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viernes, 27 de noviembre de 2015

Mocha Dick: entre el mito y la realidad

Dejamos con ustedes una nota preparada por Jhoann Canto H, Curador Área Zoología del Museo Nacional deHistoria Natural 

Imagen: Patricia Domínguez. Caza de cachalote.
(imagen basada en ilustración preexistente).
Los mitos muchas veces pueden contarnos historias de algo que parece inverosímil. En la mayoría de los casos pueden resultar ser sólo historias que se van agrandando con el paso del tiempo. Pero otras veces contienen trazos de verdad que la ciencia comienza a develar. Moby Dick es uno de ellos. Esta historia se hace conocida, en todo el mundo, en base a la novela de Herman Melville escrita en 1851 titulada Moby Dick. Esta novela surge de un breve artículo escrito por el periodista Jeremiah Reynolds, quien en 1829, que se encontraba realizado una expedición al Polo Sur y en su periplo por esa parte del planeta visita la isla Mocha donde conoce el relato de un cachalote albino que habita en las aguas cercanas de la isla. Según la información de la época este cachalote llegaba a los 24 metros de longitud y poseía una extraordinaria fuerza. Habría sobrevivido muchas décadas a intentos de caza. Se le hace responsable del hundimiento, en 1820, de un barco de 238 toneladas llamado Essex. En 1839 Reynolds publicó una nota en una revista de Nueva York llamada The knickerbocker. Tras leerla  Melville se inspira y escribiría su famosa novela.

Qué dice la ciencia de esta especie

Mocha Dick o Moby Dick  es una especie de Cachalote conocido con el nombre científico Physeter catodon (otros especialistas utilizan el nombre Physeter macrocephalus). Es un gran odontoceto que pertenece a la familia Physeteridae. La literatura científica señala que los machos pueden alcanzar hasta los 19 metros de longitud y llegar pesar unas 70 toneladas. Son grandes buceadores llegando a descender unos 3.000 metros y contener la respiración hasta poco más de dos horas. Muchos estudios indican que sobrepasan los 70 años de vida. Esta especie habita en  todos los océanos del planeta. Estimaciones señalan que antes de la actividad ballenera su población alcanzaba al 1.100.000 de individuos. Hoy se considera los especialistas indican que podrían quedar unos 100.000 ejemplares.

¿Pero cuál es la realidad del mito?

No sabemos que tanto puede llegar a vivir esta especie. Usualmente la forma de estimar la edad es mediante el conteo de las capas que se conservan en los dientes. Por lo que se depende de los ejemplares que varan. Asimismo el tamaño máximo reportado es resultado de las estadísticas obtenidas de las antiguas operaciones balleneras y de los ejemplares que varan. Esto quiere decir que perfectamente la longevidad puede ser más amplia de lo que conocemos y la longitud también.

Para saber más:
  • Berta, A. J.L. Sumich and K.M. Kovacs. 2006. Marine Mammals: evolutionary biology. Academic Press. 547 p.
  • Degrati, M. N. A. García, M. F. Grandi, M. S Leonardi, R. Loizaga de Castro, D.G. Vales, S.L. Dans, S.N. Pedraza and E.A. Crespo. 2011. New record of a stranded sperm whale (Physeter macrocephalus) and a review of strandings along the continental argentine coast. Mastozoología Neotropical, 18(2):307-313, Mendoza, 2011

jueves, 26 de noviembre de 2015

Orquídeas chilenas, nuevo registro aumenta su número a 72 especies


Se las puede encontrar desde el altiplano hasta Magallanes, e incluso una crece en el archipiélago Juan Fernández. Solo viven en estado silvestre, ya que los esfuerzos por domesticarlas han sido muy limitados.

Cuando se menciona la palabra orquídea se suele pensar en una densa y húmeda selva tropical. Pero la verdad es que las orquídeas también crecen en regiones de clima templado.

Es así como en nuestro territorio viven al menos 72 especies, según lo consigna la segunda edición ampliada de la Guía de Campo de las Orquídeas de Chile, que acaba de ser editada por la Corporación Chilena de la Madera (Corma). “Lo más relevante es que en la versión anterior de 2006 se presentaban 50 especies y ahora aumentamos a 72”, destaca el botánico Diego Alarcón, quien junte a sus colegas Patricio Novoa, Mauricio Cisternas, Erwin Domínguez y Jaime Espejo aportaron sus investigaciones para la publicación.

“Muchas especies todavía no han sido clasificadas en categorías de riesgo, pero lo más probable es que deban consignarse como vulnerables o en peligro de extinción”, dice Alarcón. Son poco conocidas y además su hábitat coincide con zonas sujetas a cambios muy rápidos, especialmente de uso de suelo, en la zona entre Valparaíso y Biobío.

A ello se suma que ha sido muy difícil domesticarlas y que si bien ha habido algunos intentos con la Chloraea crispa, los resultados han sido limitados. Por ello, para verlas hay que salir de las ciudades aunque no muy lejos, en algunos casos. Es así como en Santiago se las puede ver en la parte alta del cerro Manquehue o en los cerros de Caleu, mientras que en la V Región es posible observarlas en la parte alta de Valparaíso y Viña del Mar.

Justamente en esta zona es donde más se ha producido reducción de su hábitat, reconoce Patricio Novoa otro de los autores, quien es investigador del Jardín Botánico Nacional.

