especies actuales, perteneciente a una estirpe muy primitiva de América del Sur. El espécimen esta constituido por numerosos huesos del esqueleto, aunque falta el cráneo, sostuvieron los autores.

Durante aproximadamente 50 millones de años de casi total aislamiento, los mamíferos de Sudamérica-Antártida evolucionaron en un continente isla. Estos animales en la Antártida se extinguieron antes, debido al enfriamiento climático y glaciación que afectaría este continente durante los últimos 37 millones de años.

Los proteroterios es uno de los ejemplos más conocidos en convergencia adaptativa o evolución paralela, es decir, la semejanza entre los caballos que se desarrollaron en otros continentes, y el grupo sudamericano conocido como los proteroterios (Proterotheriidae) desarrollados en total aislamiento bio-geográfico.


Estos pequeños “falsos caballos” fueron animales gráciles de lomo relativamente corto y extremidades alargadas con pezuñas. En la cabeza, el rostro no es particularmente largo y los ojos eran grandes. Estos animales recuerdan vagamente, más que a los caballos, a las gacelas u otros animales herbívoros pequeños o medianos.

Las proporciones de sus miembros indican también que eran habitantes de espacios más boscosos que los caballos modernos, lo que permite hacer inferencias en aspectos paleoambientales y paleoclimaticos, para entender como fue la provincia de Santiago del Estero varios millones de años atrás. Algo que si asemeja a los proteroterios con los caballos es la presencia de un mecanismo de “trabado” en la rodilla, que les permitiría permanecer de pie con menos esfuerzo, y que ha sido propuesto para varias formas de mamíferos sudamericanos fósiles ya totalmente extintas.

Es la primera vez que el Museo Municipal Rincón de Atacama halla representantes fósiles de esta  familia de mamíferos autóctonos. El material fue recuperado tiempo atrás en unos pequeños acantilados sobre el Rió Dulce, próximo a la ciudad, en sedimentos que corresponden al Mio-Plioceno (unos 5 millones de años atrás), y presentado recientemente en las XXIX Jornadas Argentinas de Paleontología de Vertebrados, cuyo resumen del trabajo se halla en el libro del encuentro de investigadores y técnicos.

Pero Termas de Rió Hondo tuvo un pasado biológico muy interesante. Justamente allí, en pleno centro de la ciudad, se encuentra el Museo Municipal Rincón de Atacama con interesantes muestras de fósiles de criaturas prehistóricas que alguna vez vivieron en la provincia de Santiago del Estero, como Elefantes (stegomastodon), varias especies de perezosos y armadillos gigantes, guanacos de gran tamaño, bestias parecidas a hipopótamos, quirquinchos primitivos entre otras, como así también, restos culturales de los grupos aborígenes que habitaron esta parte del país. (Fuente: Museo Municipal Rincón de Atacama de Termas de Río Hondo).


viernes, 10 de julio de 2015

Vegasaurus molyi, nueva especie de plesiosaurio descubierta en la Antártica

Vivió hace aprox. 70 millones de años y alcanzó los 6,7 metros de longitud. Sus restos se encontraron en la Isla Vega y tras arduas tareas de rescate, a cargo del Instituto Antártico Argentino y un equipo del Museo de La Plata, se obtuvo su esqueleto casi completo.

El paleontólogo José Patricio O'Gorman, autor principal del estudio publicado en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology, comentó a la Agencia CTyS que “si bien los plesiosaurios abundaban en los ambientes marinos en la época de los dinosaurios, el Vegasaurus molyi es la primera especie identificada en la Antártida cuyo esqueleto está casi completo y en muy buen estado de conservación”.


Prácticamente, lo único que faltó encontrar fue su cráneo. “Este ejemplar nos permitió establecer las relaciones de parentesco entre el Vegasaurus y otros plesiosaurios que habitaron en Antártida, Patagonia y Nueva Zelanda hacia fines del Cretácico”, destacó el investigador del Museo de La Plata (MLP) y el CONICET.

Se recuperaron costillas de este espécimen, más de 100 vertebras, la cintura escapular, la cintura pélvica, sus miembros y el cuello completo. “En total, estimamos que el ejemplar alcanzó los 6,7 metros, pero la vértebra cervical que estaba en contacto con la cabeza no era mucho más grandes que la de un humano, de apenas 2 o 3 centímetros de largo, por lo cual, su cráneo era de pequeño tamaño y no podía ingerir animales muy grandes, más allá de que posiblemente era un predador activo”, contó O´Gorman.

La extracción de este ejemplar representó una gran dificultad e implicó décadas de trabajo. De hecho, un equipo de geólogos encabezado por Eduardo Olivero avistó una de sus aletas anteriores en el año 1989 y, recién en el año 1993, se pudo realizar la primera campaña paleontológica de rescate. Luego, en 1999, se continuó con la expedición, que recién pudo ser finalizada en el 2005. Desde entonces, comenzó el estudio de los fósiles hasta la reciente publicación que demuestra que se trata de una nueva especie.

El doctor Marcelo Reguero, encargado de las colecciones del MLP, estuvo presente en las tres campañas y explicó que “para llegar a la Isla Vega se precisa de un helicóptero y una logística compleja, por lo que fuimos a rescatar este ejemplar las veces que nos fue posible y, cuando no, continuamos con las investigaciones en otros sitios de la Antártida”.

