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lunes, 9 de diciembre de 2013

Niassodon mfumukasi, NUEVA ESPECIE DE SINÁPSIDO DESCUBIERTO MOZAMBIQUE.

Un equipo internacional de científicos ha encontrado en la provincia de Niassa (Mozambique), una nueva especie y género de vertebrados fósiles, un pariente lejano de los mamíferos de hace 256 millones de años. Esta nueva especie pertenece a un grupo de animales llamados sinápsidos (“Synapsida”), que incluye una serie de linajes extintos que dominaron las comunidades de la tierra en el Pérmico Tardío (hace entre 260 y 252 millones de años).


Paleontólogos de nueve instituciones, entre ellos Kenneth Angielczyk, conservador asociado en el Museo Field de Chicago, en Estados Unidos, describen la anatomía de esta nueva especie en la revista científica “Plos One”. El fósil fue denominado Niassodon mfumukasi, que en el idioma local (chiyao) significa: la reina del Lago Niassa, en homenaje a la sociedad matriarcal Yao, a las mujeres de Mozambique y la belleza del Lago Niassa.

La investigación se llevó a cabo bajo los auspicios del Projecto PalNiassa, una colaboración científica internacional y multidisciplinaria que incluye más de dos docenas de científicos de tres continentes diferentes. El objetivo del proyecto es encontrar, estudiar y preservar el patrimonio paleontológico de Mozambique.

Niassodon mfumukasi, es el primer nuevo género (y especie) de un vertebrado fósil de Mozambique y su holotipo, es un raro ejemplo de un sinápsido que conserva el cráneo y gran parte del esqueleto juntos. Gracias a la tomografía microcomputarizada fue posible reconstruir digitalmente los huesos de Niassodon y construir un modelo virtual de su cerebro, revelando información sobre la anatomía cerebral de los primeros sinápsidos, que es importante para la comprensión de la evolución de muchas funciones del cerebro de los mamíferos.

La reconstrucción del cerebro y de la anatomía del oído interno de Niassodon es el más detallado presentado hasta la fecha para un sinápsido temprano, según los investigadores. Utilizando los datos digitales adquiridos en las tomografías, se pudo aislar todos los huesos individuales preservados para crear un nuevo código de color topológico, codificado matemáticamente, por los huesos del cráneo, lo que posibilitará estandarizar los colores utilizados en un modelo digital similar para otros animales.


El fósil se puede visitar en el Museo de Lourinh (Portugal) , pero pronto volverá a Mozambique, donde se convertirá en parte de las colecciones del Museo Nacional de Geología en Maputo. La muestra se recogió durante el trabajo de campo en el año 2009 con el apoyo del Museo Nacional de Geología (Maputo) y fue preparado en el Museo de Lourinh (Portugal), Instituto Gulbenkian de Ciência (Oeiras, Portugal) y la Universidad Metodista del Sur (Dallas), mientras la tomografía 3D se realizó en DESY-HZG (Hamburgo, Alemania).

[Referencia]
Rui Castanhinha, Ricardo Araújo, Luís C. Júnior, Kenneth D. Angielczyk, Gabriel G. Martins, Rui M. S. Martins, Claudine Chaouiya, Felix Beckmann, Fabian Wilde. Bringing Dicynodonts Back to Life: Paleobiology and Anatomy of a New Emydopoid Genus from the Upper Permian of Mozambique. PLoS ONE, 2013; 8 (12): http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0080974

[Fuente]

EXPERTOS REALIZARAN MAPEO DE LA ZONA DE LLUTA (ARICA), EN EL QUE SE HA HALLADO RESTOS DE CULTIVOS DE 4 MIL AÑOS.

Un grupo de expertos chilenos realizó una nueva expedición al sitio arqueológico Lluta 13 (ubicado 10 km al norte de Arica, Chile), donde se han encontrado restos de maíz y de otras plantas cultivadas y silvestres con una datación de entre 4.000 a 1.500 años.


