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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Piotr Alekséyevich Kropotkin (1842-1921)

Piotr Alekséyevich Kropotkin, nació en Moscú el 9 de diciembre de 1842 y murió en Dmítrov, el 8 de febrero de 1921, fue geógrafo y naturalista, además de uno de los impulsores intelectuales de la Revolución Rusa.

En 1874, expuso su teoría, según la cual la capa de hielo de la glaciación había alcanzado el centro de Europa; una idea que iba en contra del conocimiento convencional de la época. Su proposición generó una polémica, que finalizó con su posterior aceptación por la comunidad científica.

Otra gran contribución de Kropotkin a la teoría de la ciencia geográfica fue su hipótesis sobre la desecación de Eurasia como consecuencia del retroceso de la glaciación de la era precedente.



Todas estas ideas fueron concebidas cuando aún no había llegado a cumplir 30 años, lo cual hacía presuponer un gran futuro como investigador. El prestigio de su obra geográfica fue tan considerable que fue propuesto como presidente de la sección de Geografía Física de la Sociedad Geográfica Rusa. Pero Kropotkin no aceptó el nombramiento, porque su interés se había volcado hacia las actividades revolucionarias.

En el otoño de 1871, hallándome ocupado en Finlandia, caminando lentamente a pie hacia la costa, a lo largo del ferrocarril recientemente construido, observando atentamente los parajes donde primero debieron aparecer las muestras inequívocas de la primitiva extensión del mar, que siguió al período glacial, recibí un telegrama de la susodicha corporación, en el que se me decía: "El Consejo os ruega aceptéis el cargo de secretario de la Sociedad." Al mismo tiempo, el secretario saliente me suplicaba encarecidamente que prestara buena acogida a la propuesta. Se habían realizado mis esperanzas; pero al mismo tiempo, otras ideas y otras aspiraciones habían invadido mi pensamiento. Después de meditar detenidamente sobre lo que debería contestar, telegrafié: "Gracias encarecidas; pero no puedo aceptar". P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario



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viernes, 4 de diciembre de 2015

Fauna terrestre de Gondwana – La historia de los animales más australes

Fuente: DICYT

Descubren fósiles de animales terrestres de 270 millones de años que permiten reconstruir la historia de la colonización de los continentes del Hemisferio Sur.

La hipótesis que clásicamente manejaron los paleontólogos de vertebrados sobre el origen de las faunas terrestres de Gondwana (actuales continentes del Hemisferio Sur) era que los primeros tetrápodos (grupo al que pertenecen anfibios y reptiles) se originaron y diversificaron en las zonas ecuatoriales de Pangea hace unos 300 millones de años. A partir de ese momento se distribuyeron en los continentes del Hemisferio Norte y más tarde invadieron los continentes del Hemisferio Sur. La entrada de estos animales a los continentes australes de Pangea se demoró por la persistencia de las glaciaciones en este hemisferio que hacían que el ambiente no fuera tan favorable para su desarrollo.


Hasta el momento, casi toda la información disponible del origen de los animales terrestres en el Carbonífero (hace 300 millones de años) y el Pérmico temprano -hace 270 millones de años- proviene de una serie de localidades y afloramientos ubicados en la zona ecuatorial de Pangea, en los actuales territorios de América del Norte y el oeste de Europa.

Un estudio reciente publicado por la revista Nature Communications reporta el descubrimiento de fósiles de animales terrestres pertenecientes al Pérmico temprano en el actual territorio de Brasil. Este trabajo aporta información inédita acerca de la temprana diversificación y dispersión de los tetrápodos (grupo que incluye a todos los animales vertebrados terrestres) en Gondwana. El hallazgo de esta nueva fauna ayuda a llenar un vacío geográfico y temporal muy importante en la historia de la vida en el Hemisferio Sur.