Las tareas de rescate y el tendón de Moly

Nunca antes se había realizado campañas paleontológicas en la Isla Vega y, en el año 1993, los paleontólogos Marcelo Reguero y Juan José Moly, junto a dos geólogas, fueron hasta allí para rescatar a este plesiosaurio.

“El principal obstáculo que teníamos para realizar la excavación es que este animal estaba ubicado el permafrost, que es un suelo congelado, y en un momento probamos de ayudarnos con un secador de pelo, pero no funcionó”, recordó Moly.

“Acampamos allí casi dos meses en 1993 y fue un trabajo con mucha dificultad, por el clima, porque tuvimos que excavar, a pico y pala nada más, y hacer un terraplén, porque los restos estaban incrustados en un cerro”, relató Reguero. Y agregó: “Además, por ahí excavábamos durante dos o tres días y una tormenta cubría y congelaba todo nuevamente”.

El nombre Vegasaurus molyi, alude a la isla en que fue hallado, pero también al hombre que puso más empeño para rescatarlo. Así lo cuenta Marcelo Reguero: “Juan José Moly puso muchísima dedicación para extraer este animal y, desde esa campaña de 1993, arrastra una tendinitis crónica, porque tenía el brazo lesionado y siguió trabajando; es como que llegó a tener una obsesión, que también se notó en la campaña de 2005, cuando estuvo todo el tiempo con el martillo picador”.


Aun con todas las adversidades que debieron afrontar, en esa primera campaña se desenterró casi el 65 por ciento del total del animal. Recién en 2005 se extrajo el último fósil preservado. “Excavamos hasta que llegamos a la pieza sobre la cual debería estar apoyada la cabeza, que lamentablemente no estaba”, contó Moly. Y detalló: “El cuerpo estaba como de costado y en una posición de U, con la cola y el cuello incrustados hacia el interior del cerro”.

Posibles causas de su extraordinaria conservación

Hoy, la Antártida alcanza temperaturas muy bajas, de -15 C° en las noches de verano, pero, a fines del Cretácico, poco antes de la extinción de los dinosaurios, el clima era muy diferente: en la península antártica había bosques, un clima templado y se estima que este plesiosaurio quedó cubierto rápidamente en un ambiente marino, lo cual ayudó a su preservación y a que los animales carroñeros no llegaran a desmembrar su cuerpo.

No obstante, antes de que el cadáver fuera sepultado por sedimentos, hubo animales que comenzaron a depredarlo y, quizás, alguno de ellos arrastró su cabeza. “Entre sus vértebras, se encontró una docena de nautiloides, que son moluscos carnívoros, y también una vértebra de tiburón clavada en una de sus vértebras”, precisó Reguero.

También es posible imaginar que la mordida de tiburón haya sido mientras este Vegasaurus vivía. “Una de las hipótesis es que los plesiosaurios acostumbraban a flotar, cerca de la superficie y, desde abajo, un tiburón lo podría haber atacado”, sopesó Moly. Y bromeó: “No sé si fue el causante de su muerte, pero que lo quiso comer, seguro”.


Referencia


jueves, 11 de junio de 2015

Iguandon galvensis, nuevo dinosaurio para España


La nueva especie fue identificada a partir de fósiles que pertenecen a un ejemplar adulto, otro juvenil y 13 crías que probablemente formaran una “guardería” en la zona.



Investigadores de la Fundación Dinópolis han encontrado los restos de una nueva especie de dinosaurio, de 127 millones de años de antigüedad, a la que han bautizado como Iguandon galvensis, en homenaje a la localidad turolense de Galve. Además, han descrito por primera vez un grupo de crías del género Igandon, las cuales pudieron formar parte de una 'guardería de dinosaurios'.

Un carácter especial en el cráneo y una convexidad corta y abrupta en la región anterior de la mandíbula son los principales rasgos particulares del I. galvensis, que se convierte en la segunda especie de Iguandon reconocida y aceptada por la comunidad científica. Se trata de la quinta nueva familia de dinosaurio hallada en Galve y la décima de la provincia de Teruel.

En el estudio, publicado en la revista Cretaceous Research, los científicos afirman que los restos hallados pertenecen a un individuo adulto, otro juvenil y 13 crías. Estas últimas se encontraban en su primer año de vida y medían unos 60 centímetros de longitud, todavía lejos de los 6 metros que alcanzaban los adultos.


El estado de conservación de los restos óseos indica que todos se encontraban juntos cuando murieron, y no que se fueran acumulando en épocas diferentes. Los paleóntologos sugieren que las crías probablemente se hallaran cerca de la zona de nidificación, formando una especie de guardería donde podían ser controlados por sus progenitores.

Depósitos fluviales de entre 127 y 129 millones de años

Los fósiles que han permitido efectuar estos descubrimientos provienen de dos yacimientos formados en depósitos fluviales de la Formación Camarillas con una edad Barremiense inferior (127-129 millones de años de antigüedad).

Los restos fueron hallados en 2011, cuando se realizaron varias actuaciones paleontológicas que proporcionaron más de 1100 huesos de crías de Iguanodon (6 esqueletos parciales y otros 7 recuperados después de las campañas de lavado) en el depósito de San Cristóbal 2, así como restos de un ejemplar adulto de gran tamaño y de un juvenil en San Cristóbal 1.