De hecho, cuenta, hay descripciones antiguas de que la Chloraea gavilu era abundante entre los cerros Los Placeres y Barón, pero esa zona hoy está completamente urbanizada.

Tampoco crecen en todas partes.

Normalmente prefieren las laderas expuestas al sol que miran hacia la costa o hacia el sur. “Sospechamos que muchas dependen de la presencia de un hongo con el que entran en una estrecha relación”, dice Novoa.

Con coloridos que van desde el blanco al rojo, pasando por el amarillo y el verde, se las puede encontrar desde el altiplano hasta Magallanes salvo en la Región de Atacama. Es así como a orillas del lago Cotacotani, en la Región de Arica y Parinacota, vive la Myrosmod. Es nervosa, que está entre las únicas orquídeas que crecen a más de 4 mil metros de altura.

Otra exclusividad es la Gavilea insularis, que solo crece en la isla Alejandro Selkirk, en el archipiélago Juan Fernández.


Pero la que se lleva todos los títulos de rareza es la Bipinnula taltalensis, que florece gracias a la camanchaca de Paposo, cerca de Taltal. Solo ha sido vista en dos ocasiones, en 1951 y 1990. Novoa es optimista: “La próxima semana voy a Antofagasta a hacer unas charlas y aprovecharé para hacer una pequeña expedición a ver si la encontramos”.

Notas sobre la familia Gelastocoridae (Hemiptera: Heteroptera) en el extremo sur de Chile, con descripción de un subgénero y especie nuevos

Fuente: Notas sobre la familia Gelastocoridae (Hemiptera: Heteroptera) en el extremo sur de Chile, con descripción de un subgénero y especie nuevos. Eduardo I. Faúndez & Allan C. Ashworth

Los gelastocóridos son una familia de heterópteros que comprende 3 géneros y 111 especies a nivel mundial (Henry, 2009); no obstante análisis recientes indican que la cantidad de géneros presentes dentro de esta familia debería aumentar (Cassis, 2006).

Estos insectos son comúnmente conocidos como “chinches sapo” o “sapitos de barro”, debido a su parecido con especies de la familia Bufonidae (Amphibia), a su capacidad de saltar, y a que suelen encontrarse en ambientes ribereños.

Figuras 3 y 4. Nerthra (Rhinodermacoris) praecipua Todd, 1957 escala=1mm;
3. Hembra, habitus; 4. Macho, habitus.

Este grupo fue revisado por Todd (1955), y actualmente está representado en Chile por 9 especies, 3 de ellas en el género Gelastocoris y las restantes 6 pertenecen al género Nerthra.

Mayoritariamente los gelastocóridos chilenos se distribuyen en la zona centro-sur del país.

La presente contribución tiene por objeto describir una nueva especie y un nuevo subgénero de esta familia, entregando una actualización taxonómica y distribucional para el extremo sur de Chile.

Para leer y/o descargar el texto (PDF)


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Apidium zuetina, nueva especie ancestral de primate antropoide hallada en Libia


Científicos de la Universidad de Kansas han descrito en el Journal of Human Evolution un primate antropoide previamente desconocido, cuyos restos fueron descubiertos en el Oasis de Zallah (Libia) Bautizado como Apidium zuetina, estos restos de antropoide constituyen el primer ejemplo en su clase descubierto fuera de Egipto. "Apidium es interesante porque fue el primero de los primates antropoides tempranos en ser descubierto y descrito, en el año 1908", dijo Christopher Beard, especialista del Instituto de Biodiversidad de la Universidad de Kansas, que dirigió la investigación.

"Los fósiles de Apidium más antiguos conocidos tienen unos 31 millones de años, mientras que los más recientes tienen 29 millones. Antes de nuestro descubrimiento en Libia, sólo tres especies de Apidium habían sido recuperadas en Egipto. La gente había llegado con la idea de que estos primates habían evolucionado localmente en Egipto".

Beard explicó que las pruebas de que Apidium se habían dispersado por el norte de África fue la faceta clave del hallazgo. Él cree que cambios en las condiciones climáticas y ambientales dieron forma a la distribución de las especies de apidium, que afectó a su evolución.

"Hemos encontrado pruebas de que el cambio climático, -no el calentamiento, sino el enfriamiento y la sequía a través del Eoceno-en la etapa de transición entre el Eoceno y el Oligoceno, probablemente está en el origen en la evolución antropoide", dijo."Todos estos antropoides, que eran nuestros parientes lejanos, vivían en los árboles. Cuando el mundo se hizo más frío y seco en este período, lo que antes era una masa continua de bosque se volvió más fragmentado. Este creó barreras para el flujo de genes y el movimiento de los animales desde una parte del bosque a lo que solía ser el bosque adyacente".

Con un bosque roto, se produjo una inhibición del flujo de genes a través del tiempo que dio lugar a la especiación, o el establecimiento de nuevas especies, según el investigador de la Universidad de Kansas.

"Los animales separados se convierten en diferentes especies al cabo de millones de años", dijo Beard."A medida que el clima oscila de nuevo, tienes diferentes especies de Apidium. Como los bosques se expanden y contraen, se entabló una competencia entre especies, y creemos que es lo que estamos viendo en este Apidium libio, relacionado con otras conocidas en Egipto", explicó.

Beard explicó que este primate antropoide debió ser físicamente similar a los monos ardilla de América del Sur. "Era un mono arbóreo muy activo, un muy buen saltador”.

martes, 24 de noviembre de 2015