Hace pocos días atrás, se realizó una misión encabezada por Calogero Santoro (arqueólogo del CIHDE, Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto), acompañado por la arqueóloga Carolina Salas y la fotógrafa Paola Salgado, en el sitio arqueológico Lluta 13, lugar donde se encontraron restos de maíz y de otras plantas cultivadas y silvestres de época prehispánica, datado entre 4000 a 1500 años antes del presenta, ha sido objeto de estudios interdisciplinarios, con miras a establecer su cronología, identificación de sus componentes y características topográficas.

En la oportunidad se levantaron datos geormorfológicos para construir un mapa detallado del sitio, que ilustrará un manuscrito, en preparación, denominado tentativamente “Maize and other Cultigens among Late Archaic Marine Hunters Gatherers in the Coastal Section of the Lluta Valley, Northern Chile, South Central Andes” (“Cultivos de maíz del Arcaico tardío de pescadores y cazadores recolectores en el valle de Lluta, norte de Chile, Andes sur”).

Este lugar tiene importancia para el equipo, ya que los restos vegetales encontrados se ubican históricamente en el periodo Formativo, época durante la cual cazadores recolectores de la costa comenzaron a instalarse al interior de los valles para establecer nuevas formas de vida basadas en una economía que integraba actividades de horticultura. De esta manera, se entregan antecedentes sobre la alimentación de los antiguos habitantes del desierto; además permite entender un poco más sus circuitos de movilidad, es decir, los espacios físicos que utilizaron para fines de descanso, búsqueda de recursos y actividades ceremoniales, durante la época que habitaron en esta zona.

Para dicha tarea tomaron datos por medio de GPS, que se sumaron a antecedentes que se han venido acopiando desde hace más de 10 años. El recorrido comenzó a partir de un hito cerca de la base de la ladera norte del valle, consistente en los fundamentos de una estructura de mampostería de piedra. Se realizaron también mediciones y registro espacial de las áreas de excavaciones realizadas previamente, a partir de ciertas señales y restos encontrados.

Luego de casi dos horas de medir, anotar y recordar las tareas antes realizadas, se recogieron todos los datos necesarios para aportar al manuscrito en el que Santoro y su equipo trabajan para dejarlo en condiciones de ser enviado a una revista internacional con revisión de pares externos.

“Desde una perspectiva histórica general hay que considerar que las poblaciones de la zona de Arica, al comienzo, vivían muy en la costa dependiendo casi exclusivamente de una economía de caza, recolección y pesca marina litoral. Pero poco a poco comenzaron a aproximarse al interior, aprendiendo como cultivar pequeñas terrazas fluviales adosadas a la caja del río. Los restos que encontramos son muy valiosos, porque nos permiten determinar cuáles eran las antiguas costumbres de estas bandas de cazadores recolectores en los diversos periodos de su historia”; lo que refleja de alguna manera uno de los grandes y más radicales cambios en la historia de la humanidad, como le fue la transformación de las sociedades de cazadores recolectores que se expandieron por todo el planeta, incluyendo el Desierto de Atacama o Patagonia, explicó el investigador del CIHDE.

Antiguo proyecto

Esta historia comenzó en 1999 cuando en una primera exploración, destinada a realizar un inventario de sitios arquelógicos del valle de Lluta junto con Alvaro Romero, el grupo realizó encontró restos de conchas marinas, vértebras grandes de pescados y materiales líticos (de piedra), además de otros indicios de ocupación humana en dicho sector del valle. Como todo programa de investigación de largo alcance, las investigaciones en este lugar se han ido enriqueciendo en la medida que se ha ampliado las líneas de análisis de los distintos materiales recuperados en el sitio.

La segunda exploración ocurrió en el 2006, encontrando dos estructuras de piedra, que si bien son simples (una línea recta). En esta encontraron un depósito de carbón y restos orgánicos (mazorcas y semillas). Terreno que se caracteriza por ser muy seco y rocoso.

En el proyecto, además de Santoro y Salas, participan Magdalena García, Chris Carter, Claudio Latorre, Alexandre Chevalier y Francisco Rothhammer.

[Fuente]
http://www.cihde.cl/

viernes, 6 de diciembre de 2013

DINOSAURIOS PUEDEN HABER DESARROLLADO ESTRUCTURAS SIMILARES A LOS PICOS DE LAS AVES.