Referencia bibliográfica:

Alcalá, L. et al. “Perinates of a new species of Iguanodon (Ornithischia: Ornithopoda) from the lower Barremian of Galve (Teruel, Spain)”. Cretaceous Research.

martes, 12 de mayo de 2015

Saurornitholestes sullivani, un nuevo raptor con superolfato

Saurornitholestes sullivani es el nombre de esta nueva especie de dinosaurio con una apariencia similar al Velociraptor, pero que contaba con un sentido del olfato más desarrollado, lo que lo convertía en un cazador excepcional.



El descubrimiento del Saurornitholestes sullivani, difundido por un grupo de investigadores de la Universidad de Pennsylvania, sería uno de los más importantes en el ramo a fechas recientes, aunque curiosamente fue producto de un descuido cometido hace 16 años.

Steven Jasinski, estudiante de doctorado y curador del Museo Estatal de Pennsylvania, fue el encargado de dar con esta nueva especie al analizar un fósil de 75 millones de años de antigüedad, excavado en 1999 por el paleontólogo Robert Sullivan, quien en su momento clasificó erróneamente su descubrimiento, al considerarlo como parte de los huesos de una clase ya existente. Por fortuna Jasinski tuvo el acierto de estudiar a mayor detalle los restos, para percatarse de que en realidad se trataba de una especie completamente nueva, con muchas características similares a otros raptores, pero con una estructura olfatoria mucho más elaborada.

 


El estudio, publicado en la más reciente edición del New Mexico Museum of Natural History and Science Bulletin, según reporta el Daily Mail, analiza a profundidad las cualidades del cráneo del Saurornitholestes sullivani, cuyo bulbo olfatorio posee unas dimensiones más grandes de lo normal, lo que implicaría un sentido del olfato mucho más agudo que el del Velociraptor y sus demás parientes.

Fuente

viernes, 20 de diciembre de 2013

Sorex (Drepanosorex) margaritodon, una musaraña propia del Pleistoceno Inferior en Atapuerca.

En los últimos años, los yacimientos de Gran Dolina y Sima del Elefante de la Sierra de Atapuerca (Burgos) han sido el origen de importantes hallazgos relacionados con la microfauna. El último, publicado en la revista Paläontologische Zeitschrift, es una musaraña propia del Pleistoceno Inferior, Sorex (Drepanosorex) margaritodon cuyos fósiles se han localizado en los niveles inferiores de la Sima del Elefante. Se trata de la primera vez que esta especie, perteneciente al grupo de los sorícidos o musarañas de dientes rojos, se encuentra en Europa occidental.


Mandíbula izquierda incompleta de Sorex (Drepanosorex) margaritodon de la Unidad Roja Inferior de la Sima del Elefante, Sierra de Atapuerca (Burgos, España) en vista lateral. / J. Rofes y G. Cuenca

Una invetigación firmada por los miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) Juan Rofes, de la Universidad del País Vasco, y Gloria Cuenca-Bescós, de la Universidad de Zaragoza y responsable del Grupo de Microfauna, describe la especie hallada en Atapuerca. Este animal es una musaraña, una de las pocas especies de mamíferos venenosas conocidas, que vivió en el yacimiento burgalés hace aproximadamente entre 780.000 años y 900.000 años, y que no se ha descubierto en otro lugar.

El interés de esta especie de musaraña descrita, Sorex (Drepanosorex) margaritodon, radica en tres aspectos fundamentales, según detalla a DiCYT el investigador Juan Rofes. "El primero es que hasta ahora solo se había encontrado en yacimientos de Europa central, al este del Rin, de modo que el hallazgo en la Sima del Elefante representa no sólo el primero en la península Ibérica, sino de toda Europa occidental”.

Por otro lado, Sorex (Drepanosorex) margaritodon “se ha encontrado en uno de los nieves más profundos del Pleistoceno Inferior de la Sierra de Atapuerca, en concreto en el yacimiento de la Sima del Elefante, donde han aparecido los restos más antiguos de homínidos de Europa, los que tienen sobre 1’2 millones de años”.

Esto representa además un importante avance en el ámbito de la biocronología, para la datación de los yacimientos, en concreto para el periodo comprendido entre hace 1’1 y 1’5 millones de años.

“Por la cronología de los yacimientos sabemos que es un especie propia solamente del Pleistoceno Inferior, es decir, que no llega al Pleistoceno Medio y por tanto no traspasa la barrera de los 700.000 años. Esto supone para nosotros un buen indicador biocronológico ya que si aparecen restos humanos, líticos o de macromamíferos en estos mismos sedimentos, por asociación con este animal podemos estimar su edad”, explica Rofes.

Además de describir la especie, en el artículo publicado en Paläontologische Zeitschrift los investigadores van un paso más allá y señalan el posible origen de Sorex (Drepanosorex) margaritodon, su evolución y aportan un mapa de distribución geográfica de la especie, así como sus relaciones de parentesco y filogenia con otras musarañas del mismo género.

Por otra parte, la descripción de este tipo de especies contribuye al conocimiento de la Paleoecología. “Cada una de estas descripciones de microfauna va sumando para llegar a los artículos de recopilación general que nos permiten realizar una reconstrucción del ambiente de Atapuerca en el que se movieron los homínidos y todos los animales que convivieron con ellos. Estos animales nos dan información, por ejemplo, sobre si el ambiente era más seco o más húmedo, más cálido o más frío, o si era más boscoso o más abierto”, recuerda el miembro del EIA.