“Desde el 2011 estamos trabajando en Brasil, específicamente en la cuenca de Parnaiba, que ocupa actualmente parte de los estados de Piauí y Maranhão en el nordeste de ese país. En los años ‘40 geólogos locales habían encontrado restos muy fragmentarios de anfibios y peces en rocas del Pérmico temprano en la región. Dada la importancia de estas rocas por su edad y que ya teníamos indicios que contenían fósiles de vertebrados, el paleontólogo local, Juan Carlos Cisneros, propuso hacer un proyecto multidisciplinario para su estudio y me invitó a mí que soy especialista en tetrápodos basales a participar. Prospectamos los afloramientos de la región que, a pesar de estar restringidos en medio de áreas muy cubiertas de vegetación, fueron muy ricos. Este hallazgo es muy importante porque son las primeras evidencias que tenemos sobre los primeros pobladores de Gondwana y cuáles eran sus similitudes y diferencias con los animales que vivían en las áreas más ecuatoriales de Pangea”, explica Claudia Marsicano, investigadora Principal del CONICET en el Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” (IDEAN, CONICET-UBA), profesora del Departamento de Ciencias Geológicas de la UBA y una de las autoras del trabajo.

Marsicano agrega que la mayoría de sus descubrimientos son recolectados en canteras de piedra, algunas abandonadas y otras que están actualmente en uso en medio de la selva en los alrededores de la ciudad de Teresina, capital del estado brasileño de Piauí. Las rocas de color rojizo oscuro y se cortan para realizar los adoquines de las calles. Los trabajadores de las canteras descartan las que no son parejas en color y estas son las que en general tienen restos de fósiles que los investigadores buscan.

Los tetrápodos son animales vertebrados que incluyen actualmente a los anfibios, los reptiles, los mamíferos y las aves. En las rocas del Pérmico temprano de Brasil los investigadores encontraron varios ejemplares de nuevas especies de anfibios acuáticos: Timonya anneae y Procuhy nazarienis. Estos animales pertenecen al grupo de los temnospóndilos, anfibios basales completamente extinguidos y comunes en el período Carbonífero y Pérmico temprano en el Hemisferio Norte. Junto con los nuevos anfibios también encontraron restos de dos cráneos de un reptil basal, Captorhinus aguti, totalmente inédito en Gondwana.

“Los anfibios que encontramos pertenecen a taxones nuevos mientras que el reptil basal se conocía la misma especie para el Pérmico temprano de Texas, EE.UU. Es decir que esta nueva fauna que hemos descubierto en Brasil, a pesar que estaba mucho más al sur, en las zonas tropicales de Gondwana, tiene algunos componentes comunes con las ecuatoriales del Hemisferio Norte y otros totalmente nuevos. A partir de este nuevo hallazgo, podemos trabajar sobre una nueva hipótesis acerca del origen y dispersión de las faunas de tetrápodos en Gondwana: que a partir de su origen, en las zonas ecuatoriales de Pangea, se dispersaron en los continentes del norte y hacia el sur en Gondwana casi simultáneamente”, asegura la investigadora.


Marsicano forma parte de distintos proyectos que tienen como objetivo la búsqueda y prospección de vertebrados en localidades poco exploradas del sur de Gondwana que puedan potencialmente aportar información sobre la historia de los primeros colonizadores del supercontinente. En este marco, hace un año lidera un proyecto financiado por National Geographic Committee for Research and Exploration en el Pérmico temprano del noroeste de Namibia. “Allí también estamos encontrando mucha información, tanto de anfibios como peces, potencialmente muy relevante ya que estaríamos en un área más al sur que la nueva fauna de Brasil. Pero todavía estamos en una etapa de estudios preliminares”, dice.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Más de 250 Ballenas muestras en Aysen – Nuevos antecedentes

He aquí evidencia de que “científicos” involucrados siempre supieron que las ballenas muertas eran más de 250, pero solo informaron 30 ejemplares por intereses particulares.





Australerpeton cosgriffi, anfibio de 260 millones de años, que parecia un cocodrilo.


Un grupo de paleontólogos realizó un nuevo y detallado análisis de una de las especies fósiles más interesantes de Brasil: el Australerpeton cosgriffi, un pariente gigante de los actuales anfibios que vivió en el período Pérmico, hace 260 millones de años. Pese a su nexo con los sapos y las salamandras actuales, este animal de hasta 2,5 metros de largo parecía más bien un cocodrilo, con su hocico delgado, que incluso poseía escamas en su cuerpo.