Los picos son una característica típica de las aves modernas y se pueden ser de una gran variedad de formas, pero se conoce menos que los picos cubiertos de queratina ya habían evolucionado en diferentes grupos de dinosaurios durante el periodo Cretácico. Una nueva investigación explica que estos picos queratínicos sirvieron para estabilizar la estructura del esqueleto durante la alimentación.


Mediante el empleo de la tomografía de rayos X computarizada (TC) y simulaciones por ordenador de alta resolución, el doctor Stephan Lautenschlager y la doctora Emily Rayfield, de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, junto al doctor Perle Altangerel, de la Universidad Nacional de Mongolia, y el profesor Lawrence Witmer, de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, utilizaron modelos digitales para investigar más a fondo estos picos de dinosaurios.

El estudio se centró en el cráneo del género “Erlikosaurus andrewsi”, un gran dinosaurio herbívoro de entre tres y cuatro metros de la especie “Therizinosaurus”, que vivió hace más de 90 millones de años durante el periodo Cretácico en lo que hoy es Mongolia y cuyo hocico estaba cubierto por un pico de queratina. Este nuevo estudio revela que los picos queratínicos jugaron un papel importante en la estabilización de la estructura del esqueleto durante la alimentación, haciendo del cráneo menos susceptible a la flexión y la deformación.

El autor principal, el doctor Stephan Lautenschlager, de la Facultad de Ciencias de la Tierra de Bristol, en Reino Unido, explicó: "Clásicamente, se ha asumido que los picos evolucionaron para reemplazar los dientes y, por lo tanto, ahorrar peso, como requisito para la evolución al vuelo. Sin embargo, nuestros resultados indican que el pico de queratina era, de hecho, beneficioso para mejorar la estabilidad del cráneo durante la mordedura y la alimentación".

Según la coautora Emily Rayfield, profesora de Paleobiología en Bristol, gracias al uso de “Finite Element Analysis”, una técnica de modelado informático utilizada habitualmente en ingeniería, el equipo pudo deducir con mucha precisión cómo la mordedura y la fuerza muscular afectaban al cráneo del “Erlikosaurus” durante la alimentación. "Esto nos permitió identificar la importancia de las estructuras de los tejidos blandos, como el pico de queratina, que normalmente no se conserva en los fósiles", dijo.

El profesor de Paleontología del Colegio de Medicina Osteopática de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, Lawrence Witmer, resume: "Los picos se desarrollaron en varias ocasiones durante la transición de los dinosaurios a las aves modernas, por lo general, acompañados por la pérdida parcial o completa de los dientes y nuestro estudio muestra ahora que los picos cubiertos de queratina representan una innovación funcional durante la evolución de los dinosaurios".

[Fuente]

miércoles, 4 de diciembre de 2013

ALGUNOS BIVALVOS SELECCIONAN SU HOGAR SEGÚN EL SONIDO PRODUCIDO POR EL MEDIO MARINO.

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad estatal de Carolina del Norte ha demostrado que, como si de un canto de sirena se tratara, los sonidos producidos por un arrecife atraen a las jóvenes ostras para que se afinquen allí de manera permanente.


Las larvas de este bivalvo son animales planctónicos, lo que significa que no pueden nadar en contra o a través de las corrientes marinas. Sin embargo, sí tienen capacidad para moverse hacia arriba y hacia abajo dentro de una columna de agua. A medida que maduran, las jóvenes ostras desarrollan un músculo del «pie» que utilizan para detectar la presencia de escollos marinos. Cuando encuentran un lugar idóneo, se adhieren al mismo y permanecen allí durante toda su vida.

Los científicos saben que las larvas de ostra y otros bivalvos, como las almejas, responden a determinadas señales químicas y físicas del agua del mar para decidir cuándo empezar a buscar un hogar. Asimismo, Ashlee Lillis, estudiante de doctorado en ciencias del mar, se preguntó si el sonido producido por los arrecifes guardaba alguna relación con este fenómeno. Según ella, «a pesar de que las ostras no tienen oídos, son capaces de sentir la vibración producida por las corrientes marinas que atraviesan los escollos».