El hallazgo de Sorex (Drepanosorex) margaritodon se suma a las otras musarañas descritas anteriormente por el EIA en los yacimientos de Gran Dolina (Dolinasorex glyphodon) y Sima del Elefante (Beremendia fissidens, Crocidura kornfeldi y Asoriculus gibberodon).

¿A qué se debe la acumulación de restos de microfauna?

La acumulación de restos de microfauna en los yacimientos tiene su origen en la actividad de las rapaces nocturnas, como lechuzas o búhos. “Estas rapaces suelen cazar a varios kilómetros a la redonda de los yacimientos y tienen habitualmente sus reposaderos en las partes altas de las cuevas. Las rapaces ingieren la carne de sus presas pero la piel, el pelo y los huesos los regurgitan formando una especie de bola denominada egagrópila.

La acumulación durante cientos de miles de años de estas egagrópilas a la entrada de las cuevas, dan como resultados las grandes acumulaciones de microvertebrados como murciélagos, conejos, musarañas, anfibios o reptiles en los yacimientos”, precisa el investigador.

Referencia

  • Rofes, J., & Cuenca-Bescós, G. (2013). First record of Sorex (Drepanosorex) margaritodon (Mammalia, Soricidae) in Western Europe: biostratigraphy, biogeography and evolution of the species. Paläontologische Zeitschrift, 1-13.


[Fuente]
http://www.agenciasinc.es/Noticias/Hallan-en-Atapuerca-una-musarana-propia-del-Pleistoceno-Inferior

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Tapirus kabomani, nueva especie de tapir en la Amazonia.

Un descubrimiento realmente grande. Por lo menos en tamaño, puede ser considerado como el descubrimiento zoológico más grande de las últimas dos décadas. Se trata en concreto de una nueva especie de tapir, bautizado para la ciencia como Tapirus kabomani, y el equipo de investigadores que han realizado este descubrimiento presentan su trabajo esta semana en un articulo publicado por la revista Journal of Mammalogy. El kabomani es la quinta especie de tapir descrita por los científicos -la anterior fue localizada en 1865- y habita en la cuenca amazónica de Brasil y Colombia.


Los datos presentados esta semana muestran que el Tapirus kabomani es conocido y cazado desde hace años por la tribu Karitiana, que lo denominan el "pequeño tapir negro". La nueva especie es muy similar a la del tapir brasileño (Tapirus terrestris), pero piel y pelo más oscuros, y de tamaño menor. Mientras que un tapir brasileño puede llegar a pesar hasta 320 kilogramos, el T.kabomani pesa en torno a 110 kilogramos. Dado su tamaño relativamente pequeño probablemente será conocido a partir de ahora como el tapir pigmeo o enano tapir. También tiene las piernas más cortas, un cráneo en forma más alargada y una cresta menos prominente.


Sabiduría local

El paleontólogo Mario Cozzuol, profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil) y autor principal del estudio, recuerda que durante muchos años, los investigadores no prestaron atención a las indicaciones de las comunidades indígenas cuando explicaban que conocían una especie de tapir enano. Finalmente, el equipo liderado por Cozzuol revisó los datos conocidos, tomo imágenes, comparó esqueletos guardados en diversos museos y analizó muestras de ADN hasta certificar el descubrimiento oficial de la nueva especie. Los datos conocidos ahora muestran que, curiosamente, Theodore Roosevelt cazó un ejemplar de esta especie en 1912, cuyos restos se conservan Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. En el momento de la caza, Roosevelt dejó escrito que los cazadores locales consideraban a este animal como una especie distinta del tapir.


El Tapirus kabomani habitan en praderas abiertas y bosques en el sudoeste del Amazonas (los estados brasileños de Rondonia y Amazonas, así como el departamento colombiano de Amazonas). Por tamaño, el tapir kabomani se puede comparar al bovino conocido como saloa, localizado en 1992 en Vietnam y Camboya.

[Fuente]
http://www.lavanguardia.com/natural/20131218/54397317839/descubrimiento-nueva-especie-tapir-en-amazonia.html

lunes, 9 de diciembre de 2013

Niassodon mfumukasi, NUEVA ESPECIE DE SINÁPSIDO DESCUBIERTO MOZAMBIQUE.

Un equipo internacional de científicos ha encontrado en la provincia de Niassa (Mozambique), una nueva especie y género de vertebrados fósiles, un pariente lejano de los mamíferos de hace 256 millones de años. Esta nueva especie pertenece a un grupo de animales llamados sinápsidos (“Synapsida”), que incluye una serie de linajes extintos que dominaron las comunidades de la tierra en el Pérmico Tardío (hace entre 260 y 252 millones de años).


Paleontólogos de nueve instituciones, entre ellos Kenneth Angielczyk, conservador asociado en el Museo Field de Chicago, en Estados Unidos, describen la anatomía de esta nueva especie en la revista científica “Plos One”. El fósil fue denominado Niassodon mfumukasi, que en el idioma local (chiyao) significa: la reina del Lago Niassa, en homenaje a la sociedad matriarcal Yao, a las mujeres de Mozambique y la belleza del Lago Niassa.

La investigación se llevó a cabo bajo los auspicios del Projecto PalNiassa, una colaboración científica internacional y multidisciplinaria que incluye más de dos docenas de científicos de tres continentes diferentes. El objetivo del proyecto es encontrar, estudiar y preservar el patrimonio paleontológico de Mozambique.