Esta nueva descripción de la especie, que hace hincapié en la peculiar morfología de su cráneo, salió publicada en Zoological Journal of the Linnean Society, y su primer autor es Estevan Eltink, quien cursó su doctorado en el Laboratorio de Paleontología de la Universidad de São Paulo en la ciudad de Ribeirão Preto, Brasil, con el apoyo de la FAPESP. Un trabajo anterior sobre fósiles recientemente descubiertos de este animal salió en mayo de 2014 en Journal of Vertebrate Paleontology.

Suscriben también el estudio Max Langer, de la USP de Ribeirão Preto –quien coordina el Proyecto Temático intitulado “El origen y la irradiación de los dinosaurios en Gondwana (Neotriásico - Eojurásico)” y dirigió el doctorado de Eltink–, como asín también Eliseu Dias, de la Universidad Estadual del Oeste de Paraná, Sérgio Dias-da-Silva, de la Universidad Federal de Santa Maria (Rio Grande do Sul), y Cesar Schultz, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul.

Eltink comenta que el paleontólogo Mario Costa Barberena, de la UFRGS (ya fallecido), recolectó los primeros fósiles de la especie, oriunda de Serra do Cadeado, zona serrana del interior de estado de Paraná, a lo largo de los años 1970 y 1980. Costa Barberena realizó la primera descripción formal del A. cosgriffi en 1998, abordando justamente el cráneo del animal. Otros trabajos sobre ese material poscraneal (es decir, que va del cuello hasta la punta de la cola) salieron en la década siguiente.

“Pese a que era un animal relativamente bien estudiado, la descripción de Costa Barberena era superficial y carecía de una revisión más profunda de la anatomía y la comprensión comparativa de las estructuras”, dijo Eltink. Asimismo, perduraba un misterio con relación a la posición de la criatura en el “álbum de familia” de los anfibios primitivos.

Para ser más preciso, la especie pertenecía al gran grupo de los temnospóndilos, animales que gozaron de un amplio éxito evolutivo y colonizaron ambientes terrestres y acuáticos durante más de 200 millones de años hasta desaparecer (pero no sin que antes un subgrupo de éstos les diera origen a los anfibios actuales, de acuerdo con la hipótesis dominante entre los paleontólogos).

El A. cosgriffi es el temnospóndilo más completo que se haya encontrado en América del Sur. Su hocico muy largo y fino –el término técnico es “longirrostrino”, se asemeja al de animales que existieron en la región de la actual Rusia.

Sin embargo, también existía la posibilidad de que el animal tuviera una ligazón más cercana con temnospóndilos contemporáneos de Sudáfrica, con morfología brevirrostrina, es decir, de hocico corto. Ésta fue la duda que los investigadores intentaron despejar mediante el análisis detallado de los cráneos de la especie descubiertos hasta ahora y de la comparación de su morfología con la de otros temnospóndilos.

Cuestión de oído

El análisis tuvo en cuenta un conjunto de 221 características del grupo. Sin embargo, la más importante para definir el lugar de la especie en el árbol genealógico de los anfibios primitivos fue la morfología de la cavidad del tímpano, que ayudó a clasificar a la criatura como pariente de las formas sudafricanas conocidas como Rhinesuchidae.

“En tanto, las formas rusas, representadas por los Platyoposaurinae, de largirrostria [hocico alargado] bastante evidente, exhibirían esa característica convergentemente”, dice Eltink.

Es decir, se trata de un caso típico de evolución convergente, en el cual dos linajes de animales sin parentesco muy cercanos se ven llevados por la selección natural a desarrollar adaptaciones morfológicas muy similares.

La cuestión, por supuesto, es la siguiente: ¿una convergencia con qué fin? Tanto el formato de la bocona del A. cosgriffi como su dentición sugieren una dieta basada en peces, que también debe haber sido el caso de las especies rusas.

Un animal moderno que recuerda superficialmente a esa criatura es el gavial (Gavialis gangeticus), un cocodrilo de la India. En el caso de los gaviales, se sabe que el hocico delgado reduce la resistencia del agua a los movimientos del animal y le facilita así la captura de peces. “Pese a que los grupos son filogenéticamente muy lejanos, la morfología general del cráneo es similar”, dijo Eltink.

“Vemos que los hábitos piscívoros desembocan a menudo en una morfología craneal bastante parecida. Entre los temnospóndilos, por ejemplo, esa morfología apareció en tres linajes distintos: Archegosauridae, Rhinesuchidae y Trematosauridae.”