Lillis y David Eggleston, su director de tesis, decidieron poner a prueba esta hipótesis. Con la ayuda del geofísico Del Bohnenstiehl, realizaron grabaciones sonoras submarinas tanto en las cercanías de un arrecife como en el mar abierto. En una segunda fase, sometieron las muestras de larvas de ostra a dichos sonidos, en el medio natural así como en el laboratorio. Tal como publicaron en un artículo de la revista PLoS ONE, en ambos casos encontraron que la tasa de colonización aumentaba cuando los bivalvos eran expuestos a los sonidos de arrecifes en comparación con los del mar abierto.

«El océano presenta diferentes sonoridades, como ocurre en la superficie terrestre», apunta Lillis. «Vivir en un arrecife es como hacerlo en una zona urbana: hay una gran cantidad de residentes, mucha actividad y mucho ruido. En comparación, el fondo marino es más parecido a un tranquilo ambiente rural».

«Esta investigación representa el primer paso para entender cómo suenan los entornos marinos sanos» añade la estudiante de doctorado. «Si pudiéramos descifrar este misterio, sería posible mejorar la construcción de los cultivos de bivalvos y, a la vez, definir nuevos métodos para controlar la salud de los arrecifes marinos".

Los sonidos grabados por Lillis y su equipo están disponibles en este enlace: www.soundscapes.cmast.ncsu.edu

[Más información en PLoS ONE]
http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0079337

[Fuente]
http://www.investigacionyciencia.es/noticias/la-msica-de-los-arrecifes-atrae-a-las-ostras-11646

martes, 3 de diciembre de 2013

RECREANDO LOS ORÍGENES DE LA VIDA EN LA TIERRA.

Dos científicos de Harvard consiguen «protocélulas» artificiales capaces de replicar su material genético en presencia de compuestos químicos que pudieron existir en las charcas de la Tierra primitiva


K. ADAMALA - El ciclo de las protocélulas en una charca de la Tierra primitiva: síntesis de ARN y replicación de las protocélulas

Muchos científicos piensan que la vida en la Tierra comenzó con una protocélula, una vesícula de lípidos que contenía un material genético simple capaz de autorreplicarse. El científico del Hospital General de Massachusetts y de la Universidad de Harvard (EE. UU.) Jack Szostak, ganador del Nóbel de Medicina en 2009, lleva más de un decenio tratando de reconstruir en el laboratorio estas protocélulas a partir de las cuales habrían surgido los primeros microorganismos, lo que explicaría por fin el origen de la biología terrestre.

En el número de esta semana de la revista Science, Szostak y su colaboradora Katarzyna Adamala avanzan un paso fundamental hacia la recreación de una protocélula funcional, al descubrir un componente químico que permite a estas estructuras mantener su integridad y replicar su material genético.

En su desarrollo de la teoría de la evolución biológica, Charles Darwin intuyó que la vida no debió de originarse en el mar abierto, sino en pequeños charcos ricos en materia orgánica donde los ingredientes químicos podían concentrarse y reaccionar a las temperaturas adecuadas. Siguiendo la intuición de Darwin, Szostak quiere replicar artificialmente el proceso que tuvo lugar en la Tierra entre 3.500 y 4.000 millones de años atrás, cuando las primeras células simples surgieron de forma espontánea a partir de esa sopa química.

La idea de Szostak es construir una burbuja de lípidos, en concreto ácidos grasos, y rellenarla con los componentes esenciales de la vida que podían estar presentes en la Tierra primitiva. Las células de todos los seres vivos se basan en algo tan sencillo como la repulsión entre el agua y el aceite; al concentrarse en agua, los ácidos grasos forman espontáneamente una membrana que aísla en su interior un ambiente acuoso que actúa a modo de tubo de ensayo, donde pueden producirse las reacciones necesarias para transformar la química en biología.

Como otros expertos, Szostak piensa que el primer material genético que apareció en la evolución fue el ARN. Este sirve a las células de la mayoría de organismos como intermediario desechable para el funcionamiento de los genes, pero algunos sistemas simples, como ciertos virus, lo utilizan como único material genético. Las células modernas emplean complejas enzimas para replicar sus genes, pero estas no podían estar presentes en la química primordial de la Tierra temprana. Szostak y Adamala lograron un sistema en el que el ARN se replica de forma autónoma, a partir de un molde y sin ayuda de enzimas.