Niassodon mfumukasi, es el primer nuevo género (y especie) de un vertebrado fósil de Mozambique y su holotipo, es un raro ejemplo de un sinápsido que conserva el cráneo y gran parte del esqueleto juntos. Gracias a la tomografía microcomputarizada fue posible reconstruir digitalmente los huesos de Niassodon y construir un modelo virtual de su cerebro, revelando información sobre la anatomía cerebral de los primeros sinápsidos, que es importante para la comprensión de la evolución de muchas funciones del cerebro de los mamíferos.

La reconstrucción del cerebro y de la anatomía del oído interno de Niassodon es el más detallado presentado hasta la fecha para un sinápsido temprano, según los investigadores. Utilizando los datos digitales adquiridos en las tomografías, se pudo aislar todos los huesos individuales preservados para crear un nuevo código de color topológico, codificado matemáticamente, por los huesos del cráneo, lo que posibilitará estandarizar los colores utilizados en un modelo digital similar para otros animales.


El fósil se puede visitar en el Museo de Lourinh (Portugal) , pero pronto volverá a Mozambique, donde se convertirá en parte de las colecciones del Museo Nacional de Geología en Maputo. La muestra se recogió durante el trabajo de campo en el año 2009 con el apoyo del Museo Nacional de Geología (Maputo) y fue preparado en el Museo de Lourinh (Portugal), Instituto Gulbenkian de Ciência (Oeiras, Portugal) y la Universidad Metodista del Sur (Dallas), mientras la tomografía 3D se realizó en DESY-HZG (Hamburgo, Alemania).

[Referencia]
Rui Castanhinha, Ricardo Araújo, Luís C. Júnior, Kenneth D. Angielczyk, Gabriel G. Martins, Rui M. S. Martins, Claudine Chaouiya, Felix Beckmann, Fabian Wilde. Bringing Dicynodonts Back to Life: Paleobiology and Anatomy of a New Emydopoid Genus from the Upper Permian of Mozambique. PLoS ONE, 2013; 8 (12): http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0080974

[Fuente]

jueves, 28 de noviembre de 2013

HALLAZGO DE RESTOS FÓSILES EN URUGUAY, APORTA NUEVA EVIDENCIA DE QUE LOS PRIMEROS AMERICANOS NO LLEGARON POR EL ESTRECHO DE BERING.

El trabajo de Richard Fariña, de la Universidad de la República Uruguaya y publicado en  Proceedings of the Royal Society, aporta evidencia indirecta de la presencia de humanos hace 30.000 años en la región.

La hipótesis, se centra en unos huesos fosilizados descubiertos en 1997 en el yacimiento Arroyo del Vizcaíno, en la localidad de Sauce (35 kilómetros al oeste de Montevideo). 


Según fariña, los más de mil huesos encontrados, que pertenecen a 27 ejemplares de varias especies animales ya extintas, "revelan características que sugieren la presencia humana". 

Este elemento pone en entredicho el paradigma existente, que establece que el poblamiento americano se produjo de Norte a Sur y miles de años después. 

El equipo investigador, en el que también participaron Sebastián Tambusso, Luciano Varela, Ada Czerwonogora, Mariana Di Giacomo, Marcos Musso, Roberto Bracco y Andrés Gascue, explica que los restos de los ejemplares hallados "son de adultos jóvenes", más resistentes que los de ancianos. 

"Hay pocas evidencias de que (los fósiles) hayan sido transportados por una corriente fluvial" hasta el lugar en que fueron descubiertos, por lo que todo apunta a que podrían haber sido depositados allí por seres humanos. 

Además, "varios de los huesos muestran marcas profundas, asimétricas, microestriadas y afiladas, similares a las producidas por las herramientas de piedra de los humanos", indica el estudio, difundido en Londres a través de la citada revista el 20 de noviembre. 

De hecho, en el mismo yacimiento se encontró una pieza de piedra con forma de raspador, cuya superficie "presenta un micropulido parecido al de los utensilios usados por el hombre", explicó Fariña. 

Indico también que "el hallazgo de los huesos con posibles marcas de la presencia humana en América del Sur y tan al este como Uruguay añadirían un ingrediente más al estudio de la interacción entre los seres humanos y la megafauna, esas especies animales de grandes dimensiones que habitaron en el Pleistoceno". 

El paleontólogo reveló que las pruebas de datación por carbono 14 a las que sometieron los restos determinaron que pertenecían a un período de hace entre 27.000 y 30.000 años. 

Sin embargo, la teoría más arraigada data la llegada del hombre al continente americano "en los últimos milenios del Pleistoceno, hace 13.000 o 14.000 años", recordó. 

La hipótesis tradicional defiende que los primeros pobladores de América fueron los clovis, un pueblo de cazadores que llegó entonces desde el noreste de Asia y cruzó al noroeste de América (actual Alaska) por el Estrecho de Bering. 

Este extremo fue cuestionado recientemente por otra investigación de varios científicos de universidades españolas y alemanas, que estudiaron la genética de varias comunidades nativas del sur del continente americano y llegaron a la conclusión de que tenían orígenes diversos. 

Por ejemplo, algunos pobladores de Perú presentaban patrones genéticos propios de los habitantes de la Polinesia, por lo que podría originarse la hipótesis de que los primeros seres humanos llegaron a América en sucesivas oleadas desde diversos puntos geográficos, y no en una migración única. 