“Cuando observamos la historia evolutiva de los tetrápodos [todos los vertebrados menos los peces] como un todo, el alargamiento del cráneo aparece convergentemente en distintos linajes acuáticos y semiacuáticos. Por ende, esto parece ser algo bastante plástico”, dijo el paleontólogo.

Resulta evidente que un predador de este porte dependería de un escenario semiacuático igualmente grandioso. En la época en que esta especie vivió, los continentes estaban agrupándose para formar el supercontinente Pangea, con el cierre del pequeño mar que existía entre lo que vendría a ser América del Sur y la futura África.

En la época y en el lugar en que el A. cosgriffi vivía, el resultado de esos procesos fue la formación de un ambiente de transición entre áreas fluviales continentales y ambientes más áridos. Por lo tanto, es posible imaginar una región costera con dunas y lagos de agua dulce, que quizá se pareciera a la actual región de Lençóis Maranhenses, en el estado de Maranhão, en la cual el anfibio nadaba en busca de peces.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Mocha Dick: entre el mito y la realidad

Dejamos con ustedes una nota preparada por Jhoann Canto H, Curador Área Zoología del Museo Nacional deHistoria Natural 

Imagen: Patricia Domínguez. Caza de cachalote.
(imagen basada en ilustración preexistente).
Los mitos muchas veces pueden contarnos historias de algo que parece inverosímil. En la mayoría de los casos pueden resultar ser sólo historias que se van agrandando con el paso del tiempo. Pero otras veces contienen trazos de verdad que la ciencia comienza a develar. Moby Dick es uno de ellos. Esta historia se hace conocida, en todo el mundo, en base a la novela de Herman Melville escrita en 1851 titulada Moby Dick. Esta novela surge de un breve artículo escrito por el periodista Jeremiah Reynolds, quien en 1829, que se encontraba realizado una expedición al Polo Sur y en su periplo por esa parte del planeta visita la isla Mocha donde conoce el relato de un cachalote albino que habita en las aguas cercanas de la isla. Según la información de la época este cachalote llegaba a los 24 metros de longitud y poseía una extraordinaria fuerza. Habría sobrevivido muchas décadas a intentos de caza. Se le hace responsable del hundimiento, en 1820, de un barco de 238 toneladas llamado Essex. En 1839 Reynolds publicó una nota en una revista de Nueva York llamada The knickerbocker. Tras leerla  Melville se inspira y escribiría su famosa novela.

Qué dice la ciencia de esta especie

Mocha Dick o Moby Dick  es una especie de Cachalote conocido con el nombre científico Physeter catodon (otros especialistas utilizan el nombre Physeter macrocephalus). Es un gran odontoceto que pertenece a la familia Physeteridae. La literatura científica señala que los machos pueden alcanzar hasta los 19 metros de longitud y llegar pesar unas 70 toneladas. Son grandes buceadores llegando a descender unos 3.000 metros y contener la respiración hasta poco más de dos horas. Muchos estudios indican que sobrepasan los 70 años de vida. Esta especie habita en  todos los océanos del planeta. Estimaciones señalan que antes de la actividad ballenera su población alcanzaba al 1.100.000 de individuos. Hoy se considera los especialistas indican que podrían quedar unos 100.000 ejemplares.

¿Pero cuál es la realidad del mito?

No sabemos que tanto puede llegar a vivir esta especie. Usualmente la forma de estimar la edad es mediante el conteo de las capas que se conservan en los dientes. Por lo que se depende de los ejemplares que varan. Asimismo el tamaño máximo reportado es resultado de las estadísticas obtenidas de las antiguas operaciones balleneras y de los ejemplares que varan. Esto quiere decir que perfectamente la longevidad puede ser más amplia de lo que conocemos y la longitud también.

Para saber más:
  • Berta, A. J.L. Sumich and K.M. Kovacs. 2006. Marine Mammals: evolutionary biology. Academic Press. 547 p.
  • Degrati, M. N. A. García, M. F. Grandi, M. S Leonardi, R. Loizaga de Castro, D.G. Vales, S.L. Dans, S.N. Pedraza and E.A. Crespo. 2011. New record of a stranded sperm whale (Physeter macrocephalus) and a review of strandings along the continental argentine coast. Mastozoología Neotropical, 18(2):307-313, Mendoza, 2011