Citrato

Pero la receta química para ello generaba un nuevo problema: la replicación del ARN requiere grandes cantidades de iones magnesio, y estos desestabilizan la membrana de ácidos grasos, destruyendo la protocélula. “Por primera vez, hemos sido capaces de lograr el copiado no enzimático del ARN dentro de vesículas de ácidos grasos”, afirma Szostak. “Hemos encontrado una solución a un problema de largo recorrido en el origen de la vida celular: la química para el copiado del ARN requiere la presencia del ión magnesio Mg2+, pero los niveles altos de Mg2+ rompen las membranas simples de ácidos grasos que probablemente rodeaban a las primeras células vivas”.

Los investigadores pensaron entonces en introducir en su fórmula un quelante, una molécula capaz de atrapar el magnesio y bloquear su efecto nocivo sobre las membranas. La dificultad adicional estribaba en que este compuesto no debía impedir la función beneficiosa del magnesio en la polimerización del ARN.

Para ensayar la replicación del ARN, los científicos introdujeron en sus vesículas unas largas cadenas de ARN formadas por un único tipo de eslabón, la citosina. Como réplica, debía formarse una cadena complementaria formada por guaninas, que se aparean con las citosinas. Para facilitar la reacción, el ARN empleado como molde ya llevaba acoplados los primeros eslabones de la cadena complementaria. Por último, se añadieron las guaninas, el magnesio, y uno a uno se ensayaron los quelantes.

El citrato fue la respuesta. Este quelante no solo prevenía el daño en las membranas de ácidos grasos, sino que aceleraba el copiado de la cadena de ARN. Otros quelantes, como el isocitrato o el oxalato, también protegían las vesículas, pero impedían la replicación. “Mientras otras moléculas protegen las membranas contra el ión magnesio, no permiten que se produzca la química del ARN”, explica Szostak. “Pensamos que el citrato resguarda las membranas y facilita el copiado del ARN gracias a que solo cubre una cara del ión magnesio”.

En busca de péptidos

Pese al éxito de los investigadores, no parece fácil proponer que el citrato estuviera presente en la sopa primordial de aquellas charcas en las que, según Darwin y Szostak, nació la vida en la Tierra. El citrato es una forma iónica del ácido cítrico, el cual está presente en ciertas frutas y es ampliamente empleado como aditivo alimentario bajo el nombre de E330. Además, el citrato es un intermediario natural en el metabolismo de todos los seres que respiran oxígeno. Pero una molécula tan bioquímicamente clave no podía existir en un lugar en el que la bioquímica aún no se había inventado.

¿O sí? En su estudio, Szostak y Adamala citan un trabajo publicado el pasado septiembre en la revista Journal of the American Chemical Society y que describe una vía abiótica, es decir, que no requiere la compleja química de una célula, para producir algunos compuestos del ciclo del ácido cítrico. Pero en cualquier caso, los dos investigadores contemplan la posibilidad de que en las charcas prebióticas existiera una alternativa al citrato.

“Hemos mostrado que hay al menos una manera de compatibilizar la química de la replicación del ARN con membranas celulares primitivas basadas en ácidos grasos, pero esto plantea nuevas preguntas”, resume Szostak. “Nuestra mejor teoría es que debió de existir algún tipo de péptidos simples que actuaron de una forma similar al citrato, y ahora estamos trabajando en la búsqueda de estos péptidos”.

El motivo de Szostak y Adamala al proponer un tipo de péptido, moléculas que constituyen los ladrillos de las proteínas, es que uno de ellos forma el sitio activo de las ARN polimerasas, las enzimas que sintetizan el ARN en las células modernas. Dicho sitio, además, necesita ión magnesio para funcionar, lo que sugiere que el complejo citrato-magnesio podría simular la estructura funcional de ese presunto péptido unido al mismo ión que sí pudo estar presente en la sopa orgánica de la Tierra primigenia.

[Fuente]
http://www.abc.es/ciencia/20131128/abci-logran-recrear-primeras-celulas-201311280946.html