Fariña argumentó que estas investigaciones "aportan resultados al debate internacional" sobre cómo y cuándo llegó el hombre a América, pero prefirió mostrarse "prudente" antes de establecer una teoría definitiva al respecto. 

Explicó que la publicación de su trabajo en la Proceedings of the Royal Society "no significa que sea o no verdadero, porque en ciencia no hay verdades reveladas", pero de alguna forma lo valida. 

Ahora espera continuar con las investigaciones en el yacimiento de Arroyo Vizcaíno el próximo mes de enero, con la llegada del verano austral, para poder excavar más fácilmente en los sedimentos del lecho del río y dar con "más secretos de la naturaleza", como Fariña llama a los fósiles. 

En 2011 la Presidencia uruguaya informó por primera vez de la investigación, que al parecer tiene su origen mucho antes, en 1997, pero que entonces tuvo que ser suspendida por falta de fondos.

Referencia




miércoles, 27 de noviembre de 2013

Megistonyx oreobios, NUEVA ESPECIE EXTINTA DE PEREZOSO GIGANTE HALLADA EN VENEZUELA.

El cráneo casi completo y fragmentos del esqueleto de un perezoso gigante de la familia Megalonychidae, descubiertos en 1997 por una expedición científica a Cerro Pintado, en la Sierra de Perijá estado Zulia, corresponden a un nuevo género y especie para la ciencia: Megistonyx oreobios, el cual vivió durante el Pleistoceno tardío hace 14.150 años antes del presente.


Megistonyx oreobios significa “la mayor garra que habitó las grandes montañas”, haciendo referencia a la característica distintiva de los mamíferos megaloníquidos del orden Pilosa, dotados de uñas largas y afiladas en forma de garfio.

En la investigación participaron el geólogo del Servicio Nacional de Parques de los Estados Unidos, H. Gregory McDonald; el paleontólogo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Ascanio Rincón; y el profesor de Biología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Tennessee de Chattanooga, en Estados Unidos, Timothy J. Gaudin.

La edad de los fósiles fue calculada por métodos radiométricos mediante la desintegración del isótopo carbono 14. Se concluyó que el herbívoro terrestre encontrado en la Cueva de los Huesos por los representantes del Museo de Biología de la Universidad del Zulia existió cerca del final de la Glaciación Mérida, nombre con el cual se conoce el episodio glacial del Pleistoceno tardío ocurrido en los Andes venezolanos (estados Mérida, Táchira y Trujillo) entre 2.600 y 3.500 metros de altura, y que finalizó hace 17.000 y 14.000 años antes del presente.

Dicha información coincide con las estimaciones hechas en 1974 por el geólogo alemán Carlos Schubert, quien en vida se desempeñara como investigador del Centro de Ecología del Ivic. “Cerro Pintado, en la última Edad del Hielo, estuvo cubierto por glaciares y el perezoso vivió cuando había hielo, siendo uno de los animales que ha subsistido a tan elevadas alturas en el planeta. El perezoso poblaba el mundo cuando este comenzó a transformarse en un ambiente más cálido y húmedo; en plena glaciación era frío y seco” explicó Rincón, coautor del estudio y jefe del Laboratorio de Paleontología del Ivic donde se analizaron las muestras.

Bajo cero

A mayor altura la temperatura disminuye drásticamente, por lo que el perezoso debió adaptarse a condiciones climáticas extremas. Las especies actuales tienen un metabolismo basal bajo y son térmicamente sensibles, al punto de considerar esa susceptibilidad al calor como una posible causa de extinción.

De hecho, el estudio internacional comprueba que los perezosos gigantes del Megistonyx no solo eran más diversos ecológica, morfológica y taxonómicamente, sino en términos fisiológicos, siendo algunas especies capaces de soportar períodos prolongados de clima frío. Asimismo, muestra la aparente destreza de estos animales para trepar terrenos rocosos alpinos.

La fauna asociada a la cueva incluye al extinto chigüire Neochoerus, el venado Mazama y el pecarí Tayassu, probablemente de la misma edad del perezoso. Particularmente el chigüire no había sido reportado en áreas montañosas, solo en sabanas de tierras bajas, lo que sugiere que Cerro Pintado pudiera haber experimentado el proceso de desglaciación antes de lo que la cronología actual propone y que las temperaturas estacionales eran más calurosos.

“Esa corriente de agua sobre la superficie de Cerro Pintado hizo que las cuevas situadas en la cima se perforaran, afectando la vida de los animales que usaban esos espacios como protección contra los depredadores y el frío intenso y como refugio para buscar agua. Por lo general, los perezosos de esa talla y peso se consiguen en sabanas abiertas pues a esas alturas no hay árboles tan altos” informó Rincón.

Cerro Pintado es actualmente una meseta donde predomina la roca sedimentaria caliza (formada por carbonato de calcio) con 90 millones de años de antigüedad aproximadamente. “Es como ver un tepuy pero de caliza” dijo.

La travesía continúa

Los restos del perezoso gigante pertenecen a un individuo adulto hembra con muchas patologías óseas. La parte posterior del paladar (fosa pterigoides) tiene un engrosamiento consistente con un ataque bacteriano. “La cresta sagital derecha (donde se insertan los músculos que permiten el movimiento de la mandíbula) presenta una muesca, es decir, hubo un golpe fuerte que fracturó el hueso y lo unió de manera imperfecta” enumeró Rincón.

Aunque los Megistonyx son originarios del norte de América del Sur, recientes análisis filogenéticos demuestran su parentesco con Ahytherium y Australonyx, hallados en cuevas inundadas en Brasil.

“Cuando se formó el istmo de Panamá -que conecta a Centroamérica con Suramérica- los perezosos migraron a Norteamérica. Es interesante saber que este grupo posee una proximidad biogeográfica con el taxón Pliometanastes, los megaloníquidos que cruzaron por primera vez ese paso de tierra. Probablemente, los primeros inmigrantes al norte del continente los tengamos nosotros en Venezuela. Estamos en la puerta del gran intercambio biótico de las Américas” aseguró Ascanio Rincón.

Los resultados fueron publicados recientemente en el Volumen 33 Número 5 de la Journal of Vertebrate Paleontology, órgano oficial de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados, con sede en los Estados Unidos.

Más de 15 años transcurrieron entre el hallazgo de los fósiles y su identificación, pero la misión no ha terminado. “Nuestra intención es regresar a Cerro Pintado porque estamos completamente seguros de que el cuerpo faltante del perezoso siguen allá; solo pudimos recolectar parte de los brazos y algunas vértebras y costillas. Además, queremos indagar cómo era la ecología de estos animales. Lo único que necesitamos para hacerlo es apoyo financiero y logístico, porque el acceso a la zona -frontera con Colombia- es sumamente complejo” insistió Rincón.

[Fuente]
http://bitacora.ivic.gob.ve/?p=9303

PLACENTALIA VERSUS EUTHERIA: CONSIDERACIONES SOBRE SU SIGNIFICADO TAXONÓMICO

Jhoann Canto H. y José Yáñez V.
Museo Nacional de Historia Natural
jhoann.canto@mnhn.cl; jose.yanez@mnhn.cl

INTRODUCCIÓN

El paleontólogo David Raup (1992) es uno de los primeros especialistas en analizar estadísticamente la biodiversidad extinta en el tiempo. Al respecto señaló que “el 99,9% de las especies están extintas”. Dicho de otra manera, en la actualidad sólo existe el 0,1% de las formas de vida que han habitado nuestro planeta en los pasados 3.500 millones de años (Ma) de evolución. Esto indica que, en términos generales, dentro de este 0,1% de especies actuales, los mamíferos son uno de los últimos clados de vertebrados en diversifi carse en morfos que habitan la tierra, el aire y los cuerpos de agua. Esta diversidad abarca un rango de masa que va desde los 1,6 g como es el caso del murciélago moscardón (Craseonycteris thonglongyai) hasta la ballena azul (Balaenoptera musculus) con sus 120 toneladas.

Según Wilson y Reeder (2005) el número de especies de mamíferos determinadas llega a las 5.416, con posterioridad Wilson y Reeder (2011) señalan que el número aumenta a los 5.750, lo que implicaría un incremento en 334 especies de mamíferos en tan sólo seis años, es decir 55,6 mamíferos nuevos por año. Esto nos plantea tres situaciones que podrían explicar estos valores: 1) que fueron descubiertas nuevas especies (Durbin et al. 2010; Helgen et al.2013), 2) que son el producto de las nuevas revisiones taxonómicas del clado o 3) ambas situaciones (Reeder et al 2007). Estos tres puntos son considerados en el trabajo de Zhang (2011) que distribuye a los mamíferos en tres categorías supraordinales1: Subclase Prototheria Gill, 1872 con un Orden que reúne a cinco especies; la Infraclase Marsupialia Illiger, 1811 con siete Órdenes y un total de 343 especies la Subclase Theria con la Infraclase Placentalia Owen, 1837 (=Eutheria) con 21 Órdenes y un total de 5.359 especies. Esto implica que los mamíferos placentarios representan el 93,9 %, del total, mientras que los marsupiales llegan sólo al 6% y los prototerios a un valor mínimo de 0,1 %.


FIGURA 1. Piezas dentales y mandíbula de Juramaia sinensis eutherio del Jurasico medio-tardío. Segundo molar A) en vista distal, B), oclusal, C) labial, D) mesial, E) vista de las piezas dentales derechas del premolar 3 (P3) al molar 3 (M3), F) reconstrucción en vista labial de la dentición superior izquierda, G) fragmento del dentario con restauración de las piezas dentales. El color gris indica reconstrucción de las secciones óseas faltantes (Tomado y modifi cado de Luo et al. 2011).

[Seguir leyendo]
http://issuu.com/mnhn_cl/docs/tr11_canto_yanez_mammalia

martes, 19 de noviembre de 2013

Appalachiosaurus montgomeriensis

Fue una especie de dinosaurio terópodo tiranosauroide, que vivió a finales del período Cretácico, hace aproximadamente 77 millones de años (Campaniano), en lo que es hoy Norteamérica. Es el terópodo mejor conservado del este de Estados Unidos.


Como casi todos los terópodos, era un depredador bípedo. Solamente se ha encontrado un esqueleto juvenil, representando un animal de alrededor de 7 metros de largo y aproximadamente 600 kilogramos, lo que indica que un adulto habría sido incluso más grande. Se encontraron varios elementos aplastados, pero el espécimen es todavía informativo y muestra muchas características únicas. Varios de estas se han identificado en el cráneo, y las garras de los pies que muestran una protrusión inusual en el extremo más cercano al cuerpo. Una fila de seis crestas bajas alineadas en la parte superior del hocico, similar al Alioramus asiático, aunque la mayoría de las especies del tiranosáuridos exhibían una ornamentación en diversos grados encima del hocico. Esta cresta es un arco bajo y redondeado.

La forma general del cráneo es semejante a la de otros tiranosauroides primitivos, mientras que las proporciones de los miembros son similares a las de los tiranosáuridos más avanzados, patas largas y brazos cortos.

El Appalachiosaurus es un descubrimiento importante siendo dado por los autores de su descripción como el primer tiranosauroide reconocido a nivel de género en el este de América del Norte en mucho tiempo. De acuerdo con Carr et al., las características de este animal ayudan a posicionar filogenéticamente al problemático Dryptosaurus en el clado Tyrannosauroidea. Appalachiosaurus es perceptiblemente diferente y más derivado que el otro tiranosauroideo temprano de Norteamérica del este, Dryptosaurus.

Appalachiosaurus es lo bastante completo ser incluido en análisis filogenéticos usando la cladística. El primero fue realizado antes de que el animal hubiera sido incluso nombrado, y a Appalachiosaurus se lo ubicó como un miembro de la subfamilia Albertosaurinae en Tyrannosauridae, que también incluye Albertosaurus y Gorgosaurus.2 La descripción original también incluyó un análisis cladístico, para A. montgomeriensis, que lo considero un tiranosauroide basal por fuera de Tyrannosauridae.1 Sin embargo, los tiranosáuridos asiáticos similares Alioramus, y Alectrosaurus fueron excluidos, al igual que Eotyrannus de Inglaterra. Tiranosauroides anteriores tales como Dilong y Guanlong no habían sido descritos cuando este análisis fue realizado. Estas exclusiones pueden tener un efecto significativo sobre la filogenia. Hasta la fecha, no se ha publicado ningún análisis que incluya todos los taxones conocidos de tiranosauroides.

Referencias:
  • Carr, T.D., Williamson, T.E., & Schwimmer, D.R. 2005. A new genus and species of tyrannosauroid from the Late Cretaceous (middle Campanian) Demopolis Formation of Alabama. Journal of Vertebrate Paleontology 25(1): 119–143.
  • Holtz, T.R. 2004. Tyrannosauroidea. In: Weishampel, D.A., Dodson, P., & Osmolska, H. (Eds.). The Dinosauria (2nd Edition). Berkeley: University of California Press. Pp. 111-136.



lunes, 11 de noviembre de 2013

En dos ocasiones el calentamiento global a dado lugar a enanismo entre los mamíferos.

El tamaño corporal de los mamíferos se redujo significativamente durante al menos dos antiguos eventos de calentamiento global. Un nuevo hallazgo sugiere que es posible un resultado similar en respuesta al calentamiento global causado por el hombre, según un paleontólogo de la Universidad de Michigan y sus colegas.


Representación artística del caballo temprano Hyracotherium (derecha), junto a un caballo de hoy en día. Los investigadores encontraron que el tamaño corporal del Hyracotherium disminuyó en un 19% durante un evento de calentamiento global, hace unos 53 millones de años. Crédito de la imagen: Danielle Byerly, Universidad de Florida.

Los investigadores han sabido por años que el tamaño de los mamíferos, como los primates y los grupos que incluyen a los caballos y a los ciervos, se redujo considerablemente durante un período de calentamiento llamado Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (MTPE), hace unos 55 millones de años.

Ahora el paleontólogo Philip Gingerich y sus colegas han encontrado evidencia que también se produjo “enanismo” entre los mamíferos durante un evento menor de calentamiento global que se produjo unos 2 millones de años después del MTPE, hace unos 53 millones años.

“El hecho de que haya sucedido dos veces aumenta significativamente nuestra confianza de que estamos viendo causa y efecto, que una respuesta interesante al calentamiento global en el pasado fue una disminución sustancial en el tamaño corporal de las especies de mamíferos”, dijo Gingerich, profesor de ciencias de la tierra y ambientales.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que la disminución del tamaño corporal “parece ser una respuesta evolutiva común” de los mamíferos a los acontecimientos extremos del calentamiento global, “de ahí, que puede ser una respuesta natural predecible de algunos linajes a un futuro calentamiento global”.

El MTPE duró unos 160.000 años, y la temperatura global aumentó en un estimado de 9 a 14 grados Fahrenheit en su apogeo. El acontecimiento menor posterior, analizado en el estudio más reciente, conocido como EMT2 (Eoceno Máximo Térmico 2), duró de 80.000 a 100.000 años y dio lugar, en su apogeo, a un aumento de la temperatura de aproximadamente 5 grados Fahrenheit.

“Curiosamente, el grado de enanismo mamífero puede estar relacionado con la magnitud del evento hipertermal”, dice Abigail D’ Ambrosia, de la Universidad de New Hampshire, y parte del equipo de investigadores.

Los paralelos entre hipertermales antiguos y el calentamiento global de hoy en día hacen que los estudios de los fósiles sean particularmente valiosos, dicen los investigadores.

[Fuente]
http://cienciaaldia.com/2013/11/en-dos-ocasiones-el-calentamiento-global-a-dado-lugar-a-enanismo-entre-los-mamiferos/